viernes 07 de mayo de 2021

LOCALES | 1 may 2021

NOTA DE TAPA

Femicidios: la otra peste

Otro horroroso crimen de una mujer en manos de su pareja ocurrió en el Departamento Judicial de Junín. Así como a Úrsula la mataron en Rojas, ahora Analía fue ahorcada en Los Toldos. Asesinos previamente denunciados ante una Justicia de raigambre patriarcal que permanece impávida frente a hechos deleznables. ¿Cómo seguir en medio de tanta desidia y desprotección?


Por: Redacción Semanario

Ya son casi 300 los asesinatos de mujeres víctimas de femicidio en lo que va de aislamiento por la pandemia, un accionar deleznable que, si bien sorprende por lo inhumano y lo interminable, también lo es por la falta de respuesta de los funcionarios del Estado que deben ser quienes protejan a las mujeres.

El femicidio de Analía Maldonado, acontecido el pasado fin de semana en la localidad de Los Toldos, resulta casi un calco del caso en el que asesinaron a Úrsula Bahillo, en Rojas, debido a la desprotección de la mujer frente a potenciales criminales a los que nadie se anima a ponerle freno.

El fin de semana no hubo un solo femicidio, fueron cuatro: dos en la provincia de Buenos Aires y otros dos en Córdoba.

Hombres violentos, previamente denunciados no una, sino varias veces, acorazados de un sentimiento de impunidad marcado por el tránsito y la naturalidad del sistema patriarcal que se esconde -y no tanto- en las fuerzas de seguridad, la justicia y, al fin y al cabo, en la comunidad toda.

Personas “narcisistas”, como lo definió al criminal compañero de Analía una fiscal juninense, un diagnóstico que como casi todo lo emprendido por la justicia y las fuerzas de seguridad llega tarde para prevenir la muerte de otra mujer, de las miles que han sufrido la impiedad de quienes juraron protegerlas.

La violencia de género es una forma de discriminación y el asesinato de una mujer por razones de género es la más cruel manifestación de la discriminación porque a los hombres no los matan por ser hombres, pero a las mujeres sí.

Como ya lo ha descripto SEMANARIO, el Departamento Judicial de Junín está surcado por una gran apatía para proveer justicia a las comunidades a partir de la desidia que implica no contar con la cantidad de magistrados, fiscales, cuerpo investigativo y personal para llevar adelante una tarea de modo eficiente.

Ineficiencia que queda al descubierto cuando aparecen estos crímenes que debieron haberse evitado.

No sólo se trata del fiscal general del Departamento Judicial de Junín, Juan Manuel Mastrorilli, quien se llama a silencio en cada caso, sino de todos y cada uno de los agentes judiciales que forman parte de un ámbito que pregona la justicia, pero no la promueve.

Las estadísticas dan cuenta que en la mayoría de los casos de femicidios suelen existir antecedentes de violencia intrafamiliar denunciados por la víctima en el sistema.

También que las medidas cautelares son implementadas, pero no constatadas en su ejecución y por eso terminan por no ser acatadas por el femicida.

Samuel Llanos, el asesino de Analía, tenía más de media docena de denuncias por violencia intrafamiliar e incluso algunas con lesiones. El matador de Úrsula, Matías Martínez, era policía y había sido denunciado casi una veintena de veces.

Por más que la justicia y la policía intenten quitarse la responsabilidad de encima, queda claro que los mayores problemas del proceso están en la falla de los sistemas de protección.

Será que los tribunales de Familia no son lo suficientemente estrictos para accionar y haría falta denunciar directamente en el fuero penal cuando una mujer sufre de violencia, ya que además la mujer que denuncia queda al desnudo frente a la realidad, sin un centro de contención que la apoye.

La casa refugio, por inaugurar.

En Junín, la Casa Refugio de mujeres violentadas no termina de ser una promesa mientras el maltrato se agiganta y se hace tan grande como el desprecio de los funcionarios que no hacen lo que debieran para cumplir con su compromiso social.

Es el sistema completo el que debe acompañar a una víctima de violencia de género para ampararla y evitar a toda costa su muerte, algo que no se ha visto por estos lares y que sirve para cuestionar el verdadero compromiso de las áreas de atención de la víctima, tanto policiales como judiciales.

De qué sirve la tarea emprendida por el fiscal José Alvite Galante, para lograr la pronta captura de Llanos, escondido en un hotel de Luján, y la movilización de la fiscal Vanina Lisazo para hallar el cuerpo de Maldonado a medio incinerar en un camino rural, si lo que importa por sobre todo el sistema debe ser la vida, y la vida de Analía no pudieron protegerla.

De nada servirá seguir con esta retórica cuando lo cierto es que se hace cargar a las víctimas con la responsabilidad de tener que evitar la violencia, lo cual se constituye en otro tipo de discriminación.

Por más que aparezcan los botones antipánico que algunos dirigentes gustan de ofrecer, las mujeres son las víctimas y no las encargadas de autodefenderse, sufrir una limitación o estar obligadas a portar ningún dispositivo.

Hay que dejar de culpar a las mujeres, para correrse de una vez por todas de esta “justicia machirula” plagada de estereotipos patriarcales y que no pueden mostrar más que una marcada impotencia ante la situación.

La responsabilidad, sin lugar a dudas, es colectiva, pero desde lo público deben aparecer los primeros ejemplos para conformar una sociedad igualitaria donde no maten a las mujeres y si es posible desde la política, aunque parece complicado en semejante grieta, sería saludable para una Nación que esa igualdad llegue para todos los sectores comunitarios.

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