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Semanario de Junín » Cultura » 18 oct 2019

A DIEZ AÑOS DE LA MUERTE DE “PINOCHO”

Juan Carlos Mareco, un símbolo de lo mejor en radio y TV

El martes 8 de octubre se cumplieron diez años del fallecimiento de “Pinocho”, que había nacido en Carmelo (Uruguay), el 20 de enero de 1926.


Por:
Ismael A. Canaparo

No es seguro que este gran conductor de radio, televisión, cantante, comediante, escritor y compositor haya plantado árboles. Pero tuvo muchos hijos con distintas mujeres y escribió un libro de poesías (“Y tengo una ilusión”, Vergara, 1987). El martes 8 de octubre se cumplieron diez años del fallecimiento de Juan Carlos Mareco, popularmente conocido como “Pinocho”, que había nacido en Carmelo (Uruguay), el 20 de enero de 1926.

Tenía más de 50 años de carrera, repartida entre la locución, la actuación, la música y el humor. Un encuentro radial o televisivo con Mareco siempre incluía un chiste, del que él casi nunca se reía: "Yo siento que mi misión en la vida es hacer reír. Y si es con algo sencillo, con una humorada de salón, mucho mejor. A propósito, ayer le puse el termómetro a mi hijo, miré y marcaba 47... Carísimo costaba". Cuidadoso del lenguaje, decía que se sacaban chispas con Antonio Carrizo para "defender la lengua y el buen decir". Si bien de chico jugaba en su casa a "parecerme a los actores conocidos", aseguraba que de adolescente nunca se le había cruzado la idea de trabajar en los medios. Terminado el secundario, decidió estudiar Abogacía -por buen alumno, consiguió una beca del Estado-, por lo cual se fue a vivir solo a una pensión en Montevideo. Sus imitaciones en las clases lo convirtieron en un personaje de la facultad. Y en 1948, el grupo de la Troupe Ateniense Estudiantil lo convocó para sumarse a sus shows. Su primera imitación oficial, "con público que había pagado la entrada y todo", fue la del mexicano Cantinflas.

“Siga estudiando, me dijo Wimpi. ¡Pero busquemos un seudónimo para que además pueda trabajar en la radio! Seudónimo de animalito no sirve: en Buenos Aires ya está Pepe Iglesias, El Zorro. Pensemos en Pinocho, el muñeco de madera, sin voz, fabricado por Gepetto. Supongamos que, para tener voz, Pinocho le roba el alma a una calandria (la calandria es un ave sin canto propio, que imita a otros pájaros)”. Fue así, con esa alegoría tan wimpeana, que empecé mis imitaciones llamándome Pinocho”, contó Mareco.

Luego viajó con su familia a Buenos Aires donde continuó con su carrera, pero seguía estudiando Derecho en Montevideo y filmó un año después “El otro yo de Marcela”, donde se destacó, al igual que en “¡Arriba el telón!”, a principios de los años cincuenta. Su primer protagónico en cine lo tuvo en 1954 en “Su seguro servidor”, además condujo el programa “Gran Hotel Panamá” en Canal 7, oportunidad en que popularizó la expresión “Azul quedó”, título de una canción que interpretaba.

Otros de sus programas más populares fueron “La galera”, donde tuvo un gran éxito interactuando con el Topo Gigio el muñeco creado por María Perego, “Casino Phillips”, “Cordialmente”, “Pinocheando” y “El show de Pinocho”. En 1957 encabezó en el Teatro Cómico “Canallita pero simpático”, de Germán Ziclis, que fue considerada una de sus mejores labores en este medio.

Casi simultáneamente con la primera experiencia en la pantalla grande, fue su debut en la pantalla chica local, en Gran Hotel Panamá , por Canal 7, y una de sus primeras imitaciones memorables: la del comediante mexicano Mario Moreno, "Cantinflas". En la década del 60, poco después de participar en la coproducción “Una americana en Buenos Aires”, protagonizada por Mamie van Doren y Jean-Pierre Aumont, se convirtió en figura central de “El show de Pinocho”, nuevamente en el 7, ciclo que se mudaría a los recién inaugurados 13 y 9. En este último condujo “Pinochadas”, ciclo con sketches y canciones.

Su aparición en el cine fue con "Detective a contramano" (1950), de Adolfo L. Fabregat, filmada en Montevideo, un enorme éxito de la época en el entonces inexistente cine uruguayo, y el mismo año enfrentó las cámaras argentinas con "El otro yo de Marcela", de Alberto de Zavalía, con Delia Garcés y Alberto Closas.

Su carrera en el cine no fue copiosa, pero incluyó "¡Qué hermanita!", con Olga Zubarry, y "El patio de la morocha", con Virginia Luque, ambas de 1951, y "Su seguro servidor" (1954), tras la cual su carrera se interrumpió.

En España, acompañó al Topo Gigio en "El mago de los sueños" (1966) y entabló una gran amistad con el catalán Joan Manuel Serrat, a quien aconsejó  -según contó el Nano varias veces- empezar a cantar en español. Sus últimas apariciones en la pantalla grande fueron en el musical "Una ventana al éxito" (1966) y la picaresca "La Cigarra está que arde" (1967), junto a un elenco multiestelar donde estaban Olinda Bozán, Angel Magaña, Zulma Faiad y el también oriental Santiago Gómez Cou.

En 1974 fue designado como interventor de Canal 9, donde permaneció tres meses. Durante los peores años de la dictadura (1976-1983) se le prohibió trabajar, retornando en 1979 a la TV argentina en Canal 11, donde condujo “Tango y goles”. En 1982 reapareció con otro éxito suyo de radio y televisión: “Cordialmente”.

En el verano de 1983 junto al artista y comunicador Roberto Lamaison, realizó intervenciones diarias por AM 1560 Radio Maldonado, en Punta del Este (Uruguay).

Como si fuese poco, también se destacó como compositor musical: “A una novia”, es la canción suya más destacada en el ambiente folklórico, e incursionó en otros géneros, como cantante de la Jazz Casino Orquesta dirigida por Tito Alberti, con la que grabó dos álbumes. Con José Basso, autor de la música, compuso “Un tango para La Falda”, registrado por Pepe en 1967.

En un plano de exquisito paralelismo con Antonio Carrizo y Hugo Guerreo Marthineitz, Mareco fue un gran entrevistador, tanto en radio como en TV. Solamente con hacer clic en YouTube, se podrá gozar de charlas con distintos personajes de la música y la cultura. Entre ellas, las que compartió con Joan Manuel Serrat, Facundo Cabral y Silvio Rodríguez.

Mujeres y premios por doquier

Mareco tuvo varias parejas en su vida: Lolita Torres, Miriam Sucre y Ana María Picchio, entre otras. Se casó con María del Carmen Irazábal, con quien tuvo varios hijos: Mariela, Gonzalo y María del Rosario. Entre 1963 y 1970 estuvo casado con la vedette y actriz Mariquita Gallegos. Entre 1973 y 1975 vivió con la locutora Leonor Ferrara. Desde 1975 convivió con Elena Luisa Galtieri, con quien se casó en 1988, a la postre su definitiva mujer.

En distinciones, en tanto, recibió cuatro premios Martín Fierro (1967, 1968, 1971 y 1972) y otros cuatro por sus distintas labores en colaboración; Cruz de Plata Esquiú (1968, 1971 y 1972 y 1984); Premios Ondas (España, 1972); Palma de Hollywood (Los Ángeles, 1979); Premio revista Audiencia; Mejor animador de TV (1983); Premio EUDEBA por su trayectoria (1983); Premio Prensario al mejor programa radial (1984); Caballero de la Orden de San Martín de Tours (1986); Fausto de Oro Internacional por su labor cultural (1987); Malvinas, otorgado por el Senado de la Nación Argentina (1987); Premio Konex; Diploma al Mérito como Conductor (1991); Ciudadano Honorario del Condado de Dade, Estados Unidos (1991) y Premio A.R.P.A., conmemorando la 1ª transmisión radial (1995).

Definiciones

En declaraciones realizadas en 1987, en su programa "Cordialmente", en las mañanas de Radio Mitre, afirmó que se levantaba a las 5 de la madrugada para estar bien informado y que si no leía siete libros por semana no se sentía conforme.

Acusado de ser "un adulón" con sus entrevistados, sobre todo si pertenecían al ámbito político, el ex Pinocho se defendía diciendo que en "un país donde existe un grado muy alto de agresividad en los medios de comunicación", alguien como él, que trataba con cariño a sus interlocutores, era visto como algo extraño.

Recordó el afecto que el ex presidente Perón le dispensaba y que en los primeros años 50 el líder del justicialismo había dicho: "¿Quién será ese uruguayo que no hace groserías trabajando en la radio y en el Maipo?".

Contrariamente al parecer popular, Mareco decía no creer ser "amigo de todo el mundo" y que ese epíteto le molestaba, y que si a alguien le debía algo era a sus siete nietos y a sus cuatro hijos, ya que "nadie me aduló en la mala".

 

 

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