lunes 27 de junio de 2022

CULTURA | 23 may 2022

ESPECTACULO EN LA RANCHERIA

Tangos sublimes, entre juninenses


Por: Ismael A. Canaparo


Oreste Vicente Lapadula (pianista, compositor y director) ostenta títulos de ilustre linaje tanguero. Varias circunstancias prestigian su trayectoria, tras sus estudios con Nicolás Campaso. Todas ellas hablan de una identificación plena con la coherencia musical. Allá a los lejos, un trío con Carlos Buono en bandoneón y la voz de Omar Decarre. Luego, un conjunto con Roberto Alvarez (ex fueye de Osvaldo Pugliese, hoy director de la orquesta Color Tango), siempre con los estribillos del “Canario” Decarre. Más tarde, integrante esencial de la operita “María de Buenos Aires”. Posteriormente, creador de un quinteto, sin detenerse hasta el presente, cuando decidió formar una orquesta de nueve músicos y un cantor, que lleva casi tres años tocando en diferentes escenarios. ¿Quijotismo puro o amor al tango? Las dos cosas juntas, sin dudas.

La noche del sábado, en La Ranchería, con la orquesta a pleno e invitados de lujo, fue mágica, frente a un público desbordante y fervoroso, constituido, en su mayoría, por gente mayor. El concierto empezó con dos vibrantes tangos instrumentales: “Arrabal”, de José Pascual, y “A Evaristo Carriego”, de Eduardo Rovira. El cantor Horacio Fernández se lució en tres temas, con gran solvencia y buena dicción. 

También los bailarines (Morena Domínguez y Facundo Amaya) se colocaron bastante cerca del apetecible tango caminado y rítmico a la vez, aunque también se involucraron con los clásicos saltitos, flexiones y sentadas del tango fantasía. Gustaron mucho, en una visión intimista de un lindo y colorido espectáculo que se vivió, por “culpa” de Lapadula.

Y como cierre, la presentación de Roberto Decarre, la voz actual de Color Tango y otras intervenciones en los escenarios porteños, junto a interesantes agrupaciones de jóvenes. Por cierto que derrochó simpatía y talento, en varias interpretaciones brillantes, con aplausos y ovaciones como final a cada una de ellas. Roberto es un cantor llano, sensible y emotivo, que sabe transmitir, con un acento limpio y cautivante. 

Pero la gran sorpresa llegó casi sobre el cierre. Roberto Decarre pegó un grito hacia el público: “Canario, vení”, obviamente dirigido a su padre, el Omar de todas las épocas. Ante el delirio del público, Decarre, que conserva intacto el color de su voz, cantó dos temas muy aplaudidos y finalmente un dúo con Roberto, mientras la platea moría… 
 

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