Los únicos que no dimensionaron la gravedad de lo que ocurrió la noche de año nuevo en Junín son los funcionarios municipales que, acostumbrados al relato antojadizo del momento niegan cualquier tipo de responsabilidad en los controles para esconder su falta de profesionalismo.
Esta estúpida forma de “jugar con fuego”, cuando los que se queman son los vecinos, no es una exageración de un medio periodístico sino la recopilación de hechos que -de allá o de acá- han terminado en tragedia por la negligencia de los que deben velar por la seguridad del público asistente y no lo hacen.
Debido a la intensidad y extensión del foco ígneo iniciado cerca del boliche Costanera ubicado en Circunvalación camino a la laguna El Carpincho, fueron cuatro dotaciones de bomberos con una autobomba, un camión cisterna y dos unidades de ataque rápido que debieron intervenir y lograron reducirlo luego de un trabajo que se inició a eso de las dos de la mañana del primer día del 2026. Según confirmaron los bomberos se trató de una superficie de tres manzanas.
Cromañón fue un ícono de lo que puede la sinrazón a la hora de la diversión que por el contrario se transforma en lágrimas, que quedan marcadas en las víctimas que perdieron su vida, como en los traumas de quienes debieron seguir adelante como pudieron con ellos.
Otra vez en la bienvenida del año, los jóvenes juninenses debieron sortear una serie de vicisitudes que pusieron en peligro sus vidas por culpa de quienes están para cuidarlos y otra vez más quedó al descubierto que la noche juninense no es nada inocente a la hora de divertirse, sino que en medio de los referentes que se la disputan para sus negociados no hay códigos y por tal motivo la vida no vale nada, y a nadie le preocupa si se deben pisar algunas cabezas a cambio de un puñado de billetes.
En ese marco el intendente de licencia y el mandadero a cargo tienen un rol destacado, así como su destacado grupo de privilegiados amigos, mientras el resto va de pie juntillas a tapar las cagadas ajenas, como singulares ganapanes irresponsables.
“Jugar con fuego” en Junín puede equivaler a que cinco ancianos agonicen en un geriátrico trucho que nadie controló y sean una lista trágica más para un funcionario desalmado que se va a su casa como si viera llover. O que millares de jóvenes puedan quedar acorralados por un presunto atentado con bombas molotov para boicotear a la competencia en la organización de la fiesta iniciática y que terminen en un caos de humo, cenizas y tránsito descontrolado.
La avanzada de la “seguridad” juninense con voz lacónica indica que: “Todo se desarrolló con normalidad”, una “normalidad” preocupante con un incendio de proporciones que si bien no afectó el predio donde se llevaba a cabo el encuentro, las imágenes de las llamas que aparecieron rápidamente en las redes sociales, amargó a decenas de familiares que arrancaron de la peor manera lo que debía ser un feliz festejo y debieron movilizarse hacia las cercanías en plena madrigada para saber cuál era la verdadera magnitud del siniestro.
De no haber estado el pasto corto a unos metros del lugar, el hecho podría estar compartiendo titulares internacionales con lo acontecido en Suiza donde un atentado en una fiesta dejó un saldo de 40 muertos.
¿No fue un atentado lo ocurrido en Junín? ¿Quién se hizo cargo de la investigación? ¿La justicia pedirá un informe minucioso a los bomberos?
La gestión Petrecca, acostumbrada a minimizar cada acto de irresponsabilidad institucional y exagerar las acciones narcisistas, volvió a fracasar a la hora de brindar seguridad a los juninenses, poniendo a los jóvenes en peligro cierto al ingreso y a la salida de los boliches, y en medio de la lluvia y con policías de uniforme secos porque se quedaron adentro del patrullero.
Una vez más “juegan con fuego”, para luego terminar con el de “hacerse el boludo”, mientras las familias sufren la incertidumbre respecto a la inseguridad que se denota en cada situación.
Otro año arrancó mal para los inoperantes funcionarios. No podía ser de otra manera, cuando se repiten modalidades fracasadas.