Por primera vez, el Ministerio de Salud de la Argentina difundió datos sistematizados sobre intentos de suicidio, recogidos a través del registro nacional e incorporados al sistema oficial de vigilancia sanitaria. Este avance, presentado en el Boletín Epidemiológico Nacional Nº 788, publicado el 29 de diciembre de 2025, marca un cambio sustancial en el enfoque habitual sobre el suicidio.
“En el apartado de Actualización Periódica de Eventos se presenta la actualización del informe sobre la implementación del sistema de vigilancia de los intentos de suicidio y la situación epidemiológica del evento. Esta sección describe los antecedentes y el proceso de implementación de la vigilancia, las jurisdicciones y establecimientos participantes, el volumen total de notificaciones registradas desde su incorporación al sistema y una síntesis del estado de implementación. Asimismo, se presenta el análisis de la notificación de los intentos de suicidio con y sin resultado mortal, la síntesis de la situación epidemiológica y las acciones desarrolladas por el Ministerio de Salud en el abordaje integral de la problemática, junto con recomendaciones dirigidas a los equipos de salud para la prevención, el abordaje de los casos y el monitoreo y sostenimiento de la vigilancia epidemiológica”, señala el informe en sus primeros párrafos.
Registrar de manera adecuada es una condición necesaria para prevenir mejor, y esto resulta especialmente relevante en temas históricamente relegados, como la salud mental y, en particular, el suicidio. En Junín, el único espacio gubernamental dedicado a brindar este tipo de atención es el HIGA Junín, donde —como ocurre en la mayoría de las áreas— la voluntad de los profesionales contrasta con la sobredemanda, lo que termina afectando la eficacia de las intervenciones.
El intento de suicidio fue incorporado como evento de notificación obligatoria en la última actualización del Manual de Normas y Procedimientos (Resolución 2827/2022), y su notificación se implementa de manera progresiva desde el 1º de abril de 2023.
DATOS, NO RELATO
El Sistema Nacional de Vigilancia en Salud (SNVS 2.0), incorporado al Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentina (SISA), reportó 22.249 eventos entre el 1º de abril de 2023 y el 31 de octubre de 2025. De ese total, 20.928 corresponden a intentos sin resultado mortal (95%) y 1.218 a intentos con desenlace fatal (5%). Los datos muestran una proporción de 17,2 intentos no fatales por cada intento mortal.
En un artículo reciente publicado en Infobae, el médico psiquiatra Enrique De Rosa Alabaster advierte que “estas cifras pueden llevar a la confusión, ya que lo central no es el número relativamente bajo de casos mortales, sino lo que permiten comprender: que los intentos existen, que se repiten y que hay patrones que pueden ser estudiados para anticiparse a ellos”.
“Es clave entender que los intentos no deben llevar a minimizar el suicidio, sino todo lo contrario, ya que muchas veces el intento es el último aviso antes del desenlace. Una primera enseñanza es que casos que tienden a banalizarse por no ser ‘exitosos’ pueden resultar de enorme importancia”, puntualiza el especialista, quien también se desempeña como médico legista.
Los datos precisos permiten analizar patrones de recurrencia, diferencias entre géneros y la importancia del cuidado posterior al intento
EDADES TEMPRANAS
Hay un dato que resulta particularmente conmovedor y que debería ser motivo de un abordaje urgente en relación con las franjas etarias.
Respecto de la distribución por edad, puede observarse que la mayor cantidad de casos se concentra en adolescentes y adultos jóvenes, entre los 15 y los 34 años. Sin embargo, las tasas más elevadas corresponden a los grupos de 15 a 19 años (124 casos cada 100.000 habitantes) y de 20 a 24 años (114 casos cada 100.000 habitantes).
Según el psiquiatra, “este rango etario combina múltiples factores de riesgo: una presión social intensa, la confusión entre el mundo representado en las redes sociales y la realidad concreta en la que muchas veces no logran insertarse, la hiperexposición, vínculos sociales frágiles y el aumento de la sensación —o la realidad— de soledad, incluso dentro de entornos supuestamente acompañados, como la escuela o la familia”.
Agrega, además, “un acceso constante a estímulos de retribución inmediata que desregulan el sistema nervioso. Es importante entender que los jóvenes que vemos en situación de riesgo no responden a un episodio momentáneo, sino a una deconstrucción psíquica o a una falta de integración de larga data, que se va gestando a lo largo de los años”.
En relación con el sexo y su vínculo con la edad, se verifica que, para todos los grupos etarios —con excepción de los mayores de 65 años—, las tasas más elevadas corresponden al sexo femenino. El grupo de 15 a 19 años presenta las tasas más altas de intentos de suicidio de todos los grupos de edad y sexo, duplicando incluso las tasas de los varones en la misma franja.
De manera consistente con la estadística internacional, se observa que hay más intentos en mujeres (61%), aunque con un resultado mortal en el 2,1% de los casos, mientras que en los varones la letalidad asciende al 10,8%, es decir, cinco veces mayor, a pesar de registrarse menos intentos.
Por cada suicidio consumado en Argentina se notifican 17,2 intentos no fatales en el sistema oficial
Las explicaciones observadas a nivel mundial indican que los varones consultan menos, llegan más tarde al sistema de atención y atraviesan las crisis con mayor aislamiento. No se trata de un rasgo psicológico individual, sino de un fenómeno sociocultural sobre el cual resulta imprescindible trabajar.
En cuanto a los lugares donde ocurren estos episodios, el informe aporta un dato significativo: la mayoría de los casos (85,7%) ocurre en la vivienda propia o familiar, y solo el 9,5% en ámbitos públicos. Existe una percepción extendida de que el riesgo está “afuera”, en la calle, cuando en realidad muchas veces se manifiesta en lo cotidiano, en horarios o días críticos y en momentos de aislamiento.
Para De Rosa Alabaster, “otro aspecto que se desprende del informe es que cuando ‘pasó la crisis’ no significa que el riesgo haya terminado. De los casos registrados, 19.013 personas tuvieron un solo intento, pero 2.264 registraron dos intentos, y existen casos con mayor recurrencia. Esto lleva a una conclusión práctica: el trabajo preventivo no termina cuando baja la tensión del episodio. En muchos casos, allí comienza la etapa menos visible, pero más importante: el seguimiento y la reducción del riesgo de recurrencia”.
En la Argentina, la aparición de datos no implica que todo esté resuelto, pero sí marca el inicio de una medición sistemática de un fenómeno que antes quedaba subregistrado o directamente negado. Aquello que se conoce y se puede medir permite diseñar políticas públicas de salud más eficaces.

El propio boletín aclara que el crecimiento en las notificaciones puede vincularse con la implementación progresiva del sistema, la incorporación de más jurisdicciones y la consolidación de los circuitos de registro. Es decir, que la aparición de cifras no necesariamente indica un aumento proporcional del fenómeno, sino una imagen más precisa de la realidad.
En 2015 se aprobó en la Argentina la Ley 27.130 de Prevención del Suicidio, aunque recién en 2021 fue reglamentada mediante el Decreto 603. Dicha norma ya contemplaba la creación de un sistema de registro estadístico sobre intentos y suicidios como parte de la política pública.
El cambio sustancial, y de allí la relevancia de estos datos, es que ahora la discusión deja de ser abstracta. Con información concreta, es posible planificar recursos, capacitar equipos, focalizar acciones por edad y territorio y mejorar la detección temprana.
La franja etaria con mayor riesgo se encuentra entre los jóvenes de 15 a 24 años
HABLAR ES CLAVE
Otro aspecto central es que estos datos también permiten reflexionar sobre cómo comunicar —y cómo no hacerlo—, qué hacer con la información disponible y, especialmente, qué evitar.
Cada vez resulta más claro que hablar del suicidio ayuda. El “de eso no se habla” no puede formar parte de quienes tienen la responsabilidad de comunicar o de dirigir políticas públicas. Comunicar mal daña y puede resultar peligroso.
Existen en la Argentina y en el mundo recomendaciones específicas, tanto de autoridades sanitarias como de organismos internacionales, para una comunicación responsable, con enfoque de salud pública y sin sensacionalismo. La relación entre modalidades comunicacionales y sus efectos es un tema recurrente en la literatura científica.
En sus trabajos sobre el papel de los medios de comunicación en el suicidio —tanto consumado como evitado—, Thomas Niederkrotenthaler introduce dos conceptos fundamentales: el efecto Werther y el efecto Papageno.
“Estos conceptos remiten a obras de Goethe y Mozart. La conclusión central es que la forma de cobertura puede generar dos efectos opuestos: el efecto Werther, asociado al contagio y la imitación cuando se idealiza el suicidio o se brindan detalles morbosos; y el efecto Papageno, que se produce cuando se acompaña, se ofrecen alternativas, se visibiliza la ayuda disponible y se fomenta la resiliencia”, sintetiza el especialista.
“Es evidente que importa el contexto y el conjunto de señales, no el dato aislado. Sin embargo, no hay que esperar indicadores perfectos: el riesgo no siempre se presenta con un guion previsible. Ante una alerta, aun en la duda, pedir ayuda y fortalecer una red de contención inmediata nunca es un error”, concluye.
Si usted o alguien cercano está atravesando una crisis, pedir ayuda de inmediato:
Centro de Atención al Suicida: 0800-345-1435
HIGA JUNIN 0800-333-4367
Conmutador 0236 4433108