Tras un fin de año y un receso estival mucho más tranquilo que el imaginado meses atrás, el Congreso comienza este lunes con el período de sesiones extraordinarias convocadas por Javier Milei. El llamado durará hasta el viernes 27 de febrero —el domingo 1 de marzo, el primer mandatario inaugurará un nuevo período ordinario— y el Gobierno libertario depositó su mayor energía, ya desde diciembre último, en un proyecto con horas definitorias en el Senado: la reforma laboral.
Entre las tácticas del Gobierno para desviar la atención y el -llamativo- silencio de varios senadores, la disputa por la ley laboral empezó a caminar sobre la delgada línea de lo posible y probable, aunque las ventanas por donde suele meterse el diablo también se abrieron. Y, con LLA que quiso avanzar en diciembre y no pudo, la fecha de sesión -informal, por ahora- y un segundo intento para la semana próxima elevan la temperatura de la Cámara alta. Todo esto, con un kirchnerismo casi en silencio. Es decir: todo dependerá, en gran parte, de cómo se mueva la Casa Rosada. Y, en estas áreas, todo es complejo.
Con el foco en mandatarios provinciales, la resistencia principal apunta a la inevitable caída en la Coparticipación. Los distritos olvidan recordar que quien más perderá, en este sentido, será la Nación. También es cierto que, al tener los resortes del Estado, dicho hueco sería cubierto de manera ágil. No es lo mismo en el caso del interior. No obstante, ya se cumplieron dos años de un ajuste severo y, sin dudar, un aditivo que tensa la convivencia con senadores no tan interesados en la ideología, bronce o trascendencia eterna, sino en el día a día. Debajo de ellos aparecen los “busca”, que nunca faltan y aprovechan cada ocasión para arañar al Ejecutivo de turno.
Otro proyecto con dictamen listo en la Cámara alta y que interesa a varios gobernadores —poco y nada se habló en las últimas semanas— es el que aplica modificaciones varias en la Ley de Glaciares, con dos lados de la biblioteca muy distanciados y millonarias inversiones en juego. También se encuentran en el temario, entre otros ítems, el acuerdo Mercosur-Unión Europea y el pliego, como embajador político, de Fernando Iglesias.
Las últimas dos cuestiones implican armado de comisiones, un territorio siempre áspero, con oficialistas y aliados que se matan por estar y “ser parte”. Ni hablar de presidir. Lo que pase luego será anecdótico. Bajo esa realidad y la integración descrita, enfrentará Milei un nuevo período de sesiones extraordinarias.