domingo 15 de marzo de 2026

CULTURA | 19 dic. 2020

UNA CARICIA AL CORAZÓN DE LOS TANGUEROS

“Argentango” cumplió 18 años

Es uno de los pocos conjuntos que ha logrado sobrevivir, a duras penas, dentro del camino desolado en el que transita nuestro querido género del dos por cuatro.


Por: Ismael Canaparo

El conjunto musical “Argentango” llegó a la mayoría de edad. Acaba de cumplir 18 años, en cuyo tramo actuó en diferentes escenarios, siempre regalando prestancia y categoría en cada una de sus actuaciones en la ciudad y también en distintos puntos de la región.

La agrupación nació en 2002. Por entonces, estaba constituida por Nelson Lorenzo (director), Lalo Rasia (bandoneón), Hilda Isaac (piano), Valeria Huichaqueo (teclados), Walter Dujesieken (contrabajo), con las voces de Liliana Salino y Omar Pagano. Además, fueron cantantes invitados en diferentes ocasiones María Angela Picchi, Cacho Falcón, Mariano Guglielmeti, César Diotti, Omar Decarre, Claudia Levato, Hugo Casanovas, Mario Aragues y Jorge Gallardo. Y entre los músicos, Hugo Fusé y Arturo Viora.

En la actualidad, “Argentango” se integra con los talentos de Lalo Rasia (bandoneón), Hilda Isaac (teclados) y Raúl Romano (flauta), con los estribillistas Omar Pagano, Jorge Micheref, Juan Andrés Pastorino y Analía Ramos.

¿Sus características? El conjunto se identifica con el ritmo de Aníbal Troilo, siguiendo los lineamientos musicales del inolvidable Gordo Pichuco. Sin embargo, antes de esta cruel e interminable pandemia, había anexado arreglos de Osvaldo Pugliese y Carlos Di Sarli, como así también temas bailables de la guardia vieja, bien marcados, ideales para la danza.

La gran particularidad de esta orquesta juninense es que no tiene director. Todos conducen, todos opinan, todos acuerdan, más allá de los disensos naturales que suelen ocurrir, al elegir determinada página. Es una especie de “cooperativa de mando”, que hasta ahora no ha tenido mayores contratiempos ni fisuras. Por el contrario, la idea se mantiene intacta.

UN DISCO ESPECTACULAR  

Hace pocos años atrás, “Argentango” presentó en la Sociedad Italiana, bajo los auspicios de la Sociedad Española, un CD titulado “Juntos”, editado en colaboración con la FM Tango (104.9), emisora regenteada por el contador Carlos Giacobini.

 La agrupación, guiada desde el bandoneón por Lala Rasia y acompañado en los teclados por Hilda Isaac, contó con las voces de Andrés Pastorino, María Angela Picchi y Osmar Pagano. La presentación estuvo a cargo del recordado Agustín Prezioso, siempre justo y sobrio, como fue una moneda tradicional en él.

Ya en la apertura del concierto quedaron esbozados los rasgos del conjunto, con “Melancólico”, el bellísimo tango instrumental de Julián Plaza. Como en aquel paradigma del Gordo Troilo, lo rítmico y lo melódico se dan la mano en esta música tan emblemática. Pero enseguida, sobrevendrá otro sesgo, otro perfil de Argentango, con tres canciones muy emotivas, generadas por quienes le dan matices vocales a la orquesta: “Tal vez será su voz” (Omar Pagano), “Barrio de tango” (Andrés Pastorino) y “Soñemos” (María Angela Picchi).

Hubo reelaboraciones de temas antológicos, como “Corralera” y “Pe-ca-chi” (de José Basso, que dedicó a sus hijos Pepito, Cachito y Chichita) y deliciosos momentos con “El abrojito” (Pastorino), “Malena” (Picchi) y “Secreto” (Pagano). Todos ellos enriquecidos por imaginativos arreglos de Rasia e Isaac y rescatando, como si fuese poco, el trazo canyengue y el costado nostálgico.

Y entre emociones, aplausos y resabios añejos de nuestra música tanguera, se sucedieron hallazgos invalorables, tales como “Pichuqueando” (monumental versión de Domingo Mattio), “Sin lágrimas” (Picchi), “Bandoneón arrabalero” (Pastorino), “En esta tarde gris” (Pagano), “Nocturna”, “Danzarín”, “Rosas de otoño” (Pagano), “Pasional” (Picchi), “Barrio pobre” (Pastorino) y “Taruchito”. Como cierre, el siempre vigente “Desde el alma”, que transformó aquellas resonancias antiguas del hermoso vals, en nuevas y modernas líneas melódicas.   

DOS GRANDES TALENTOS

“Argentango” luce grandes talentos, como Hilda Isaac, que desde la educación ha logrado concretar un espacio generoso, en base a sus excelentes condiciones para la música. En los últimos tiempos, ya alejada de otras obligaciones, le entregó al conjunto una impronta singular, con ideas propias y siempre con prolijidad y buen gusto.

Además, está un estandarte de la flauta traversa, como el chacabuquense Raúl Carlos Camilo Romano.  Un músico brillante y talentoso, que estudió con Romeo Pilusso y Alfredo Montanaro. Según el libro “En tango en Junín”, de Roberto Dimarco y Oscar Velilla, Romano llegó a nuestra ciudad en 1970, “… y se integra las filas de “Baires 70” y además en el cuarteto de Arturo Viora. En 1982 forma en la agrupación orquestal de “María de Buenos Aires” y en 1983 en el quinteto de Oreste Lapadula. Es compositor de un tango, “Así es mi tango”, y como músico ejerce la docencia”.

LA OTRA CARA VISIBLE: ORLANDO LUIS RASIA

Es uno de los pocos fuelles que hoy rezongan en Junín, repleto de colorido y de matices.  Más conocido como “Lalo”, suele comentar con exactitud que su amor por el tango tuvo fecha precisa: 19 de febrero de 1947. “Ese día, con apenas seis años,  mis padres me llevaron a un baile al Club Villa Belgrano, donde actuaba  Alfredo De Angelis, con sus cantores Carlos Dante y Julio Martel. Recuerdo que me alejé del salón y me metí en la pista para escuchar con más cercanía a la orquesta, que sonaba muy bien. Ahí se produjo mi primera aproximación al género. Ya entrada la década del 50, mi padre me mandó a estudiar el bandoneón con el profesor Salvador Mancuso, por muchos años el referente musical de Junín. Me gustaba más la batería, pero al viejo ni mencionarle ese instrumento. Lo cierto que estudié mucho, pero me cansó el solfeo. Abandonar era un acto impensable. Lo que yo quería era tocar, no darle tanto al solfeo. Pasó un tiempo y mi padre, que era ferroviario, se contactó en el taller con Arturo Viora, para que continuara con él mis estudios. Y así ocurrió. Con Viora logré enamorarme de nuevo con el fuelle y, a la par, crecer notablemente, ya que para inculcar conocimientos a sus alumnos, el maestro (un verdadero segundo padre), apelaba a dos reglas inexorables: exigencia y severidad”, recuerda con cariño, para luego agregar enseguida: “Ese aprendizaje me permitió lograr un lanzamiento de fuego, con apenas 17 años, integrando la orquesta típica de Osvaldo López. Fue como tocar el cielo con las manos. La agrupación estaba conformada con el propio López como director y violín; Pocho Casimo, Atilio Malizia y Carlos Ferrara (violines); Deograsia Gómez (contrabajo); Aurora Cancio (piano); Osvaldo Cancio, Bachi Villalba, Aurelio Rodríguez, Lalo Massari y yo (bandoneones); Lalo Ferrari y Omar Decarre (vocalistas) y David Ferro (presentador)”.

 

Artista o laburante (Lalo trabajó 32 años en el ferrocarril, ingresando como aprendiz electricista junto a Alberto Rudi, su gran amigo de toda la vida, y retirándose como supervisor principal de la sección Aire Acondicionado, además de 28 años como operador telefónico de la ex ENTEL), cuenta con detalles minuciosos parte de su niñez y adolescencia, en el barrio que nunca abandonó:  su entrañable Villa. “Yo vivía frente a la Plaza Sarmiento, casi al lado de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús. Por consiguiente, hice toda la primaria en la Escuela Nº 18 y el secundario en la Escuela Fábrica “Yapeyú”, egresando como Experto Ebanista. La plaza tuvo varios cambios en su fisonomía, por una razón esencial: mi abuelo me contaba que en ese lugar había funcionado un vaciadero de basura, motivo por el cual con el correr del tiempo se producían hundimientos y hasta inundaciones. Sobre la calle Iberlucea (hoy Padre Ghio) se construyó una gran fuente rectangular, que nunca pudo ser llenada con agua a raíz de varias rajaduras, producto de lo endeble del terreno. Algo que no conocí: me dicen que la plaza primitiva tenía una cancha de básquetbol y juegos para niños, además de hermosas glorietas, donde todos los domingos la banda del Ejército brindaba conciertos musicales. La verdad es que pocas cosas del barrio me resultaron indiferentes, ya que fui testigo de las calles de tierra, de la excavación para los desagües pluviales, de las tareas cloacales y de la red de agua, paso previo a todo el asfaltado. ¡Cómo olvidar los carros de las panaderías “La Equidad” y “La Victoria”, el de los lecheros, el vendedor de gallinas y huevos, el afilador, el carrito de Nicola con sus helados y obleas, el primer ladrillo de la nueva iglesia…!”.

Lalo no se detiene con los recuerdos, repasando –a grandes rasgos- cada uno de sus momentos: “En el año 1998 fui convocado por el maestro José “Pocho” Luca para integrar una gran orquesta de veinte músicos, con intérpretes y vocalistas locales, denominada Típica Junín Tango. Debutó con un recital en La Ranchería, a sala llena. Con la animación de Daniel Ganci, desfilaron cantores de la talla de César Diotti, Miguel Suárez, Luis Fernández, Rosana Ferreiro, Jorge Gallardo, Hugo Casanova, Julio Pulido, Omar Decarre y Omar Pagano”. Y también habla del presente: “Desde 2002 y hasta estos días, dirijo el conjunto “Argentango”.  Los primitivos componentes fueron:  Nelson Lorenzo (bandoneón y director), Hilda Isaac (piano), Valeria Huichaqueo (teclado eléctrico), Walter Dujesiefken (contrabajo), Liliana Salino y Omar Pagano (voces). También actuaron, en distintos momentos, ilustres invitados:  Adolfo “Cacho” Falcón, Mariano Guglielmeti, Hugo Fusé, Arturo Viora, Mario Aragües, Daniel Ferrúa, Claudia Levato, César Diotti, Jorge Gallardo y María Angela Picchi. En la actualidad, está constituido por mi bandoneón y el piano de Hilda Isaac, con las voces de Analía Ramos, Jorge Micheref y Juan Andrés Pastorino. El año pasado presentamos un disco, llamado “Juntos”, editado gracias a la colaboración especial de FM Tango 104.9 y un grupo de auspiciantes”.


 

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