Junín. martes 28 de enero de 2020
Semanario de Junín » Cultura » 20 sep 2019

JUNIN TIENE QUIEN LE ESCRIBA

“Odisea”, un cuento de Alicia Commisso

El entusiasmo por la literatura la llevó a unirse al taller de escritura de la editorial Rama Negra. Publicó su cuento “El corte perfecto”, dedicado a su prima Isabel Faoro, en la antología Cuatro bodas y un funeral.


El hombre se transformó en un demente, dijo Georgina en su programa televisivo Historias de vida. Luego mostró las imágenes mientras relataba cómo habían sucedido los hechos.

 

“Esa mañana salí muy temprano en busca de mis notas. Camino a un pueblo aledaño, algo distrajo mi atención. Estacioné en la banquina y crucé un pantano que todavía conservaba algunos hilitos de hielo dificultando el paso hacia un edificio abandonado. Reconozco que el miedo me paralizaba, más aún en medio de un monte desolado. Pero sabía muy bien que una cronista nunca debería intimidarse. Más me acercaba, más aumentaba mi adrenalina. Imaginaba que algo inusual encontraría. Comencé a filmar con entusiasmo. En eso, escuché una voz ronca que provenía del interior de la vivienda; un señor harapiento detuvo mi tarea. Me enfrentó, me amenazó y luego me tironeó la cámara con odio y la arrojó a un basural a la vez que miraba a su alrededor para asegurarse que nadie me acompañaba. Me agarró de un brazo, me entró a los empujones y trabó la cerradura; luego me despojó de mi celular. Se tranquilizó: sin mis herramientas de trabajo ya no era un obstáculo. Le recriminé por qué tenía esa reacción contra mi persona. Me dijo que me conocía del canal de noticias y que apenas me vio pensó lo peor. Me hizo un montón de preguntas a las que respondí con cierto recelo. El día se iba acortando. Comencé a intranquilizarme, no paraba de mirar la llave colgada en la entrada principal. Luego lo escuché hablar solo, como a un loco, ignorándome. Pude constatar la magnitud de su vida impúdica. Era un empresario de una familia encumbrada, un matrimonio de treinta años de apariencia e hipocresía; mostrando su omnipotencia y vejando a su servidumbre. Hacía tres meses que estaba prófugo, fue cuando recibió el comunicado de un allanamiento a su domicilio imputado por manejos de corrupción. Conocía cómo seguían los pasos: detención, declaración indagatoria, quizás no sería eximido de prisión. Estaba aterrorizado. Su soberbia no se lo permitiría, no se resignaría a perder; no podría soportar la humillación, el desprestigio. Como todos los omnímodos había intentado sobornar a la justicia para evitar la cárcel, pero sus argumentos habían sido refutados. Por un momento se quedó pensativo. Su aspecto de pordiosero no podría ubicarlo en otro escenario que no fuese ese. No lo imaginaba siendo propietario de una empresa poderosa.

 

Mi desasosiego crecía, tanto más, cuando vi a ese desconocido haciendo una llamada desde mi móvil. 

- Sí, entiendo -contestó por lo bajo.

Su cara se desfiguró. Me asusté.

- ¿Pasa algo grave, don?

- No, no, nada para preocuparse… Quería saber cómo andaban mis cosas.

Al minuto, su arrogancia y poderío se desplomó, parecía un animal con una herida mortal. Me contó que sus asesores le pedían que salga de su guarida y se presentara en el juzgado. Se habían agotado todos los recursos para salvarlo.

- ¡Qué hago, dios mío! -sollozaba.

Su cara de demencia atemorizaba.

- Mis hijos, mis nietos…, están lejos...

El sol ya no se filtraba a través del ventanal. Por suerte, la sirena de los patrulleros se oía cada vez más cerca. Creo que por primera vez no pensó en su reputación. Era terror. Los policías comenzaron a rodear el lugar.

- ¡Entréguese! -le grité.

De repente, se apresuró como una cucaracha intuyendo su irrevocable destino. Me apuntó con un rifle de caza, me tomó de rehén. Palpé el peligro. Sentí el sinsabor de las horas más jugadas y decisivas como profesional. Era él o yo, y usé mi defensa personal. Le arrebaté el arma, lo amarré con firmeza, lo obligué a abrir la puerta y a entregarse. Me esperaba una larga interrogación, pero una periodista siempre esconde una carta infalible: me quité la cámara y el micrófono que guardaba entre mis ropas. La odisea había terminado”.

 

Perfil de autora

 

Alicia Commisso es de Junín. Se dedicó a la enseñanza del idioma inglés. El entusiasmo por la literatura la llevó a unirse al taller de escritura de la editorial Rama Negra. Publicó su cuento “El corte perfecto”, dedicado a su prima Isabel Faoro, en la antología Cuatro bodas y un funeral, del taller de escritura Rama Negra.

 

 

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