sábado 28 de noviembre de 2020

OPINIÓN | 4 nov 2020

internacionales

EEUU. Voto a voto, estado por estado: la calculadora de otra batalla dramática

Trump se declaraba ganador y calentaba el escrutinio. Los distritos clave y las carambolas de Biden para darla vuelta. La Corte, pintada de rojo. Por Lucio Garriga Olmo.


Por: Lucio Garriga Olmo

Una vez más y como se esperaba, la elección presidencial de los Estados Unidos se definirá en un puñado de estados y en unos cuantos miles de votos. Esta vez, la puja, que tiene como protagonistas al republicano Donald Trump y al demócrata Joe Biden, tiene el condimento extra de la autoproclamada victoria del actual mandatario y las denuncias de fraude que realizó ya entrada la noche en Washington. “Millones votaron por nosotros, pero un grupo está intentando robarles esta elección y no vamos a permitirlo”, aseguró desde la Casa Blanca. Por su parte, Biden se mostró optimista desde su casa en Delaware y convocó a “mantener la fe” hasta el final del recuento, que puede durar algunos días más.

La elección no está terminada: el final está abierto y el ganador todavía es incierto, pero esto no le impidió a Trump autoproclamarse triunfador y denunciar un injustificado “gran fraude”. “Este es el mayor fraude en nuestra nación”, dijo ante un puñado de funcionarios y familiares en el Ala Oeste, sin presentar ninguna prueba. De esta manera, cumple con sus anuncios de campaña de denunciar al sufragio por adelantado, que superó un récord de más de 100 millones de votos, como “fraudulento”. No hay evidencias históricas ni estudios recientes que demuestren esto, pero, como es mayoritariamente demócrata, el magnate neoyorquino busca judicializarlo y evitarlo. “Vamos a ir a la Corte Suprema. Queremos que detengan el conteo de votos. No queremos que encuentren ningún voto a las 4 de la mañana”, aseguró.

 

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El sistema electoral indirecto, donde no se vota la fórmula presidencial sino 538 electores distribuidos en los estados, hace que la contienda se defina en los llamados swing states, aquellos donde no hay un claro favorito en la previa. El triunfador no debe quedarse con el voto popular: con conseguir 270 electores le alcanza. Así fue como Trump le ganó a Hillary Clinton en 2016 con casi tres millones de votos menos. En estos días, los ojos del mundo miran con atención el recuento final en Georgia, Carolina del Norte, Pennsylvania, Michigan, Wisconsin, Arizona y Nevada. En estos siete estados, se define la elección, que promete ser ajustada.

El recuento podría llegar hasta el viernes porque Pennsylvania, estado fundamental con sus 20 electores, permite contabilizar los votos por correo que se hayan enviado antes de la elección hasta ese día.

El recuento podría llegar hasta el viernes porque Pennsylvania, estado fundamental con sus 20 electores, permite contabilizar los votos por correo que se hayan enviado antes de la elección hasta ese día. Con el 75% escrutado al cierre de esta nota, la victoria era de Trump con el 55%, pero faltaba un gran caudal de voto adelantado y contabilizar importantes condados de tendencia demócrata por lo cual será de final incierto.

Además, Nevada, que ya había contabilizado el 85% de los votos y le adjudicaba una victoria a Biden por apenas 8.000, confirmó que no publicará nuevos resultados hasta el mediodía del jueves. En una elección tan cerrada y peleada, cada voto cuenta, por lo cual la espera será fundamental.

Los demócratas confían en los votos que todavía quedan por contar, especialmente el adelantado o por correo y el de algunos condados que han reportado retrasos. “No descansaré hasta que cada voto sea contado”, dijo Biden en la mañana de este miércoles. Los números parciales lo mostraban arriba en Wisconsin y Michigan, dos swing states industriales en los que ganó Trump en 2016, pero con un escenario indefinido porque la diferencia es de 0,8% y 0,2%, respectivamente.

En Pennsylvania, el partido azul también era optimista, porque estimaba superar los 700.000 votos con los que estaba ganando Trump, con casi 1.400.000 boletas que quedaban por contar, especialmente enviadas por correo o de condados de tendencia demócrata. Incluso en Georgia, tradicional estado republicano, el final era desconocido porque la diferencia era de menos de dos puntos a favor de Trump, pero con votos demócratas sin contabilizar.

 

Con este escenario, una posible victoria demócrata o republicana se basaba en proyecciones hechas por los medios de comunicación apoyándose en resultados parciales y tendencias históricas. Según The New York Times, Biden tenía “un número reducido, pero significativo de formas” para llegar al número mágico de 270 electores. La primera opción sería conservar su victoria parcial en Arizona, casi confirmada, y pasar al frente en Georgia, donde estaba casi dos puntos abajo de Trump. La segunda sería recuperar el Rust Belt (cinturón del óxido) al ganar Wisconsin, Michigan y Pennsylvania, un escenario que se empezaba a abrir en las últimas horas y que Trump intentará evitar por la vía judicial. Por su parte, el diario pronostica que, si Trump pierde Nevada, deberá ganar los codiciados Wisconsin, Michigan y Pennsylvania y, además, mantener Georgia.

Una definición judicial a través de la Corte Suprema también es posible. El propio Trump aseguró que recurrirá a la justicia, como ocurrió en la victoria de George Bush en el año 2000, para evitar el recuento del voto adelantado en Pennsylvania y otros estados. Este camino es uno de los más polémicos, pero le es favorable. A fines de octubre, en una discutida y exprés nominación, asumió la nueva integrante del tribunal, nominada por Trump, la conservadora Amy Coney Barrett. Así, el tribunal quedó con una mayoría de 6-3 a favor de los republicanos, lo que inclinaría la balanza a su favor en caso de que la justicia definiera la elección.

Incluso no se descarta un dramático empate en el colegio electoral, algo que sucedió únicamente dos veces en la historia: 1801 y 1825. La Enmienda 12 de la Constitución estadounidense establece que, si este pronóstico se cumple, el Poder Legislativo defina la fórmula presidencial. Los 435 miembros de la Cámara de Representantes elegirán al presidente y las 100 bancas del Senado, a su acompañante. 

Una vez más, el sistema electoral de los Estados Unidos acerca al país a un final incierto, peleado y polémico. Los votos están sobre la mesa, hay que esperar su distribución y el comportamiento final de los jugadores, que, anticipan, generarán nuevas disputas.


 

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