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Semanario de Junín » Cultura » 13 nov 2019

LUCHADOR EN LA CRISIS DEL TANGO

Edgardo Donato, un director de enorme valía musical

Compositor de más de doscientos temas, algunos de ellos verdaderos clásicos del acervo tanguero. Su orquesta se lució en varias películas, entre ellas “Pelota de trapo” (1948).


Por:
Ismael A. Canaparo

Edgardo Donato (nació el 14 de abril de 1897, en el barrio porteño de San Cristóbal y murió en el mismo lugar el 15 de febrero de 1963), cuyo nombre completo era Edgardo Felipe Valerio Donato fue un director de orquesta, compositor y violinista, considerado como una importante figura vinculada al tango. Autor de una producción extraordinaria, resultó una de las figuras que más ayudó a la supervivencia del género durante la crisis de la década del ´30.

En ese sentido, su gravitación se acentuó tras una obra compuesta en 1924 y que rápidamente alcanzó repercusión internacional, como fue “A media luz”, en colaboración con Carlos Lenzi. Ese tango se transformó en uno de los más famosos e infaltables en el repertorio de las mejores orquestas, además del más grabado en la historia del tango.

Según el libro “Sentir el tango”, de Ediciones Altaya S.A., “(…) la familia de Donato se trasladó en 1899 a Montevideo. En la capital uruguaya comenzó sus estudios musicales en el conservatorio Franz Liszt. Debutó en 1918 como violinista en la orquesta de jazz de Carlos Warren, con la que volvió a su ciudad natal para actuar en el Tabarís.

Su primer tango fue “Julián”, estrenado en Montevideo, pero lanzado a la fama en Buenos Aires en 1923, al cantarlo Iris Marga en la revista “¿Quién dijo miedo?”, puesta en escena en el Maipo.

En 1924 Donato presentó también en Montevideo tres tangos que le valieron gran prestigio entre los autores y el público: “Puras plumas”, grabado por Julio De Caro, “Muchacho”, con letra de Celedonio Flores y el ya mencionado “A media luz”, con letra del uruguayo Carlos Lenzi. Este tango universal fue presentado en el Teatro Catalunya, de la calle Ibicuy (actualmente Héctor Gutiérrez Ruiz), por la vedette Lucy Clory. El impacto de esta obra fue instantáneo y enorme. Tiene una letra montevideana, con el bulín ubicado en la calle Juncal, y otra porteña, la más conocida, en la que el nido de amor está hipotéticamente situado en Corrientes 3-4-8.

Horacio Ferrer, en tanto, realizó un prolijo relevamiento del resto de su carrera artística: “En 1925, al amparo de su proyección autoral, se afincó transitoriamente en Buenos Aires, integrando la agrupación de Adolfo Carabelli, primero, y la orquesta del cine Select Buen Orden (primera sala con orquesta de fondo para las películas mudas), más tarde. Regresó a Montevideo en 1927. Fue entonces cuando con su amigo Roberto Zerrillo, compañero de comunes actuaciones en los conjuntos de Warren, decidió la formación de una orquesta. Ese mismo año la orquesta Donato-Zerrillo se presentó en el café Avenida, de 18 de Julio, actuando también en la temporada estival de 1928 en el hotel Carrasco, en los teatros Urquiza y Solís, en el cine Parlante y en el cabaret Chantecler, con notable suceso. Se trasladaron entonces a Buenos Aires, contratados por Agustín Alvarez, para tocar en el cine Select Lavalle, donde permanecieron hasta 1930.

Spera y Turturiello (bandoneones), Donato y Zerrillo (violines), Osvaldo Donato (piano) y Ascanio Donato (bajo), integraron aquel modesto conjunto que grabó sus versiones para el sello Brunswick desde “Seguí no te pares” y “No me engañes, por favor” (1929), su primera placa. En dichos discos, además, acompañaron la tarea vocal de Azucena Maizani y de Agustín Magaldi.

Desvinculado Zerrillo en 1931, con motivo de su viaje a España con la Maizani, él continuó  desde entonces su carrera por propia cuenta. Grabó, sucesivamente, para las casas Brunswick, Víctor y Pampa, con los vocalistas Juan Alessio, Antonio Maida, Félix Gutiérrez, Romeo Gavio (Gavioli), Alberto Lagos, Alberto Podestá, Carlos Almada y otros.

La orquesta de Edgardo Donato fue una de las que intervino en la película “¡Tango!”, de 1933, la primera totalmente sonora en la historia del cine argentino. El mismo año, aparece también en el filme “Los tres berretines”, donde actúan Luis Sandrini, Luis Arata y Luisa Vehil. Compone temas para el cine, destacándose la música de las películas “Riachuelo”, “Picaflor” y “Así es el tango”.

En su larga lista de obras figuran, además de los ya mencionados, los títulos: “Beba”, “Venite conmigo”, “Oiga”, “Pensalo bien”, “A las dos de la mañana”, “Volvé”, “Don José”, “Ni te perdono ni te olvido”, “Qué careta”, “Se va la lancha”, “El hijo de Julián”, “Siga el tango”, Círculo de Skating”, “Seguí, no te pares”, “Sisley”, Corazoncito de oro”, “El huracán”, “Marcelo”, “Malala”, “Para ser copero”, “Se va la vida” (Ferrer aporta el dato de que esta obra se compuso, originalmente, para la publicidad de un jabón), “Toda mía”, “A engrupir a los giles”, “De milonga corrida”, “Muñequita de trapo”, “Bigotito”, “Quiero casarme”, “Qué querés si soy así”, “Pobre soñador”, “T.B.C.” y “Doña Maríbiga”.

Varias de estas composiciones, junto a “A media luz” y “Julián”, pronto se convirtieron en clásicos de la historia del tango por su popularidad como por la calidad musical de las obras. Este conjunto de títulos, sus discos y sus actuaciones constituyeron el primer aporte de Edgardo Donato, quizá inconsciente, dirigido a calafatear un barco, el del tango, que hacía agua por todos los costados. El segundo, y seguramente no menos importante, fue su condición de artista de las dos capitales rioplatenses.

Nacido en Buenos Aires y criado y formado en Montevideo, su permanente ir y venir contribuyó a que su arte echase raíces en una amplia región, como advirtiendo a los cuatro vientos que el género estaba vivo y no moriría mientras artistas como él continuasen cultivándolo”.

Intimidades de un éxito

“A media luz”. Tango. Música de Edgardo Donato, letra de Carlos César Lenzi. Se cuenta entre las obras de mayor éxito, de más larga permanencia en los repertorios y de mayor divulgación nacional e internacional de cuantas forman el acervo tanguístico. Fue compuesta en Montevideo, durante 1924, para los espectáculos revisteriles del Teatro Catalunya, de la calle Ibicuy. En dicho escenario, conforme al estilo de la época, se presentaba cada semana un espectáculo diferente al servicio del cual se turnaban un grupo de compositores y un grupo de libretistas. Para cada nuevo título a estrenar se reservaba, también, una canción inédita. Y así fue como, al levantarse el telón sobre Su Majestad la Revista, de Carlos César Lenzi, éste debió versificar el correspondiente tema cantable, que era, esa semana, una música de tango escrita por el violinista Edgardo Donato. De este modo fue creado “A media luz”, dado a conocer en el Catalunya por la vedette Lucy Clory. Poco después fue estrenado en Buenos Aires e editado por Alfredo Perrotti.

(Horacio Arturo Ferrer, “El libro del tango, arte popular de Buenos Aires”, tomo 2, Antonio Tersal Editor, Buenos Aires, 1980).

Muy distraído el hombre…

Cuenta Oscar Zucchi, historiador e investigador del tango: “La suya fue una orquesta bailable, sin mayores pretensiones estilísticas, de acuerdo a su temperamento alegre y distraído. Se decía que “vivía en la luna”. Sus distracciones fueron famosas, algunas reales y otras inventadas por su fama. Una muy graciosa contada por su hija es la siguiente: Donato viajaba en tranvía y se encuentra con un amigo, se ponen a charlar y al rato bajan del transporte. Caminan, y luego de un tiempo recuerda que se olvidó que su esposa lo estaba acompañando y que evidentemente quedó arriba del tranvía.

Otra anécdota curiosa ocurrió cuando Donato comentó cómo le gustaría contar con el cantor Adolfo Rivas, al que estaba escuchando en ese instante, en una sala de grabación. Se había olvidado que el vocalista ya estaba en la orquesta, esperándolo a él para grabar”.

Junín vibró con sus tangos

Edgardo Donato tocó en Junín en enero de 1950, en el recordado y emblemático Prado Español. Lo hizo ante una verdadera multitud. La orquesta tenía como primer bandoneón a Ernesto “Tití” Rossi y a su lado otro fueye de excepción: Julián Plaza. Además, estos acompañantes de lujo: Rolando Curzel, primer violín, y Bernardo Blas, en piano. Carlos Almada y Adolfo Rivas fueron los cantores en esa noche excepcional. Almada interpretó “Muchacho”, “A media luz”, “Che, bandoneón”, “El huracán”, “Pituca” y “Por una mujer”, entre otras, mientras que Rivas vocalizó “Por qué no me besas” y “Tu desprecio”. En tanto, la agrupación se lució en varias páginas instrumentales, como: “Cartón ligador”, “Julián”, “Para qué”, “Sencillo pero vistoso”, “El pollito” y “Manantial”.

La llegada aquí de Donato tuvo una atracción especial. La orquesta venía de lucirse en la película “Pelota de trapo” (Armando Bo, Santiago Arrieta, Franco Caviglia y Floren Delbene), estrenada en Buenos Aires a fines de agosto de 1948 y exhibida dos meses después en nuestro Cine San Carlos, en varias funciones a sala llena.

 

 

 

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