El reconocido periodista Ernesto Cherquis Bialo falleció este viernes tras pelear contra la leucemia. El año pasado estuvo internado en el hospital Alemán de Buenos Aires a causa de ese mal. La gravedad de su cuadro motivó pedidos públicos de donantes de sangre y generó una ola de apoyos y oraciones entre colegas y seguidores.
Pero esa vez, su fortaleza y su ánimo hicieron un milagro. Él mismo relató las palabras que le dijo la médica que lo trató: "‘No tengo buenas noticias. La médula no funciona. Haga lo que tenga que hacer. Despídase de quien se tenga que despedir, firme los papeles que tiene que firmar’”
Sin embargo, el propio Cherquis logró salir adelante por unos meses más. Y en esa ocasión, contó lo que, finalmente, le ganó la pulseada: “Yo tuve un enfriamiento que se convirtió en un broncoespasmo, que se transformó en una pulmonía y que terminó, este, con una, una neumonía bilateral. La neumonía bilateral me produjo la falta absoluta de defensas y la falta absoluta de defensas hizo que dejara de funcionar mi médula. Y cuando mi médula dejó de funcionar, el organismo reaccionó con una leucemia”. Esta vez, el milagro no sucedió.
Tanguero (habitué por años al Viejo Almacén o Caño 14), futbolero (fana de San Lorenzo) y amante del box (el Luna Pak fue su segundo hogar y la oficina de Tito Lectoure, gran amigo, siempre estuvo abierta para él), era tan porteño como el Obelisco menos en el DNI. Es que sus padres -inmigrantes polacos y rusos- llegaron a Montevideo, Uruguay, donde Ernesto nació el 30 de septiembre de 1940.
Durante su carrera, Cherquis Bialo cubrió grandes eventos deportivos y fue testigo de momentos históricos, como el legendario enfrentamiento de ajedrez entre Bobby Fischer y Boris Spassky en Islandia en 1972, conocido como “el match del siglo”. Además, fue vocero de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y dejó una huella imborrable en la cobertura de peleas de boxeo y múltiples disciplinas deportivas.
Sus comienzos fueron, luego de un breve paso como pasante en Clarín, en 1962, en El Gráfico. A través de sus páginas, la revista fundada por Constancio C. Vigil en 1919, compartió un linaje de plumas históricas que fueron marcando la narrativa deportiva, empezando por el fútbol, el automovilismo y el boxeo, las tres disciplinas más populares, hasta que a mediados de los ‘70, a partir del boom Vilas, el tenis se sumará seguido a sus tapas. De hecho, hasta que en los ‘80 la televisión impone su poderío en cada fecha dominical, salir en la tapa de El Gráfico significaba llegar.

Ernesto Cherquis Bialo se sumó a un espacio por donde brillaron figuras de la talla de Borocotó y Frascara, y luego continuarán -según pasan los años- El Veco, Juvenal, Dante Panzeri, Osvaldo Ardizzone, Carlos Ares, Luis Hernández, Carlos Irusta, José Luis Barrio y Daniel Arcucci, por citar sólo algunas de las grandes firmas que dejaron su marca en la revista.
Realizó múltiples coberturas. Pero ante todo, la firma de Cherquis Bialo es sinónimo de box. En 1968, el popular vino Peñaflor empezó a auspiciar las transmisiones de boxeo en radio Splendid. “Me hicieron una oferta que no pude rechazar”, le gustaba decir en modo Marlon Brando en El Padrino. Por esa razón, hasta su regreso definitivo a la revista, durante años firmó como Robinson (el seudónimo que utilizó por su admiración a Ray Sugar Robinson)) dado que la revista exigía exclusividad.

Entre sus coberturas más destacadas se encuentran las épicas peleas de Muhammad Ali, como el histórico combate contra George Foreman en Zaire (1974) o el enfrentamiento con Bonavena en el Madison Square Garden en 1970. Su relato sobre la aventura del boxeador argentino Ringo Bonavena sigue siendo un testimonio emotivo y vívido de aquella jornada inolvidable.
Más allá del boxeo y el fútbol, Cherquis cubrió eventos como los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 y Los Ángeles 1984, y destacó por su trabajo en deportes menos masivos. Su pasión por las historias humanas lo llevó a privilegiar la narrativa por encima del análisis técnico, una visión que lo hizo único en su oficio.
Tras su retiro de El Gráfico en 1990, ejerció como docente en la Universidad Católica Argentina y desempeñó roles gerenciales en Telefé, Torneos y Competencias y Radio Rivadavia. Entre 2008 y 2016 fue director de Comunicaciones y vocero de Julio Grondona en la AFA, hasta que la llegada de Mauricio Macri a la presidencia de la entidad lo llevó a un conflicto laboral que terminó con su salida.
En septiembre de 2016 comenzó a publicar en Infobae, convocado por Daniel Hadad, uno de sus exalumnos. Además, participó en programas de televisión deportivos y recibió varios premios, entre ellos cuatro Martín Fierro y el Premio Konex por su labor periodística.
Su salud se deterioró en 2025 debido a una leucemia que lo llevó a ser internado en el Hospital Alemán de Buenos Aires. Pese a la gravedad, logró sobreponerse temporalmente. Relató cómo un enfriamiento derivó en una neumonía bilateral que afectó su médula ósea y desencadenó la enfermedad fatal. Finalmente, su estado empeoró y falleció esta noche de viernes 20 de marzo de 2026.