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Semanario de Junín » Locales » 19 nov 2019

Rosca política

Semana clave para el futuro personal de dos ex opositores devenidos oficialistas

Por casualidad, ambos fueron tentados con la Secretaría Legal y Técnica, de Junín y Chacabuco. Andrés Rosa y Verónica Borsani deben definir su respuesta y futuro en estos días, borrando su pasado en la vereda de enfrente.


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El concejal Andrés Rosa arrancó su mandato integrando la lista de candidatos que acompañaba la candidatura de Mario Meoni en el 2015. A mitad de camino, con los vientos amarillos que soplaban, decidió abandonar el barco y para no quedar tan en evidencia, se creó un “unibloque”, que votó en sintonía con el petrequismo el resto del tiempo y le dio el voto necesario para sancionar todo lo que deseó el Intendente.

Verónica Borsani le compitió al actual presidente del Comité Hipólito Yrigoyen cuando se realizaron las internas radicales, porque criticó hasta la exasperación el alineamiento y sometimiento partidario en el marco del frente Juntos por el Cambio. En las elecciones, se fue para el área de Consenso Federal de Roberto Lavagna, y tras volver a perder –esta vez las PASO contra el candidato Diego Ruiz-, revió su visión negativa sobre la gestión Petrecca y terminó abrazando a los militantes PRO y llamando a votarlo.

Por curiosidades del destino, ambos fueron recompensados por su conducta. El concejal juninense, que termina en diciembre su mandato y se quedaba fuera de la función pública, parece que fue tentado por las autoridades locales para reemplazar a Adrián Feldman, que se jubila y a la vez asume como edil. Esto en la jugosa área de Legal y Técnica.

El mismo ofrecimiento llegó para Borsani, pero de la mano de Víctor Aiola, el radical reelecto como intendente de Chacabuco, alineado al macrismo. En este caso, el área relacionada a las cuestiones judiciales será nueva en esa Municipalidad.

A pesar del interés de Borsani por acceder a un cargo público, que le brinde mayor visibilidad a su figura y le haga las veces de trampolín para futuras elecciones, la propuesta que recibió de Aiola tiene dos contras: una que es fuera de Junín, la otra que debería dejar su actual cargo en el Tribunal de Cuentas de la Provincia.

COMO ANILLO AL DEDO

Por parte de Andrés Rosa, el ofrecimiento llegaría como anillo al dedo. Es la frutilla del postre después de tanto esmero en su “reconversión” política, y un cargo importante, con frutos económicos muy interesantes, mucho más que la Secretaría de Seguridad o la vuelta a Asistencia a la Víctima con que se había especulado.

Acostumbrado a ejercer una función pública, Rosa se quedaba sin nada después de diciembre. Por eso, ocupó sus dos últimos años en hacerse vital a la hora de las votaciones en el Concejo Deliberante, transformándose en un hombre clave a la hora de contabilizar apoyo por parte del oficialismo local. Si bien mantuvo las formas a través de su monobloque “Compromiso por Junín”, trabajó siempre como uno más de la bancada petrequista y sin disimular, llevado de la mano por su amistad creciente con Roberto Costa, el esposo de la ex senadora Malena Baro.

LARGO RECORRIDO

Gonzalo Andrés, hijo de un reconocido comerciante céntrico, es padre de cinco hijos. Ligado con furia al Club Sarmiento, tal vez fue allí donde comenzó a practicar sus dotes de equilibrista.

Arrancó en política con el Colo De Narváez, ese que aparecía para las elecciones, y entonces él era quien encabezaba la fila para acompañarlo cuando llegaba a Junín. Por ese entonces, los seguía un flaco con una leve chivita y gruesos anteojos, que tiempo después se transformaría en el Intendente de Junín.

Pero después Andrés decidió aprender la marchita peronista, como fiel abogado del Sindicato Empleados de Comercio a la sombra del histórico Julio Henestrosa, con quien llegó por primera vez al Concejo Deliberante.

En esta parte, la fidelidad no le duró demasiado: fue seducido por el exintendente Mario Meoni y así fue como se transformó en meonista/massista. En este marco, ocupó un cargo relevante como “dador de pésames” en la Oficina de Atención a la Víctima, que corría cual bomberos después de un hecho grave, de esos que abundaban –y siguen abundando- en la ciudad. De este modo, en el 2015, se aseguró integrar la lista de concejales del Frente Renovador y está todavía ejerciendo ese mandato, pese a que a menos de mitad de camino escuchó un nuevo canto de sirenas que lo hizo apartarse. Y la rueda volvió al inicio, ahora la vida lo encuentra cerca de Petrecca, ese al que criticó sin piedad, y convenientemente del lado del gobierno, aunque todavía no lo haya admitido en forma pública.

Es que Andrés es un todoterreno, un tipo sencillo que se adapta según las circunstancias y las conveniencias. Es obvio que no le sienta bien el rol opositor, por eso va alternando convicciones por otras siempre más oficialistas y redituables.

Cuando formó su actual unibloque, él mismo aseguró que no dejaría “la construcción política”. En criollo más básico, significaba –como quedó claro- que ni loco se privaría de morder algún hueso que sólo estando emparentado con el Gobierno de turno podía asegurarse.

Y hoy la constancia rinde sus frutos: la apetecible Secretaría Legal y Técnica.

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