viernes 6 de febrero de 2026

CULTURA | 6 feb. 2026

La concurrencia cayó un 23% en el país

El cine tuvo el peor enero en 24 años en la Argentina

07:57 |La venta de entradas en el primer mes del año se desplomó, en una tendencia que no encuentra su piso. La crisis económica, la consolidación de los servicios de streaming, la irrupción de las series como género predilecto y algunas decisiones de los complejos multisalas y de las distribuidoras, entre las causas del fenómeno.


El cine en Argentina no para de caer: al desfinanciamiento y vaciamiento que el gobierno nacional viene realizando del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) se le suma un paulatino descenso en la cantidad de entradas vendidas. La taquilla de enero en las salas argentinas no deja lugar a dudas: en los 31 días del primer mes del año se vendieron 2.085.576 tickets en las boleterías del país, lo que representa una baja del 22,93 por ciento respecto del mismo período del año pasado. El abrupto descenso en la concurrencia a los cines significa un piso histórico para enero, el mes de menor asistencia desde 2002, sin contar el 2021, cuando la pandemia de Covid cerró los cines y los espacios colectivos de entretenimiento.

Lo que sucede en las salas de cines argentinos -sumando los grandes complejos, los espacios independientes “no pochocleros” y los cines de barrio en pequeñas ciudades de todo el país- alcanza su real dimensión cuando se analiza la cantidad de entradas que se perdieron en un año: fueron 610.087 tickets menos los vendidos en el mes que acaba de terminar en relación a enero de 2025, cuando la taquilla había alcanzado una concurrencia total de 2.695.663. Si la comparación se extiende a enero de 2018, mes en el que se vendieron 4.443.382 entradas en las salas argentinas, el derrumbe es catastrófico: la caída en la concurrencia supera el 60 por ciento en sólo siete años.

Si bien la concurrencia a los cines está en descenso en todo el mundo desde hace años, en Argentina ese fenómeno se da muchísimo más aceleradamente. Este desfasaje local puede obedecer a la situación económica del país, que sin dudas es un condicionamiento que no se puede negar, dada la caída en el consumo de distintos rubros. El cine no está exento al estancamiento económico que vive el país.

Sin embargo, la caída de la concurrencia a las salas cinematográficas es más profunda que en otras actividades de entretenimiento en Argentina. Vale un ejemplo: mientras que en 2025 la caída de entradas vendidas en los cines locales fue del 6 por ciento en comparación con 2024, en el teatro el año cerró un 3 por ciento arriba.

El comportamiento de la taquilla entre ambos artes durante enero 2026 mantiene la tendencia observada en 2025: mientras que el teatro en la Ciudad de Buenos Aires creció un 10 por ciento y en Mar del Plata se cortaron alrededor de un 8 por ciento menos de tickets en este mes del año, en los cines el desplome fue de casi el 23 por ciento.

El mejor funcionamiento de los espectáculos en vivo -como el teatro o los recitales- es la más clara prueba de que el cine sufre avatares que trasciende al condicionamiento económico. El feroz ataque del gobierno nacional al cine nacional y a sus representantes, con la paralización del Incaa como promotor cinematográfico, asestó un duro golpe a la producción argentina, con menos películas filmadas y estrenadas, lo que en parte puede haber incidido en una cartelera menos atractiva para los amantes del cine nacional.

Desde octubre de 2025 que la asistencia a los cines no se recupera, con descensos que alcanzaron hasta un 33 por ciento. Lo de enero no es un hecho aislado.

Los servicios de streaming como Netflix, HBO Max, Prime Video, Disney+, Apple TV o MUBI asestaron un duro golpe al ritual de ir al cine. No solo porque ofrecen catálogos ilimitados de películas de todo tipo, género y procedencia, con ventanas cada vez menores de exhibición entre su estreno en pantalla grande y la llegada a las plataformas, sino porque además ofrecen abonos mensuales que redundan ser “económicos” en relación al gasto que sumaría que cada integrante de al familia concurra al cine varios días al mes.

El desmoronamiento que sufre una de las salidas más arraigadas en la sociedad argentina, como es ir al cine a ver una película, no parece tratarse de una cuestión coyuntural o estacional, sino de un fenómeno más profundo. De hecho, este peor enero en 24 años -sin contar el primer año de pandemia- tuvo en cartelera a películas como Avatar: fuego y cenizas y Zootopia 2, los dos tanques hollywoodenses que fueron las más vistas del mes (vendieron 732.234 y 401.870 entradas, respectivamente), aunque muy por debajo de los registros de sus anteriores films de las sagas.

Un dato: Zootopia 2 se convirtió en la película de animación más taquillera de la historia de Hollywood, superando los 1700 millones de dólares a nivel mundial, dejando atrás las cifras alcanzadas por Intensamente 2 (U$S 1,690 millones) y Frozen 2 (U$S 1,450 millones). O sea: la caída se agudiza mucho más en Argentina que en el resto del mundo.

Entre las novedades en el consumo audiovisual que trajeron las plataformas extranjeras hay una que sobresale como factor relevante a la hora de pensar la crisis del cine: se está viviendo la era de las series.

Desde hace años, los contenidos seriales se transformaron en la principal elección de entretenimiento audiovisual en el mundo. Hay muchas más series al acceso de todos y para todos los intereses, y con altísimos presupuestos que -aunque no siempre garantizan calidad artística y narrativa- posibilitan grandes producciones.

En la actualidad, el cine compite de igual a igual con las series, que se transformaron en el nuevo tema de conversación en la calle, el trabajo o las reuniones sociales. La irrupción de los servicios de streaming marcó una bisagra insoslayable en el consumo audiovisual, al punto que figuras del cine -desde directores a actores, pasando por guionista so productores- se volcaron masivamente a las series.

El avance de la tecnología mucho tuvo que ver para que ese fenómeno tuviera tan rápida masividad. Mientras hace algunas décadas el séptimo arte ocupaba un lugar privilegiado, garantizando experiencia única para ver en pantalla grande, desde hace años la tecnología permitió mejorar la experiencia audiovisual hogareña (pantallas de mayor tamaño, sistemas de sonido amplificado y envolvente, etc). La distancia entre una experiencia y otra se fue acortando, aún cuando nada puede reemplazar a la situación de ver una película inmerso en una sala de cine.

No es casualidad, entonces, que los complejos de cine ofrezcan cada vez más servicios y experiencias que los distingan del visionado hogareño: a la venta de snacks se sumaron salas para comer platos elaborados (!) y funciones con sectores XBox (tipo simuladores) o 4D. Una apuesta que trasunta en un arma de doble filo para la concurrencia a los cines: así como puede representar un atractivo para cierto público y una mayor rentabilidad para los complejos, seguramente resulta un nuevo hábito de consumo que expulsa al espectador más tradicional.

Entre la apretada situación económica argentina, la consolidación de los servicios de streaming como fuente de entretenimiento de calidad, las decisiones de las distribuidoras cinematográficas de tender hacia los estrenos de películas dobladas como única opción y las consecuencias del ataque del gobierno a la producción nacional, la situación del cine en Argentina atraviesa una de sus crisis más profundas. Un panorama oscuro, que la comunidad cinematográfica argentina deberá tomar nota para volver a hacer de la ”salida al cine” una opción elegida por todos los públicos.

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