Por: Redacción Semanario de Junín
NOTA DE TAPA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 503 DE SEMANARIO DE JUNÍN, SEMANA DEL 28 DE FEBRERO AL 6 DE MARZO DE 2026
Cientos de jóvenes miran cada mañana los portales o salen a repartir currículums por comercios y empresas con la esperanza de un llamado salvador.
Adultos mayores se desviven por conocer si pueden ejercer de acompañantes de otros más mayores e impedidos para hacerse de una moneda que les permita llegar a fin de mes, cuando recién es el día 10 y se quedaron sin plata. Entonces se desmorona el comentario idiota de aquellos que repiten que “acá no trabaja el que no quiere”.
El portal de empleo del municipio en internet te recibe con una bienvenida: “tales empresas”, unas 15, están buscando personal, pero en la búsqueda no aparecen con solicitudes. Hay unos 40 pedidos registrados en las últimas dos semanas, la mayoría con calificación profesional en rubros de salud, agro y ventas.
Menos de medio centenar de ofertas de empleo para una ciudad cuya población activa laboralmente es de unos 50 mil trabajadores y los que tienen empleo día a día mandan un ruego al universo para poder mantenerlo y no caer en la desgracia de cientos de miles que pagan los platos rotos de una fantasía con nombre de programa económico que se viene llevando puesto no sólo a los trabajadores, sino también a las micropymes, empresarios pymes y otros grandes holdings, aunque los daños colaterales siempre -pero siempre- los sufrirán los laburantes ubicados en el palo más bajo del gallinero, aunque todavía algunos crean que “todo sigue de acuerdo al plan” y que ese plan jugará a su favor.
La situación es casi apocalíptica porque los que se alegraron hace uno o dos (o diez) años cuando consiguieron un empleo, hoy vuelven a casa y encuentran el telegrama. El panorama cambió, ya no se trata de llegar a fin de mes con el sueldo, sino de llegar con empleo.
Las grandes superficies, como llaman a las cadenas de super y electrodomésticos, padecen tanto como los chicos y aunque tengan espalda ya se empieza a encorvar y más de uno pidió la toalla
Es difícil creer que después de dos años de caída de la economía real, la que palpamos día a día mirando los resúmenes de cuenta y la heladera, podrán corregirse las dificultades antes que sigan cayendo ciudadanos al pozo de la desolación, mientras otros tantos se acercan al precipicio sin más.
Las historias que se recogen en los comercios son tristes de punta a punta, porque la cuentan aquellos que abrieron su emprendimiento hace 50 años y terminaron bajando la persiana, como los que sólo duraron cinco meses con un proyecto en el que invirtieron todo y se quedaron sin nada.
Y allí llegaban los currículums de jóvenes y no tanto, que pretendían conseguir un trabajo, seguramente en negro, para poder sobrellevar los mínimos gastos diarios y, tal vez, colaborar en la cuenta familiar, que también sufre la inflación que el gobierno y sus adláteres dicen que “controlaron”, pero sigue comiéndose al salario como si fuera un parásito intestinal.
Las grandes superficies, como llaman a las cadenas de super y electrodomésticos, padecen tanto como los chicos y aunque tengan espalda ya se empieza a encorvar y más de uno pidió la toalla.

El dato mata al relato: desde noviembre de 2023, la Argentina registró la desaparición de 21.339 empresas empleadoras privadas y la provincia de Buenos Aires figura como la más afectada, con la pérdida de 5.832 compañías, una cifra que refleja su peso dentro del entramado industrial nacional.
En ese mismo período, según detallaron desde el gobierno bonaerense, en la provincia se perdieron cerca de 62.000 puestos de trabajo. La situación se volvió más compleja en los últimos meses, tras el cierre de varias plantas y comercios de importantes firmas, entre ellas, Fate y Whirlpool.
Más allá de los problemas particulares de cada compañía, existe un denominador común que impulsa la crisis: la última encuesta de tendencia de negocios que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) arrojó que la debilidad del mercado interno constituye el principal límite para expandir la producción en el 53,5% de las empresas. Muy por detrás se ubicaron factores como el costo laboral, la presión impositiva y las dificultades financieras.
La ecuación es sencilla: con un salario pisado y una inflación todavía descontrolada que supera el 30% al año, luego de 26 meses del nuevo gobierno, resulta lógico que “la plata no alcance”.
El presidente Javier Milei arrancó su gobierno bajo el lema “no hay plata”. Si no hay plata no hay consumo, si no hay consumo no hay empresas, si no hay empresas no hay empleo. “Usted está aquí”, podría rezar el cartel luminoso. Y lo peor que tampoco hay miras de mejorar sino de empeorar en el mediano y corto plazo.
Muchos trabajadores siguen cobrando el fondo de desempleo que un día finiquitará. Otros se gastan sus ahorros y han cobrado la indemnización. Están aquellos que se volcaron a ofrecer servicios de taxi o pedidos a través de las aplicaciones, pero los que están dentro del circuito laboral comienzan a achicar gastos ante la caída del salario, toman menos transporte y piden menos delivery.
El dato mata al relato: desde noviembre de 2023, la Argentina registró la desaparición de 21.339 empresas empleadoras privadas y la PBA figura como la más afectada
El resultado parece ser catastrófico ya que nadie del oficialismo puede explicar con certezas de qué manera llegará el crecimiento de la economía doméstica, porque en los papeles parecería que desarrollamos a tasas chinas, y lo de China que adquirimos es comer arroz todos los días para poder cumplir al menos con dos comidas.

ESCONDER LA REALIDAD
Por ejemplo, en Azul se perdieron 2.500 empleos registrados en 2025, según un informe oficial de la municipalidad, mientras por estas tierras el intendente interino Juan Fiorini está a la espera de que llamen para inaugurar un triciclo que vende tortas fritas y armar una gacetilla de prensa que luego repliquen en la tapa los medios amigos anunciando la “creación de puestos de trabajo con apoyo comunal”.
Fuera de broma, el cuñado del senador Petrecca, al igual que éste, se anotó en cada foto de inauguración pero ahora se hace el desentendido para decir cuántos empleos cayeron en el distrito.
Sólo por comparación, si en Azul el año pasado se perdieron 2.500 empleos registrados, Junín con un 30% más de población debiera rondar los 3.300 sin contar la sangría que ya se inició en estos dos primeros meses.
Claro que el gobierno local -emparentado con el gobierno nacional- celebra por estos días la posibilidad de implementar una aplicación de choferes de autos particulares para competir con remises y taxis. En tanto que los deliverys quedaron dentro de la reforma laboral que trata el Congreso Nacional, sin grandes ventajas.
Por su parte, provincia de Buenos Aires avanza en la redacción de un proyecto de ley que busca mejorar de “manera inmediata” las condiciones laborales de la totalidad de los trabajadores mediante plataformas, en cuya elaboración trabajan, de manera transversal, varios ministerios.
El ministerio de Trabajo intensificará las inspecciones en las “tiendas invisibles”, a las que el proyecto de ley define como “los establecimientos que, a puertas cerradas, realizan actividades de venta, almacenamiento, empaque y entrega de mercaderías, cuyos pedidos son objeto de transacción mediante plataformas digitales, y desde los cuales se efectúa la entrega a los repartidores”. Estas tiendas deberán cumplir con la legislación laboral vigente.
Estos centros tienen dos costados laborales a abordar: por un lado, los trabajadores de puertas adentro que tienen modos de trabajo a presión, y por otro lado los “repartidores”, que están usualmente estacionados o sentados en la vía pública, esperando a que se les asignen pedidos, con escaso o nulo acceso a condiciones de trabajo dignas.

El proyecto establece que la cartera laboral será la autoridad de aplicación de la norma. El proyecto contempla también que las empresas deban contratar, a su exclusivo cargo, un seguro de accidentes personales que garantice cobertura integral frente a los riesgos de la actividad, incluyendo muerte accidental, invalidez permanente y asistencia médica de emergencia.
Muchos trabajadores siguen cobrando el fondo de desempleo que un día finiquitará. Otros se gastan sus ahorros y han cobrado la indemnización
INVESTIGACIÓN Y DATO
Todo lo dicho más arriba tiene un correlato con lo que pasa en ciudades del interior. Precisamente, desde el Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), el proyecto “Desarrollo Socioeconómico de la Provincia de Santa Fe en la última década” viene monitoreando esta realidad acerca del empleo.
La investigación, codirigida por la Magister Verónica Véntola y bajo la dirección de Alicia Castagna, pone el foco en la franja etaria de los 18 a 24 años, un segmento que históricamente fue uno de los más permeables a los vaivenes de la economía regional.

Para contextualizar la situación actual, el equipo de investigación analizó la evolución del nivel de actividad económica en Rosario. Durante 2023, la región mostró una resiliencia particular, con un crecimiento moderado del 3,6% que contrastaba con los retrocesos a nivel provincial y nacional. No obstante, el panorama cambió en 2024. Los datos del segundo semestre reflejan caídas interanuales significativas en sectores claves que suelen absorber mano de obra joven: la construcción cayó al igual que lo hicieron la industria manufacturera y el sector de hoteles y restaurantes.
Este deterioro del tejido productivo, compuesto en el aglomerado mayoritariamente por PyMEs, impactó de manera directa y más profunda en los grupos más vulnerables.
De acuerdo a los datos procesados de la Encuesta Permanente de Hogares, en el Gran Rosario viven aproximadamente 145.000 jóvenes. De este total, el dato más impactante es que más de la mitad (50,7%) son hoy considerados inactivos: personas que no trabajan ni buscan empleo.
Verónica Véntola advierte sobre una tendencia preocupante entre el primer trimestre de 2023 y el último de 2024: mientras que la población joven que busca trabajo descendió un 41%, el universo de los denominados “Ni-Ni” (que no estudian ni trabajan) aumentó un 30%. “En estos dos años hubo una destrucción grande de puestos de trabajo para los jóvenes, y muchos de ellos pasaron a engrosar el universo de los inactivos, no de los desocupados. Esto indica un retiro del mercado, muchas veces por falta de expectativas o agotamiento de las búsquedas”, explica la investigadora.
La informalidad laboral, es decir el empleo sin aportes jubilatorios ni seguridad social, se consolidó como un rasgo estructural
Cuando se analiza a quienes sí están dentro del mercado laboral, la brecha es alarmante. Si la tasa de desocupación general en el aglomerado ronda el 7%, en los jóvenes este indicador escala hasta el 32% en algunos trimestres, lo que significa que el desempleo juvenil triplica o incluso cuadriplica la media general.
La calidad del empleo es otro eje crítico. La informalidad laboral, es decir el empleo sin aportes jubilatorios ni seguridad social, se consolidó como un rasgo estructural. Durante 2024, la informalidad juvenil alcanzó picos cercanos al 70%.
Por otro lado, la desigualdad de género marca una trayectoria diferenciada. Si bien los varones encuentran trabajo con mayor rapidez, suelen estar más expuestos a la informalidad.
En contrapartida, las mujeres jóvenes enfrentan tasas de desocupación más elevadas y una mayor tendencia a quedar fuera del sistema laboral bajo la calificación de “amas de casa”, lo que limita profundamente sus procesos de emancipación y autonomía económica.