Un 19 de marzo de 2015 dejó de estar físicamente un apasionado de la pelota, que hizo enrojecer muchas palmas y enronquecer gargantas por días y días posteriores a un partido.
Un jueves quien fuera jugador y entrenador de Sarmiento y que logró la recordada hazaña como entrenador verdolaga de vencer a Boca en el Eva Perón en 1982, se fue con solo 76 años. Y también a River, pero sería injusto recordarlo solo por esos hitos imborrables.
A Chacho se lo recuerda como a muchos otros hombres de aquella época porque, pese a haber brillado, jamás se subió a ningún pedestal, aunque le dolía cierta apatía por la falta de reconocimiento. Al contrario, disfrutaba la calma que otorga el anonimato y que disfrutaba cada mañana jugando al ajedrez y hablando de fútbol en la desaparecida sede de Sarmiento de calle Lebensohn y que el club perdió tras el juicio de Perfumo.
Arrancó como jugador en Rivadavia, pasó por Sarmiento y fue orgullo para la ciudad cuando vistió la camiseta de la selección argentina, en el Panamericano de Chicago, en 1959, y pese a ser diagnosticado con Polio y a todos los cuidados que debía tener, jugó en esa albiceleste que se coronó campeona. Su rendimiento hizo que recibiera una nueva convocatoria, para el seleccionado que debía disputar los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960. Pero Chacho, sorprendentemente, no asisitió al llamado porque era 'sábado de Carnaval y prefirió quedarse en Junín'.
Villafañe siempre recordaba que su llegada al fútbol grande de Independiente se dio casi de casualidad, minimizando sus virtudes: "En 1957, iban a llevar a un muchacho Ochoa, y yo fui de colado, a los pocos días nos llamaron a Mar del Plata, y yo quedé" rememoró sobre su llegada al Rojo de Avellaneda. Las condiciones en la pensión no eran las mejores y el juninense volvió a la ciudad. Pero al poco tiempo, como conocía a Artime, logró una prueba para llegar a Atlanta. Ahí compartió pieza con el artillero y con otro que haría historia: Carlos Timoteo Griguol.
Entre otra de sus huellas grabadas a fuego, compartió canchas nada menos que con Horacio “Taqueta” Barrionuevo a quien además, tuvo el privilegio de dirigirlo.
Como llegó casi 'accidentalmente' a jugar, también empezó como entrenador. Luego de un fallo arbitral ante Comunicaciones que Villafañe entendió era muy parcial y perjudicial, corrió 30 metros para pegarle una piña al referí. Lo suspendieron cuatro años y arrancó su época como DT, de la que algunos lo recuerdan por su gorra, que calzó por coquetería pero la inmensa mayoría, por su enorme capacidad y entrega.
En Sarmiento estuvo al frente del equipo en 1970 y en 1972. En el 73 decidió, luego de probar que un pibe de Chacabuco, un tal Passarella, se quedara en el club. Tuvo otros ciclos en el Verde, en 1979 en la B y en 1982 en la A, cuando le ganó a Boca.
Fue técnico de Newbery en la histórica campaña del Aviador en el Regional del 74 que se recuerda por haberle ganado a River 1-0 por el gol de Hugo Spadaro. De ese Sarmiento del 82 y del Newbery del 74 Villafañe siempre guardó sus mejores recuerdos porque eran los equipos "que tenían una idea".
Se cumplen 8 años de la partida de un formador que tal vez a este fútbol moderno le cueste encontrar, apurado en medio de resultados, promedios, urgencias y pases de millones subidos y bajados por celular desde algún otro lugar. Chacho fue parte del fútbol romántico al que abrazó hasta el último de sus días, pese a que antes, en algún momento soñó con brillar y vivir del básquet.
Hoy, que Sarmiento recibe a River y que el corazón verdolaga palpita a otra velocidad, seguro también estará pendiente desde algún lugar, sumándose a esta movida en la ciudad. Debe andar con su ceño fruncido, reafirmando que los mejores entrenadores eran 'Menotti, Zubeldía y Griguol' y criticando algo de este fútbol moderno, pero disfrutando de ver correr a 22 tipos detrás de una pelota. Y recordando viejos tiempos.