Según estimaciones privados, la inflación de enero habría cerrado en torno al 2,4%, pero el detalle que deberá sortear el Gobierno tiene que ver con un error no forzado, que produjo la salida de Lavagna del Indec y la generación de desconfianza sobre el método de medición de los precios.
El titular del organismo buscaba implementar un nuevo mecanismo para reflejar la inflación, y esa acción lo terminó eyectando de Casa Rosada, desde donde pretenden continuar con la antigua medición.
Todo este movimiento produjo malestar social, y fue aprovechado por la oposición para cuestionar al Gobierno, acusándolo de maniobrar los datos en beneficio propio.
Alimentos y bebidas sería el rubro que más impulsó al índice de precios al consumidor de enero.
El martes se conocerá el número oficial, y sea cual sea el número, servirá para continuar alimentando la polémica.