Por: Redacción Semanario de Junín
NOTA DE TAPA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 504 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 7 AL 13 DE MARZO DE 2026
La Municipalidad de Junín informó recientemente que el concesionario de la nueva terminal de ómnibus —inaugurada el año pasado por el entonces intendente Pablo Petrecca en plena campaña electoral rumbo al Senado provincial— aún debe atravesar un proceso de desarrollo que “hoy se traduce en movimientos de suelo y estructuras visibles detrás de los cercos de obra y que requirió de una compleja etapa administrativa previa”.
Traducido al lenguaje cotidiano, la explicación oficial confirma lo que muchos vecinos ya advertían: la inauguración se realizó con apuro.
Por ese motivo, hoy la nueva estación —ubicada frente a la Ruta Nacional 7, corredor de tránsito nacional e internacional— presenta un perímetro rodeado de chapas y sectores en obra que generan una imagen poco atractiva en uno de los accesos más importantes a la ciudad.
Lo llamativo es que, tras una década en la que la construcción permaneció prácticamente paralizada —cuando la obra iniciada durante la gestión de Mario Meoni había quedado aproximadamente en un 80 por ciento de avance— las explicaciones oficiales siguen apelando a promesas futuras para justificar lo que aún no logra completarse.

Actualmente la administración municipal está encabezada por el intendente interino Juan Fiorini, quien heredó una situación que continúa sin resolverse del todo y, en base a las falacias permanentes de este gobierno, nunca terminamos de saber a ciencia cierta cuál será el futuro de la cantidad de obras a medio hacer que tiene en su haber el petrequismo.
En abril del año pasado, luego de prolongadas gestiones, el municipio resolvió (después de una década) que no podía hacerse cargo de la administración de la terminal y decidió concesionarla por un período de treinta años.
El dato que llamó la atención fue que al proceso licitatorio se presentó un solo oferente: una empresa perteneciente al mismo holding que había construido la nueva terminal, Rowing, y que como parte del acuerdo, el concesionario recibirá el terreno donde funcionaba la antigua estación de ómnibus.
En abril del año pasado el municipio resolvió que no podía hacerse cargo de la administración de la terminal y decidió concesionarla por treinta años
La licitación contemplaba un esquema de explotación integral del predio. El adjudicatario debía hacerse cargo de la refacción, mantenimiento y operación del edificio, además de prestar servicios como boleterías, sanitarios, gastronomía, seguridad, limpieza, encomiendas y atención al usuario.
También se incluía la construcción de nuevos espacios comerciales, recreativos y culturales en terrenos aledaños, con la intención de generar un polo de actividad que potenciara el ingreso a la ciudad y promoviera el turismo.
El contrato estableció un período de transición durante 2025 y el inicio pleno del régimen de concesión a partir de 2026.
Sin embargo, a casi un año del corte de cintas, la terminal continúa mostrando dificultades. Durante este tiempo se detectaron distintos problemas constructivos, entre ellos desagües tapados, filtraciones y otras fallas que debieron corregirse.

Pero el dato más significativo es que, según distintas evaluaciones, sólo se habilitó aproximadamente el 25 por ciento de la estructura total. Un contraste evidente con las promesas de modernización y desarrollo que acompañaron el anuncio oficial.
En Junín se volvió frecuente una frase viral: cuando alguien llega al municipio con un problema, en lugar de solucionarlo suele salir con dos
PROMESAS EN RETROCESO, COMO EL CONSUMO
En declaraciones a medios locales, la secretaria de Servicios Públicos, Perla Casella —quien anteriormente se desempeñó como subsecretaria de Medio Ambiente— destacó el potencial de expansión comercial que tendría la terminal de cara a la ruta nacional 7.
Según la funcionaria, el complejo podría convertirse en un espacio de actividad económica relevante para la ciudad. Pero ¿arranca o no arranca?
Sin embargo, el planteo aparece en un contexto económico complejo: en Junín, como en gran parte del país, el consumo muestra una fuerte retracción, incluso por debajo de los niveles registrados durante el cierre de actividades provocado por la pandemia de 2020 y es más probable que se cierren emprendimientos a que se abran con inversiones de peso.
Consultada por el cerramiento que rodea al edificio, Casella explicó que la estructura principal está terminada pero que resta el desarrollo de los locales comerciales.
“La estructura ya estaba construida, pero el armado de los locales requiere una obra específica que debió atravesar un proceso de aprobación de planos y requerimientos técnicos”, señaló.
La explicación deja abierta otra incógnita: cuánto tiempo más demandará completar una obra que ya fue formalmente inaugurada y con un agravante, la política económica que se está llevando puestos al comercio y la industria.
La iniciativa presentada durante la gestión Meoni contemplaba la construcción de un edificio de gran altura sobre las calles Winter y Rivadavia
PROBLEMA + PROBLEMA
En Junín se volvió frecuente una frase que circula entre los vecinos: cuando alguien llega al municipio con un problema, en lugar de solucionarlo suele salir con dos.
Algo de eso parece haber ocurrido con la nueva terminal. A poco tiempo de su inauguración, el edificio quedó rodeado por cerramientos metálicos para permitir trabajos adicionales, alimentando la sensación de que el corte de cintas respondió más a una necesidad electoral que a la finalización real de la obra. Una marca a fuego petrequista.
Pero la situación no termina allí. A los inconvenientes de la nueva terminal ahora se suma la incertidumbre sobre el destino de la vieja estación, con una manzana sin un destino claro.

La arquitecta Laura Franco, directora de Planeamiento del municipio, confirmó recientemente que todavía “no existe un proyecto definitivo” para el predio donde funcionaba la antigua terminal.
“El proyecto original no es viable y no es el que se va a construir”, explicó.
Según indicó, la iniciativa presentada durante la gestión de Meoni contemplaba la construcción de un edificio de gran altura sobre las calles Winter y Rivadavia, pero esa propuesta excedía los indicadores urbanísticos permitidos para el área céntrica.
La funcionaria señaló que, en los últimos años, el municipio trabajó junto con el Colegio y la Asociación de Arquitectos para establecer lineamientos urbanísticos para el desarrollo del predio.
El objetivo, según explicó, es que el futuro proyecto represente un aporte urbano significativo y no altere negativamente el paisaje del centro.
De todos modos, Franco reconoció que todavía no existen definiciones concretas. Mientras tanto, las tareas actuales se limitan a la limpieza del lugar y a impedir el ingreso de personas, debido a los riesgos que presenta una estructura abandonada.
Lo que resulta inexplicable es que si hace años están analizando una solución entre los profesionales, porqué todavía no hay ninguna, cuando ya debiera entregarse el predio a su supuesto legítimo dueño y borrar los años de decadencia en los que se dejó abandonada la manzana completa, con un aspecto desagradable en pleno centro de la ciudad y que resulta lugar de paso para miles de potenciales turistas que poco podrían elegir a nuestra ciudad viendo la terminal de ómnibus que tenía, sin siquiera un kiosco para comprar pastillas y que terminó con baños químicos porque los originales eran un monumento al asco.
La situación del predio de la vieja terminal arrastra además un largo historial judicial. Hace más de doce años, un grupo de vecinos presentó demandas relacionadas con cuestiones ambientales y con la preservación de edificios considerados históricos.
En agosto de 2020, la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires emitió un fallo que desestimó parte de la denuncia, pero declaró inválida la ordenanza que habilitaba ciertos aspectos del proyecto urbanístico, entre ellos la posibilidad de construir un complejo de departamentos de gran escala.
A partir de esa resolución, el municipio debía rediseñar la propuesta aprobada durante la gestión anterior.
Los arquitectos que habían cuestionado el aumento de indicadores urbanísticos también remarcaron entonces la necesidad de someter cualquier nuevo desarrollo a estudios de impacto ambiental.
Sin embargo, hasta el momento no se han presentado avances significativos.
La situación del predio de la vieja terminal de ómnibus en pleno centro de la ciudad arrastra un largo historial judicial
DOS TERMINALES, UNA INCERTIDUMBRE
El resultado es una paradoja difícil de explicar. Por un lado, Junín tiene una nueva terminal de ómnibus que aún continúa en obra después de quince años desde el inicio de su construcción y que la gestión Petrecca se encargó de ponerle el pie encima, además de tener en su haber subsidios recibidos que rozan cuestiones relacionadas con la corrupción y que nadie investigó.
Por otro lado, la ciudad vio demoler la vieja estación sin contar todavía con un proyecto definitivo para una manzana emblemática del centro a pesar de las supuestas reuniones y de que los funcionarios debían resolver la cuestión de antemano.
Por esa falta de gestión, actualmente contamos con dos espacios estratégicos que deberían funcionar como motores de desarrollo urbano y que, por ahora, siguen atrapados en una historia de demoras, indefiniciones y promesas que aún esperan concretarse.
UNA OBRA ATRAVESADA POR QUINCE AÑOS DE DEMORAS

La historia de la nueva terminal de ómnibus de Junín se extiende por casi una década y media y refleja, en buena medida, los vaivenes políticos y administrativos que marcaron distintas gestiones municipales.
El proyecto comenzó durante la intendencia de Mario Meoni, quien impulsó la construcción de una nueva estación en el acceso a la ciudad sobre la Ruta Nacional 7, con la intención de trasladar el nodo de transporte fuera del centro urbano y acompañar el crecimiento del distrito hacia ese sector.
Durante esos años iniciales la obra avanzó con relativa rapidez y llegó a alcanzar cerca del 80 por ciento de ejecución. La estructura principal quedó levantada y el proyecto se perfilaba como una infraestructura estratégica para modernizar el sistema de transporte de pasajeros.
Sin embargo, el proceso comenzó a frenarse hacia el final de aquella etapa administrativa. Tras el cambio de gobierno local y la llegada al municipio de Pablo Petrecca en 2015, la obra entró en una prolongada etapa de paralización y revisiones técnicas y financieras.
Durante varios años la construcción permaneció prácticamente detenida, mientras el edificio inconcluso se convertía en una postal recurrente del acceso a la ciudad. A lo largo de ese período se sucedieron anuncios de reactivación, estudios de alternativas de financiamiento y revisiones de contratos, pero los avances concretos fueron escasos.
En paralelo, la terminal histórica ubicada en el centro continuó funcionando con problemas de mantenimiento cada vez más visibles, situación que también fue objeto de reiterados reclamos vecinales y de informes periodísticos.
Recién en los últimos años de la gestión Petrecca el municipio retomó el proyecto con mayor decisión. Finalmente, en 2024 se resolvió avanzar con un esquema de concesión privada para completar y administrar el complejo durante un plazo de treinta años.
El proceso licitatorio tuvo una particularidad: se presentó un único oferente, una empresa vinculada al mismo holding constructor que había ejecutado la obra original.
Pese a las expectativas generadas, la inauguración oficial de la terminal se realizó cuando el complejo aún no estaba plenamente terminado. Sectores importantes del edificio quedaron pendientes de desarrollo, en especial los espacios comerciales y áreas complementarias.
Hoy, mientras el concesionario avanza con obras internas y el predio permanece parcialmente cerrado con cercos de obra, la terminal continúa siendo un proyecto en transición.
De esta manera, lo que comenzó como una obra destinada a modernizar el sistema de transporte de Junín terminó convirtiéndose en una de las infraestructuras públicas más demoradas de la ciudad, atravesando tres períodos de gobierno municipal y acumulando más de quince años entre su inicio y su puesta en funcionamiento parcial.