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Semanario de Junín » Cultura » 15 oct 2019

historieta argentina

Mafalda, la pequeña genia, cumplió 55 años…

Grandes dibujantes y grandes plumas (entre ellos, Quino) regalaron constantemente momentos inolvidables de imaginación y valentía, especialmente en el período anterior al regreso de la democracia.


Por:
Ismael A. Canaparo

Mafalda acaba de festejar su cumpleaños número 55. Se trata de un personaje emblemático de la exitosa tira de prensa argentina desarrollada por el humorista gráfico Joaquín Salvador Lavado Tejón, entre 1964 y 1973. Quino nació en la región andina de Mendoza, más precisamente en Guaymallén, el 17 de julio de 1932, aunque en los registros oficiales fue anotado el 17 de agosto. Desde su nacimiento, la familia lo llamó con ese seudónimo para distinguirlo de su tío Joaquín Tejón, apreciado pintor y diseñador gráfico, con el que, a los tres años de edad, descubrió su vocación.

Indudablemente, esta genial historieta es espejo de la clase media argentina y de la juventud progresista. Mafalda se muestra preocupada por la humanidad y la paz mundial y se rebela contra el mundo legado por sus mayores.

Se trata de una tira muy popular en Latinoamérica en general, así como en Europa, y ha sido traducida a más de 30 idiomas. Umberto Eco, quien escribió la introducción a la primera edición italiana de Mafalda, ha dicho amarla muchísimo y considera muy importante leerla para entender a la Argentina.

La historia comenzó así: en 1962, Quino llevaba cerca de una década realizando humor gráfico, cuando su amigo Miguel Brascó fue contactado por Agens Publicidad con el fin de crear una tira de historietas para promocionar la marca de electrodomésticos Mansfield, de la empresa Siam Di Tella.

Quino dibujó entonces varias tiras protagonizadas por una familia tipo, constituida por un matrimonio de clase media con dos hijos: un niño y una niña. En esta familia ficticia, los rasgos del matrimonio son similares a los de los padres de Mafalda de la etapa posterior, mientras que el hijo no se asemeja a ninguno de los personajes clásicos de Mafalda. Su hermanita sí es reconocible como Mafalda, aunque exhibe un diseño arcaico.

El nombre Mafalda fue tomado del filme Dar la cara (1962), basado en la novela homónima de David Viñas, donde hay una bebé que lleva ese nombre, el cual le pareció alegre a Quino.

En 1964, Julián Delgado, director de la revista Primera Plana, acuerda con Quino comenzar a publicar en ese medio Mafalda, ya desvinculada de propósitos publicitarios. Quino dibuja con este fin nuevas tiras donde, en un principio, participan sólo Mafalda y sus padres. Con el correr del tiempo, el mendocino iría agregando personajes, destacándose entre estos los amigos Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito y Libertad, y su hermanito Guille.

Quino siempre dijo que si a algo le tenía miedo, habría que apuntar a tres cosas: a la vejez, a la muerte y a los chistes definitivos. Sin embargo, confesó más de una vez que “niego todo eso y uno acaba por no dibujar esos supuestos miedos”. Pero vayamos por partes, según el brillante cuyano:

“La vejez es llegar a momentos terribles de sequía y bloqueo. Una vez me duró muchísimo: tres semanas. Me acuerdo que me iba a la cama a llorar. De eso salís recurriendo al cuadernito que todo humorista esconde. El cuadernito con los chistes que no te gustan del todo. Entonces empezás a cambiarlo, a jugar un poco. Y un buen día estás de nuevo en el camino”.

“Yo le tengo mucha aprensión a la muerte. Sobre ella se han hecho las interpretaciones más disímiles y extrañas. Me angustia pensar en eso, sin saber de qué se trata, concretamente, esa tribulación”.

“Hay chistes que uno nunca haría, pero siempre hay otro humorista que acaba haciéndolos. Una vez fui a ver a los Midachi y no me causaron ninguna gracia, me chocó muchísimo que le tomaran el pelo al público, a los negros, a los enanos, a los homosexuales”.

En la década de 40, perdió a los dos seres más queridos:  su madre y su padre. Terminó la escuela primaria y resolvió inscribirse en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza, carrera que abandonaría años después para dedicarse a dibujar historietas y humor. A mediados de 1954 se instaló en Buenos Aires, comenzando a deambula por las redacciones de todos los diarios y revistas en busca de empleo. La revista “Esto Es” publicó su primera página de humor gráfico. Desde entonces y hasta el día de hoy continúan siendo editados,  ininterrumpidamente,  sus dibujos humorísticos en diferentes diarios y revistas de América Latina y Europa. Sobre su iniciación, alguna vez reflexionó: “Llegué de Mendoza con mis dibujitos debajo del brazo. Por entonces, el humos que se hacía en los diarios de Buenos Aires eran costumbristas: la suegra, la oficina, la ciudad en camiseta, etc. Hoy eso no se hace más. Se hace sátira política”.

Cuando empecé a leer a Mafalda, pensé que la vida sigue a la historia como los personajes de un cuento. En sus clases magistrales con ese personaje, Quino, sin saberlo, me confirmó algo que yo tampoco sabía: el recuerdo es un capricho del inconsciente, con bordes de lo real. Siempre me emocionó Mafalda. Fue (es) muy importante para la gente en general. Significa muchas cosas diferentes para mucha gente: giros de personalidad, cábalas de la propia infancia, confesiones de desgarramientos internos, recuerdos imperfectos, mentiras de niñez, la vida de cada uno reflejada en el humor. “Pasa que uno a veces, sin saber, se mete con temas que afectan a la gente de manera insospechada. Yo hice una vez una página con un accidentado en la calle. Venía la ambulancia, los camilleros lo cubrían con una sábana… y lo hacían desaparecer con un ademán de prestidigitador. Después muchos amigos me dijeron que eso provocó mucha angustia. Y yo ahí me di cuenta de que había hecho un chiste sobre los desaparecidos, sin saberlo. Fue lamentable y me hago cargo”, dijo Quino.

Al margen de ser un entrañable amigo, Quino siempre se declaró ferviente admirador de Fontanarrosa. “Una vez estábamos en un restaurante en Rosario y éramos como ocho en una mesa redonda. El Negro quedó de espaldas al salón, y un rato después de empezar a comer dijo: “Perdónenme, pero de espaldas al salón no veo a la gente ni a los camareros ni nada. Así que vamos haciendo el cambio del lugar”. En eso éramos iguales. En cuanto a sus personajes,  los guiones de Inodoro eran una maravilla. Cuando se le aparece Borges y le pide que lo ayude a cruzar la pampa, increíble. Lo que no me gustaba de él por ahí era que autorizaba a que hicieran en teatro cualquier cosa suya. Vi un par de cosas hechas y me pareció un desastre. Como las cosas mías también. A veces uno dice “háganlo”, pero después me he arrepentido muchísimo”, confesó con tristeza.

Siguiendo en la misma línea de pensamiento, aceptó no gustarle para nada las versiones de “Mafalda” que no sean las del dibujo. “No me agradan.  A veces siento que Mafalda se me escapó de las manos. Casi no parece mía… Ya lo dijo Pirandello: cuando un autor crea un personaje, la gente lo toma y luego le agrega sus propias cosas. Como cuando se hizo la película Mafalda en 1972. La gente la rechazó. Era en dibujos animados, con una animación muy buena, pero decían: “Le han puesto una voz que no es la de Mafalda”, como si Mafalda alguna vez hubiera tenido voz. No me gustó. ¡No! Nada. Se hizo una versión en castellano neutro, casi mexicaneado, un horror”.

En octubre de 2014 recibió en España una trascendente distinción, quizá tardía: el Premio Príncipe de Asturias, por ser el creador del contestatario personaje Mafalda y  transmitir "valores educativos" a través de su tira. Quino fue muy ovacionado en el Teatro Campoamor de la ciudad de Oviedo y recibió el preciado trofeo de manos del rey Felipe VI, consistente en una escultura diseñada por Joan Miró, 50 mil euros y un diploma, aunque no pronunció un discurso. "Es la primera vez que nuestros galardones reconocen a un dibujante y lo hacen premiando la obra de un hombre que trabaja, según él afirma, para que el mundo vaya del lado de los buenos", aseguró el monarca, agregando que Quino "ha sabido imbuir a sus personajes de una admirable capacidad para transmitir valores educativos universales".

En la reciente Feria del Libro le preguntaron si creía que alguien todavía puede no conocer a Mafalda. Y él respondió: “Hay mucha gente que no la conoce. Sin embargo, hasta los más chicos la leen, y aunque la historieta no tiene ni teléfonos ni celulares, ni tablets, ni internet,  ni un mundo reconocible, se enganchan. Siempre pensé que el día en que los chicos vieran que en Mafalda no hay computadoras ni telefonitos ni nada, iban a dejar de interesarse por el personaje, pero no. Es un fenómeno muy raro. Es cierto que no han aparecido nuevos personajes de historieta tampoco. Está Gaturro, que a los chicos les gusta mucho, pero no es como antes. Gaturro además es otra cosa. Gaturro es… pues nació en la época menemista (se ríe), y es tal cual. Matías tiene un poco más de migas, en cambio Gaturro es eso y nada más. Bueno, él tampoco quiere más que eso”. Agregó algo muy interesante: “Me han contado anécdotas de chicos, sobre todo en la Argentina. Por ejemplo, antes de las últimas elecciones estaban arreglando las calles cercanas a la casa de una familia. La nena le preguntó a la madre y ella le explicó “que los políticos tenían la costumbre de arreglar las calles antes de una elección. ¿Y qué pasa, nosotros no votamos?”, preguntó. Cosas así me han contado muchas, pero no más que eso”.

En una charla mano a mano con Miguel Rep (otro fantástico dibujante y humorista gráfico), Quino deslizó varias intimidades: “Yo tuve una adolescencia muy vacía de minas. A mí lo único que me interesaba era dibujar y publicar. No sabía eso de ser novio. Ah, las cosas que uno deja por esta profesión. Por ejemplo, también la música. En mi familia hay varios músicos y yo apenas llegué hasta las semicorcheas. Las blancas y las negras las entiendo. Pero después…  Todo siempre puede hacerse mejor de lo que uno hizo. A mí me hubiese gustado ser más libre a la hora del dibujo. Un poco como Saúl Steimberg. El es un arquitecto.  No lo envidio. Sucede que yo no tengo más que la escuela primaria. No tengo la menor idea qué es eso de los gerundios. Odio la soledad. Ese sentimiento viene de cuando leía esos clásicos chistes de náufragos en una isla desierta. El clásico de los clásicos. Es una oda al pesimismo. Todo le puede pasar a un náufrago, cualquier cosa, porque esa islita donde está parado contiene el universo entero”.

“Estoy amargado por el pésimo nivel de todo"

Joaquín Lavado, Quino, está con amargura. Así lo dijo en una entrevista que le concedió a la agencia española de noticias EFE y que vienen reproduciendo medios de todo el mundo.  Preguntado por la Argentina, admitió: "Siento mucha amargura de ver el pésimo nivel de todo". Y Mafalda se deprimiría también, "como corresponde", dijo el mendocino de trascendencia mundial.

Quino, que renunció al placer del cine por problemas de visión, recordó su infancia en Mendoza como la etapa que le marcó, al igual que su tío Joaquín, quien le despertó la pasión por la ilustración. "No solo me legó la vocación sino una filosofía de la vida que a partir de mi abuela me ha marcado mucho. La politización de mi familia me marcó muchísimo", evocó en la entrevista.

El deporte, no, pero el vino, sí…

“Me gusta el deporte, pero no me apasiona. No soy de esos tipos que porque pierde la Argentina se pegan un tiro, no. Me acuerdo de un Mundial en que Holanda nos ganó 4 a 0. Jugaba Johan Cruyff, que parecía Baryshnikov. ¡Era un espectáculo verlo! Bueno, a Maradona también. Y Caniggia me gustaba mucho. En cambio Batistuta me parecía un gordito pesado, pero como goleador ha sido extraordinario.

El vino, es una bebida amiga. Será por haber nacido en Mendoza o por mi ascendencia española, pero el vino es uno de mis compañeros preferidos durante cada jornada, especialmente ahora que no trabajo. Quizás por todo eso, y porque nadie me dijo que los niños no toman vino ni nada, me encanta. Lo disfruto. Hay gente que me dice que cuando está sola no toma, pero si uno tiene una botella de vino ya no está solo. El vino no es una bebida como la Coca Cola, es un compañero. Prefiero más por las noches, pero que lo disfruto a cualquier hora.  De noche me quedo de sobremesa un buen rato, tomando vinito. A mi mujer –Alicia– le gusta más la grapa. A mí también, pero menos que a ella. Lo que me cae como una patada en el estómago –y eso que fui a Holanda y la probé allá– es la ginebra”.

 

 

 

 

 

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