Por: Redacción Semanario de Junín
EDITORIAL PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 504 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 7 AL 13 DE MARZO DE 2026
El petrequismo lo hizo de nuevo, en este caso sólo cambió el relator, pero el guión se repitió como otros años en el seno del Concejo Deliberante, un lugar en el que como su nombre bien lo indica, debiera ser un sitio para deliberar pero se ha transformado en un desfile de egos entre representantes que han llegado allí acompañando boletas encabezadas por otros personajes que poco y nada saben de Junín, ni les interesa.
No podía resultar más lógico que fuera el cuñado del intendente -hoy interino- el que leyera el discurso preparado por su pariente político, quien lo seguía desde la primera fila con su siempre sonrisa canchera.
Podía advertirse que Juan Fiorini solamente leía lo escrito sin emoción ante cada promesa, porque estaba allí con la única intención de terminar velozmente una situación en la que el miedo escénico lo carcomía.
Se trató de un acto de magia más del ahora senador provincial Pablo Petrecca, que llegó a la legislatura través de la alianza Somos Buenos Aires y hoy es jefe del bloque del PRO, partido del que les hizo creer que se había alejado (otro acto de magia).
El interino repitió viejas recetas, hartamente conocidas y que buena parte de la comunidad que no sigue el día a día de la gestión local, las engulle como si se tratara del comprimido de un placebo, creyendo que le hace bien, pero no tiene ningún efecto.
Más cuadras de asfalto que nadie contará, más cámaras que se perderán de observar cada robo, hurto y paliza a algún anciano por parte de los delincuentes.
Más luces para una ciudad donde la gestión de los servicios está en una profunda oscuridad.
Centro comerciales en lugares donde ya no pasa nadie. Más arbolitos en las veredas, perritos y gatitos castrados, para que no sigan cruzándose con las motos generando decenas de heridos.
Nada sobre las (ahora) dos terminales sin conclusión, el tránsito ruidoso y caótico, la mugre en las calles, la falta de planes de vivienda, la terminación de las unidades paralizadas y otras mentiras variadas.
Se trató de un intercambio de hipocresías entre los espacios políticos a los que nadie les presta la menor atención, en una fiesta para ellos mismos donde faltó comunidad, carente de pueblo; mostrando la triste paradoja, que no requiere de mayores explicaciones.
Ni una idea, ni un proyecto claro, prolijo, contundente… creíble; que sirva para el desarrollo y crecimiento de uno de los distritos más importantes de la provincia de Buenos Aires.
Un caleidoscopio de ineptitudes que no pueden presagiar nada bueno, máxime cuando ni la provincia y menos todavía la nación, se abocan a pensar en cómo mejorar la vida de los ciudadanos, envueltos en un marco de violencia mundial y desesperanza local, que llevan a dicotomías inventadas e infectadas, para lograr una polarización en el sentido estricto del “divide y reinarás”.
Fiorini nos presentó un viaje al futuro montado en un auto que le pagamos entre todos y en el que viajan sólo los pertenecientes al club de vividores del Estado, que en lugar de promover la felicidad del conjunto, la generan para ellos, sus familias y amigos.
El resto nos quedamos haciendo dedo, tratando de que las piernas tengan fuerza necesaria al menos para subirnos al desvencijado último vagón que, igualmente no nos llevará a ninguna parte.
