

Por: Redacción Semanario de Junín
EDITORAL PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 477 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 30 DE AGOSTO AL 5 DE SEPTIEMBRE DE 2025
Lo ocurrido el lunes pasado en torno a la visita a Junín por parte del presidente de la Nación, Javier Milei, deja una serie de sentimientos amargos en quienes entendemos que la política debe servir para construir y que esa construcción debe ser de abajo para arriba, entendiendo esto tanto desde lo humano como de lo territorial.
No es la primera vez que advertimos desde estas páginas acerca de la defensa que debe hacerse de la paz social, porque quienes hemos transitado por esta vida desde antes de la democracia, sabemos que la libertad no se pregona, sino que es un precio a pagar y a veces tan alto que muchos juninenses lo hicieron con su vida.
Creemos cierto además que el civismo es un término en desuso que los medios y la dirigencia han preferido dejarlo en un baúl para poder deshacerse más fácilmente de sus valores.
Esa pérdida de valores se ve a las claras cuando el Presidente de la Nación, que fue elegido para gobernar el país y a todos sus habitantes por igual, arropa a sus candidatos y desprecia al resto.
La misma situación delata al alcalde local, Pablo Petrecca, cuando él mismo resulta candidato y encabeza la campaña, ampliando con ello la brecha impuesta desde hace 10 años de gestionar para unas pocas manzanas de la ciudad en desmedro de los demás.
Suma hipocresías a la cadena el gremialismo local, que con ínfulas de mostrar a sus caciques nacionales algunas cabezas en punta de lanza, se aparecen en la misma plaza a la que tantas veces dejaron abandonada por otros reclamos locales más valederos. O como en los ’90.
Pero no hay caso, lamentablemente después de los arrebatos y las escaramuzas, los trabajadores de Junín seguirán estando en negro, ganando por debajo del convenio, buscando changas y pidiendo favores en la obra social.
Acicateados por la presencia de los medios nacionales y como pavos reales que muestran la cola, la columna se colmó de puteadas diciendo presente en la esquina donde se celebró el patético show de un gobierno insensible que también con hipocresía “cuida” al presidente de la requisitoria de los periodistas, pero lo sumerge en un local que siquiera tiene instalaciones acordes para evitar una tragedia.
Los envalentonados de ocasión seguirán faltando a cada sesión del Concejo Deliberante cuando, por ejemplo, se debata el “presupuesto dibujado” por un intendente que se hizo millonario y nadie pide investigar. Tampoco aparecerán cuando se dejan de lado en el Ejecutivo los pedidos de informes sobre la calidad del agua que tomamos, la mierda que le tiramos a los vecinos, las fumigaciones que envenenan a los pueblos rurales.
No habrá matones ni insultos seguramente para controlar cuánto gasta en su campaña electoral el intendente, cuánto nos cuestan las placitas, los autos 0 km de los funcionarios, el combustible, ni las privatizaciones de servicios que aprovecharán los empresarios amigos del poder.
La política ha sido invadida de actitudes miserables por parte de personajes que se arrogan la representación de otros lograda con promesas vanas, artilugios, traiciones y corrupción.
Seguramente no ha habido, en más de 40 años de democracia, una campaña electoral más nefasta que esta, en la cual no se ha debatido un solo tema de los que nos acucian cada día de forma cotidiana en nuestro distrito.
Todo queda reducido a los intereses egoístas de los dirigentes y sus cohortes, que nos prometen un paraíso que luego construirán en base a mentiras, insultos y trompadas, que, paradójicamente, no hace otra cosa que ocultar su cobardía.