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SemanAgro

IPCVA: ¿Por qué no sumar la promoción de ovinos y cerdos?

El Instituto de Promoción para la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) fue creado en 2003 y con serios altibajos parece haber compuesto su perfil, sin embargo habría que sumar otros tipos de especias para ampliar mercados, alentar inversiones y acompañar a la agricultura familiar, para no caer en políticas excluyentes.


Por:
Omar Meraglia

A principios de este siglo, precisamente en 2003, y a través de la Ley 25.507, sancionada por el Congreso de la Nación, fue creado el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), luego de un gran esfuerzo promovido por los productores ganaderos, sus entidades y distintos actores de la manufactura y comercialización.

Dicha iniciativa fue abordada con gran esperanza y anhelo por sus propulsores, con el objetivo de lograr mejores estándares productivos y de comercialización de nuestras carnes vacunas a nivel local e internacional.

En ese contexto, se trató de una propuesta importante, particularmente para el desarrollo económico de la región pampeana, por aquellos tiempos con un cultivo de soja incipiente comparado con el actual.

Lamentablemente, la cadena cárnica, tras la creación del Instituto de Promoción de Carne Vacuna Argentina, tuvo que batallar con diferentes circunstancias.

Vale recordar la extranjerización de frigoríficos, el avance agrícola sobre zonas ganaderas y luego una fuerte disputa entre campo y gobierno, revertida sólo en parte en estos cuatro años de Cambiemos.

Si bien el IPCVA ha logrado algunas mejoras relativas en el plano internacional, también es cierto que habría que insistir en un proyecto más abarcador que pueda involucrar a otros sectores productores de carne con las ventajas que ello supondría en la promoción.

De hecho,  el escenario de antaño ha variado hacia otros horizontes por lo que creemos resulta importante concentrar en esta promoción a otros actores que, también con inconvenientes, pero tratando de consolidar sus bases, tienen derecho y potencialidad para participar del mercado, tanto local como internacional, en igualdad de condiciones y aportando hacia la sinergia de grupo.

Por una cuestión meramente cultural y consuetudinaria, tanto la producción ovina como la porcina han sido discriminadas frente a la ganadería vacuna, provocando con ello un estancamiento e incluso retroceso de los emprendimientos nombrados en primer lugar.

El cambio de paradigmas en la producción de carne vacuna, hizo que la agricultura –particularmente la soja- abordara con su peligroso monocultivo regiones ganaderas de la pampa húmeda, llevando al ganado vacuno más allá de los límites del noreste y noroeste argentino, además de sectores insulares que nacen en la Mesopotamia.

Recién ahora, merced a lo vulnerable económicamente que resultan los agricultores y particularmente por la pérdida de fertilidad que notan los propietarios de los campos, se vuelve a ver ganado vacuno en la provincia de Buenos Aires.

Al mismo tiempo pudo notarse una recuperación del sector ovino que en los últimos años ha mostrado una tendencia al aumento de la productividad de carne a través de técnicas que incrementan la reproducción y el crecimiento (fuente INTA).

Algo similar ha acontecido en la cadena productiva porcina, con mejoras genéticas, de crianza, alimentación y calidad cárnica.

Tanto la cadena ovina como la porcina, han realizado ingentes esfuerzos y una gran inversión para llegar a esta realidad actual, la cual si bien está lejos de otros competidores mundiales,  no dejan de tener su propia impronta y características que les otorgan singulares fortalezas.

Resulta menester entonces por parte del Estado apuntalar el esfuerzo realizado, además de incentivar al trabajo en conjunto entre distintas matrices productivas, mucho más aún cuando lo que se busca es ganar mercados externos y satisfacer el acceso al mercado interno, lo cual no implica sólo un fin comercial sino además -por el valor proteínico-  un sustento para la salud poblacional.

Desde el punto de vista de la alimentación, hablamos de poder asociar en un solo ente de promoción a las carnes rojas, ya que tienen amplias características comunes que podrían facilitar el trabajo colectivo con los potenciales demandantes.

Al mismo tiempo, como alimentos sustitutivos entre sí, podrían diseñarse estrategias para que tras una mejora productiva, se pueda exportar –si así lo muestra conveniente el mercado mundial- carne vacuna y suplir el mercado interno con carne ovina y/o porcina.

Más allá de que existan circunstanciales políticas competitivas y barreras pararancelarias con la venta al exterior, la generación de más producción cárnica indudablemente hará que los mercados deban abrirse, del mismo modo que, la aparición de demanda provoca mayor inversión y producción a sabiendas que el producto tiene un comprador.

Por otra parte, con la iniciativa de promover la carne vacuna, como así también la ovina y la porcina, se podría dar un espaldarazo a la Agricultura Familiar, tan declamada por muchos funcionarios, ya que es bueno saber que en nuestro país, según fuentes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) unos 70-80 mil productores tienen 14-15 millones de ovinos. El 85% de los productores tienen menos de 100 animales en sistemas de producción mixtos o de pequeña agricultura familiar.

Por su parte, en la estepa patagónica, donde se crían dos  tercios de los ovinos del país en forma de mono-cultura extensiva, más de un tercio de los productores tienen más de 1000 ovinos. Algunas empresas tienen más de 50,000 ovinos y esta estructura constituye un potencial importantísimo para toda la economía de la región.

En consecuencia, hay una variedad de sistemas de producción con problemáticas muy diferentes, pero que debemos colaborar para organizar y apuntalar y porque no hacerlo a partir de objetivos comunes y tareas conjuntas.

Precisamente en nuestra Patagonia, los productores, ante sólo un atisbo de mejora del mercado interno, han invertido en la producción ovina y esperan un reconocimiento para seguir adelante y finalmente recomponer una producción que nos fuera avasallada.

Causa tristeza para quienes conocemos de la historia, recordar que alguna vez existió un Mercado de Hacienda de Ovinos de la ciudad bonaerense de Avellaneda.

Sería bueno entonces que la sinergia que se pueda lograr entre los productores y frigoríficos de carnes rojas, a través de un instituto de promoción abarcador de la ganadería vacuna, ovina y porcina, sea un paso hacia un futuro promisorio en desarrollo, donde la extensividad ganadera, tal como lo vemos, dará lugar a la intensividad y en ese ámbito tanto la ovinotecnia, como la porcinotecnia, puedan ocupar un lugar de preponderancia para las economías regionales y la agricultura familiar, objetivos de los cuales no podemos ni debemos desprendernos, sino por el contrario potencializarlos.

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