Por: Redacción Semanario de Junín
NOTA DE TAPA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 500 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 7 AL 13 DE FEBRERO DE 2026
A la falta de trabajo en materia social por parte del municipio se le suma el desconocimiento y los vicios ocultos en el ámbito de la seguridad. Se trata de un cóctel que está causando una implosión en muchas familias juninenses y pone en riesgo la vida de pibitos de entre 8 y 12 años, que se convierten en soldaditos de adultos inescrupulosos, salen a delinquir y reciben palos y discriminación, cuando en realidad deberían contar con educación y contención.
El término “narcolandia” —adoptado por conocedores de la calle y de la inseguridad juninense— para definir el nuevo y delicado perfil que ha adquirido nuestra ciudad no es una exageración. Se trata de una realidad cruel y difícil de aceptar para quienes, desde su zona de confort, tienen las necesidades satisfechas y ponen “el grito en el cielo” sólo cuando le toca a su propia seguridad o a sus bienes, pero se desentienden cuando el perjudicado es el de al lado.
Decir que los funcionarios “duermen la siesta” no es una metáfora. Implica que, luego de cumplir su horario de trabajo de 8 a 14, se “desenchufan” del celular, no atienden reclamos y menos aún pedidos de ayuda relacionados con necesidades de sectores vulnerables o con cuestiones ligadas a la inseguridad.
Al menos todavía queda un puñado de medios de comunicación adonde no llega la pauta oficial para replicar el “mirá lo que hicimos esta semana”, un compendio de boludeces que se repite desde hace diez años, con un poco más o menos de papel picado y serpentina.

Son algunos programas de TV, radios y portales de noticias realmente independientes del municipio los que recaban el dato que mata al relato de saltimbanquis de la política que cuidan su conchabo como buenos ganapanes y defienden una gestión que hace agua mucho antes del interinato del cuñado, quien —en modo influencer— suma horas en redes sociales en lugar de hacerlo en su despacho, atendiendo los problemas reales y no las veleidades virtuales.
“Lo que pasa en materia de seguridad es responsabilidad del municipio”, decía hace años Luis Chami
En tanto, el “abandónico” que subió al Senado para llevar el “modelo de Junín” a La Plata, sigue replicando su patética forma de gobierno: se sube al estrado para festejar las que salen bien y, por el contrario, le echa la culpa al gobernador por aquellas que se le van de las manos.
Los cuestionamientos son bien claros. Desde hace tiempo, en las calles de Junín hay bandos que se están matando entre ellos en pugna por el manejo de la droga. Tal como lo señaló el fiscal federal Eduardo Varas hace algunos meses a la prensa, Junín ha dejado de ser un lugar de paso de estupefacientes para convertirse en uno de distribución, bajo la mirada desatenta de funcionarios municipales que se arrogan tener el “control ciudadano” y no pueden cuidar una bicicleta que se roban bajo las cámaras de monitoreo que se esparcen por centenares en la ciudad, pero que llamativamente “no se ven”. Claro, como dice el refrán, no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Una parte de la sociedad está hipnotizada por las pantallitas que, a través del algoritmo, muestran al jefe interino bronceado: hoy manejando un kayak, mañana repartiendo autofotos en una fiesta pueblerina, pasado haciendo correr a deportistas a cambio de una cerveza.
Droga, corrupción e ineptitud forman una cadena sostenida por la desidia de funcionarios que sólo buscan a quién echarle la culpa
TESTIMONIO DESGARRADOR
El relato pormenorizado de la abuela de un menor en Canal 10, hace unos días, es desolador. Habla desesperada de su nieto, Jairo, de 12 años; de los padres del chico, que cayeron en el consumo problemático y no pueden atenderlo; de las amenazas que profieren los mismos soldaditos de entre 10 y 13 años entre ellos. El descontrol en las calles de Junín se asemeja al Lejano Oeste. Rige la ley de la selva, traducida en frases como: “te quemo la casa”, “te quemo el auto” o “te mato al pibe y a toda tu familia”.
A la falta de trabajo en materia social por parte del municipio se le suma el desconocimiento y los vicios ocultos en el ámbito de la seguridad
Los directores municipales creen que alcanza con llevar dos paquetes de polenta y un colchón, mientras que para la Justicia se trata de una carpeta más que alguien de segunda línea aumentará de volumen, llevará a firmar y luego dejará archivada, a pesar de tratarse de un tema urgente. Mientras tanto, los pibitos aprenden a delinquir y se agrupan para cometer robos piraña en la zona del barrio La Vaca, entre otros. Sobre las pibitas se abaten el abuso sexual y la prostitución promovida por los mayores.

Por su parte, la policía persigue al “problemático” para cagarlo a palos y boludearlo, de modo tal que siga acumulando odio y bronca. Nadie piensa en la posibilidad de que ese pibito vuelva a la escuela o recale en un lugar de contención y no en una mazmorra municipal o provincial —porque el gobierno nacional ya recortó— que, con el título de “abrigo”, sólo abriga a quienes dirigen el lugar con sueldos caros y profesionalidad de gente barata. Para los “Jairos” de Junín sólo cabe la punitividad.
Legisladores y adláteres de la “mano dura” celebran la baja de la imputabilidad sin saber que se están pegando un tiro en el pie
Legisladores y adláteres de la “mano dura” celebran la baja de la imputabilidad sin saber que se están pegando un tiro en el pie, porque no hay más lugar en las cárceles y los centros para menores son tan fríos y crueles como la misma calle.
Vaya contrasentido: mientras Pablo Petrecca ha sido un enfervorizado detractor de la ampliación de cárceles en Junín y, a la vez, defensor de poner presos a menores de 14 años, la pregunta es evidente: ¿dónde cumplirán su condena?
Si detienen a 30 pibes en Junín, ¿se los lleva Petrecca a su mansión de calle Italia?
Que alguien explique adónde van a parar estos chicos para su recuperación y contención.
El sistema carcelario lleva décadas colapsado y seguramente haya más presos a “cielo abierto” que en las penitenciarías bonaerenses. Muchos de ellos con condicionales, salidas transitorias y tobilleras. Parte del mismo grupo que termina juntándose para cometer ilícitos de alto vuelo: “cuentos del tío”, estafas multimillonarias, asaltos a camiones y la logística de la droga.

Los mismos que roban autos, motos, bicicletas, casas, quintas, negocios y todo lo que se les cruza. De hecho, la sede de la UNNOBA en calle Newbery (no en el barrio San Cayetano) sufrió dos robos del tipo escruche en los últimos días. Además, un septuagenario fue abordado de madrugada por delincuentes encapuchados en su domicilio —a la vuelta del senador Petrecca— atado de pies y manos y golpeado para robarle sus ahorros. El dato termina de desarmar el relato berreta del petrequismo: Junín parece haberse convertido en un lugar de oportunidades, pero sólo para los delincuentes.
Nadie frena nada. Hay desconocimiento de lo que hay que hacer y el sistema de seguridad arrastra incontables vicios, motivo por el cual termina resultando inútil.
Petrecca reclama que la Provincia le apruebe los patrulleros que la propia Provincia paga, pese a haber comprado los peores del mercado para ahorrarse algunos pesos y destinarlos a fines que nadie conoce. Mientras tanto, quienes siguen de cerca las vicisitudes en materia de inseguridad aún quieren saber qué pasó con la veintena de patrulleros que llegaron oportunamente a Junín y terminaron en un cementerio de autos a los pocos meses. Para peor, aseguran que los seis nuevos patrulleros estarán fuera de combate en menos de un año, debido al trato que les da el personal y a las características del modelo.
La policía persigue al “problemático” para cagarlo a palos y boludearlo, de modo tal que siga acumulando odio y bronca
TODO SE TAPA
Juan Fiorini sigue el manual de su cuñado y de los “quinta columna” parasitarios que mantiene en planta, ocupados en visitar periodistas amigos cuando “las papas queman” y en llamar a los “quejosos” con falsas promesas para “recordarles todo lo que los ayudaron” en algún momento. El “toma y daca” está incorporado desde la cuna de la gestión.
Pero la manta es corta: donde se tapa, se destapa en la otra punta. Industriales y comerciantes están cansados de los saqueos cotidianos y reclaman a la comisión directiva de la entidad que los nuclea que desnude la situación y deje de jugar a las buenas noticias. Además, atraviesan una crisis económica profunda; por lo que sumar inseguridad es darles el tiro de gracia.
Una investigación publicada esta semana por el diario “La Razón de Chivilcoy” asegura que el robo de motos se consolidó en dicha ciudad y que habría una conexión operativa entre ese distrito, Chacabuco y Junín, que permite a los delincuentes dificultar la localización de lo sustraído. La “velocidad” con la cual desaparecen las unidades robadas debido al desmantelamiento de las mismas para convertirlas en repuestos, hace pensar que en nuestra ciudad existe una logística bien diseñada para este tipo de ilícitos. Pero ¿quién investiga?
Por otra parte, el Parque Industrial de Junín parece tierra de nadie. Cámaras tapadas por plantas y pedidos de poda que no se atienden. En el fondo del predio —que debería ser la “joya” de la economía regional— delincuentes cortaron alambrados y saquearon empresas. Incluso, un empresario vio el robo por cámara, llamó a la policía y cuando llegó, más de media hora después porque estaba de viaje, el patrullero todavía no había arribado. La frustración en el comercio y la industria escala a niveles inimaginables.
Lo del petrequismo preocupa: gestiona la seguridad con una tasa superavitaria, de la cual sólo destina el 60 %, deja patrulleros sin repuestos y vuelve a pedir la policía municipal
“Lo que pasa en materia de seguridad es responsabilidad del municipio”, decía hace años Luis Chami. Hoy juegan al Antón Pirulero: ¿yo señor? ¿no señor?
“Narcolandia” es el dato. Petrecca, el relato.
Droga, corrupción e ineptitud forman una cadena sostenida por la desidia de funcionarios que sólo buscan a quién echarle la culpa. En el medio, la vida de los vecinos —de los más chicos a los más ancianos— rueda cuesta abajo en un Junín de oportunidades, sólo para los peores.