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Semanario de Junín » Cultura » 27 nov 2019

FUE AUTOR DE NUMEROSAS PÁGINAS DE TANGO

Contursi, el poeta hechizado por un amor

Su poética fue muy singular, la que lo ubica en el sitio de los mejores escritores del género. En sus tangos, no hay mucho arrabal. Quizá “Bajo un cielo de estrellas” sea una de las licencias que se permitió. Tampoco abundan las palabras del lunfardo. En ese sentido, su poesía es más clásica, más sugestiva y delicada.


Por:
Ismael A. Canaparo

José María Contursi, conocido como “Katunga”, fue tal vez el mayor poeta sentimental del tango, con letras que marcaron, como síntesis final, el amor malogrado. Nació en Lanús el 31 de octubre de 1911 y falleció el 11 de mayo de 1972, en Capilla del Monte, a los 60 años.

Hijo de Hilda Briano y de Pascual Contursi (el creador de “Mi noche triste, “Silbando”, “Ivette”, “Ventanita de arrabal”,  ”La mina del Ford” y “Bandoneón arrabalero”, entre otras grandes creaciones), de quien heredó en forma innegable las brillantes dotes de letrista del tango. Estudió el secundario en el Colegio San José, graduándose de bachiller en 1928. Su padre falleció en el año 1932 luego de una enfermedad mental que lo mantuvo incapacitado en sus últimos años.

En su adolescencia se crió junto con el círculo de amigos de su padre en donde abundaban las referencias al tango y a la vida bohemia de principios de siglo. Dentro de esta vida bohemia mantenía la simpatía al turf, al alcohol, a los romances y, en el fútbol, se fanatizaba con San Lorenzo de Almagro.

Desde 1933 hasta 1938 realizó tareas de locución en Radio Stentor y crítico cinematográfico en varios diarios del país. Durante esos años accedió a un cargo público, comenzando a trabajar en el Departamento de Meteorología del Ministerio de Agricultura. “Al convertirme en un burócrata, eso permitió desarrollar mi vocación de poeta”, decía entre risas, en el medio de las “cargadas” de sus amigos.

Estuvo casado con Alina Zárate, fruto de cuya unión nacieron cuatro hijos. El único varón, Lucio, falleció muy joven víctima de cáncer. Sus otras hijas fueron Ethel, Amalia y Alicia Hebe.

Ernesto Goldar (escritor, poeta, ensayista y coordinador en varios talleres literarios), al destacar su condición de hijo de otro grande como Pascual Contursi, sostuvo que José María tuvo una gran influencia de su progenitor, al extremo de notarse la facilidad que manifestó al escribir versos de mucha calidad. “Un punto que no puede pasarse por alto es su relación con el padre. No hay duda de que, como diría Borges, hereda de Pascual Contursi “el don del verso”. Asimismo, es indiscutible que su poesía nada tiene que ver con esa influencia. Más aún, rechaza explícitamente los temas y el lenguaje de su padre. Compone las letras que le sugieren la época y el gusto personal. No se disfraza de hijo, ni se aprovecha de ello. No faltan noticias que recogen muy serios enfrentamientos familiares. (…) Los dos Contursi siempre se eludieron. La infancia de José María es huérfana de afectos, sin el menor contacto cariñoso con Pascual”.

La semblanza que realizó el periodista Julio Nudler sobre Contursi es bien distinta a todas las que se conocen. He aquí algunos tramos de ella: “Letrista esencialmente poético, sensible y prolífico, José María Contursi gestó gran número de éxitos. Su extensa obra revela al creador de inspiración pareja, cuidadoso y avezado, aunque algo reiterativo en su temática y sólo excepcionalmente original y verdaderamente audaz. Esto le impide figurar entre los autores supremos, aunque algunas de sus letras merezcan entreverarse con las más logradas del género. De hecho, contribuyó como pocos con su lenguaje culto a elevar la calidad media del tango canción. Concibió numerosas piezas célebres junto a varios de los mejores compositores, que veían en él a un letrista de oficio, cuyos versos siempre creaban el clima propicio”.

“Su primera obra conocida, el vals ‘Tu nombre’, data de 1933, casi veinte años después de que su padre, Pascual Contursi, pariera el tango canción en algunas noches de la pequeña Montevideo. Pascual había muerto loco en 1932, y las historias prostibularias de sus letras ya no ocupaban a los nuevos vates populares. Estos abandonaban incluso la crónica social, que había sido su gran tarea en la década anterior, y viraban hacia los asuntos sentimentales, por lo común en torno de amores frustrados sobre los que el corazón volvía una y otra vez. Y fue éste el territorio casi excluyente por el que deambuló ‘Katunga’ Contursi, siempre romántico, ora melancólico, ora arrebatado. No recurría al lunfardo (le gustaban más términos como lluvia, hastío, hálito, fulgor, bruma), y era raro que dedicara algún verso a la descripción del barrio”.

“Tan consecuente fue con esta actitud poética que desposó a la protagonista de una de sus letras más divulgadas, ‘Gricel’ (música del pianista Mariano Mores). En esos apenas discretos versos de 1942 (él lo consideraba su mejor tango, pero dista de serlo), Contursi se reprocha haber seducido y abandonado a una muchacha, y llora con desconsuelo, tardíamente enamorado de ella, porque entretanto lo olvidó. En la vida real, este melodrama terminó ante el altar. Susana Gricel Viganó contrajo enlace con su verdugo sentimental”.

“José María Contursi aportó el copioso producto de su inventiva a la gran demanda de tangos canción que existió por cerca de dos decenios, a partir de fines de los '30. El decisivo papel de los cantores en las orquestas exigía un repertorio pensado para ellos y ajustado a los gustos de la época. Vocalistas como Alberto Marino, Juan Carlos Casas, Raúl Iriarte, Libertad Lamarque y Julio Sosa, entre otros, se apoyaron en letras de Contursi para alcanzar éxitos históricos”.

“Entre sus letras sobresalientes deben mencionarse “Claveles blancos”, “Lluvia sobre el mar” y “Tabaco”, con música de Armando Pontier, “Cristal” y “Tu piel de jazmín” con Mariano Mores, “Por calles muertas” con Sebastián Lombardo, “Despojos” Federico Scorticati, “Mi tango triste”, “Garras” y “Evocándote” Aníbal Troilo, “Un alma buena” Aquiles Aguilar, “Milonga de mis amores” Pedro Laurenz, “Tú” José Dames, y el vals “Bajo un cielo de estrellas” con Héctor Stamponi y Enrique Francini”.

“La nómina de los músicos con los que compartió la creación incluye también figuras del relieve de Joaquín Mora, Charlo, Carlos Di Sarli, Osvaldo Fresedo, Antonio Rodio, Osmar Maderna, José Pascual, Juan José Paz, José Tinelli, Jorge Argentino Fernández y Juan Carlos Howard, entre otros”.

La bella historia que se eternizó en un tango

Podría haber sido el argumento de una telenovela de Alberto Migré. O el de un radioteatro con actores como Jorge Salcedo y Julia Sandoval. Y hasta el entramado de una novela romántica de Corín Tellado. Pero la historia no sólo es muy real sino que se convirtió en un símbolo dentro del mundo del tango, esa poesía musical de Buenos Aires que se hizo universal. El título de la leyenda tiene apenas seis letras: Gricel.

Susana Gricel Viganó tenía quince años (había nacido el 15 de abril de 1920) cuando su amiga Nelly Omar la llevó a ver una actuación suya, en vivo, en el auditorio de LS8 Radio Stentor. Era una de las 20 emisoras que había en la Ciudad. Estaba en Florida 8, en pleno centro porteño. Ellas se conocían porque la familia Viganó había vivido un tiempo en Guaminí, los pagos de Nelly. Por entonces la joven Gricel estaba radicada en Capilla del Monte, Córdoba, donde sus padres tenían una hostería y una estación de servicio. Su belleza impactaba: su mamá era de origen alemán y ella había heredado ese cabello rubio y unos soñadores ojos azules.

En 1935 el locutor de la radio se llamaba José María Contursi, pero en la noche porteña lo conocían como “Katunga”. Era un verdadero dandy. Hijo de Pascual Contursi (uno de los pioneros del tango canción), José María había heredado aquella capacidad para escribir versos. Tenía 24 años, ya se había casado con Alina Zárate y era papá de una nena. Sin embargo, cuando le presentaron a Gricel su vida cambió para siempre.

Dicen que aquello fue de ida y vuelta porque la chica también quedó encandilada con ese joven de buen “empilche” y buena “parla”. Pero ella se volvió a Córdoba y él siguió en Buenos Aires. Algunos cuentan que hubo cartas entre ambos. En 1938, Catunga tenía problemas de salud y otra vez Nelly Omar fue quien le sugirió ir un tiempo a las sierras para recuperarse. Obviamente, el lugar era Capilla del Monte y la hostería de los Viganó. El romance se hizo realidad pero fue de corto alcance: él se volvió a su ciudad; ella vio que su ilusión se rompía como un cristal.

Entonces, empezó el calvario. En 1939 José María escribió “Quiero verte una vez más” (un verso hasta afirma que ansía morirse para olvidarla). Fue el comienzo para una serie de angustias que está en sus obras. De 1941 son “En esta tarde gris” ( Qué ganas de llorar en esta tarde gris/ en su repiquetear la lluvia habla de ti ), “Sin lágrimas” ( Ya ves, mis ojos no han llorado / para qué llorar lo que he perdido/ pero en mi pecho desgarrado, sin latidos, destrozado/ va muriendo el corazón ) y “Toda mi vida” ( No sé por qué te perdí/ tampoco sé cuándo fue/ pero a tu lado dejé toda mi vida/ y hoy que estás lejos de mí y has conseguido olvidar/ soy un pasaje de tu vida nada más).

En 1942 el lamento por aquella mujer (ella había formado una pareja y tenía una hija de ese matrimonio) ya tuvo su nombre.

“No debí pensar jamás/ en lograr tu corazón/ y sin embargo te busqué/hasta que un día te encontré/ y con mis besos te aturdí/sin importarme que eras buena/ Tu ilusión fue de cristal/ se rompió cuando partí/ pues nunca… nunca más volví/ ¡qué amarga fue tu pena!”, dice la letra de “Gricel”.

Un año después, aparecían “Sombras nada más” y “Cada vez que me recuerdes”. Y en 1945 “La noche que te fuiste” y “Garras” ( Ansias de vivir para tu amor/ y no poder…). Gricel seguía presente, pero lejos.

En 1957 “Katunga” quedó viudo: murió la mujer con la que había tenido cuatro hijos. Ella también estaba sola: su marido la había abandonado. En 1962, el bandoneonista Ciriaco Ortíz actuó en Capilla del Monte y le contó que José María estaba sin pareja y viviendo en una gran depresión con mucho alcohol. Gricel vino a Buenos Aires y el reencuentro fue una realidad. Se casaron en Córdoba el 16 de agosto de 1967: él tenía 56 años; ella, 47. Fue una ceremonia religiosa porque ella sólo estaba casada por civil. El matrimonio duró hasta el 11 de mayo de 1972 cuando Contursi, abatido por los rigores de su vida anterior, murió en ese pueblo cordobés en el que se habían instalado para siempre. Gricel vivió dos décadas más. Pero esa es otra historia. (Del suplemento “Ciudades” de Clarín, 7 de octubre de 2013).

 

 

 

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