Por: Redacción Semanario
Ochenta y tres campos, en una superficie de 14.817 hectáreas, producen aceites, harinas, mermeladas, conservas, quesos, vinos y cereales. Todos alimentos elaborados con materias primas de prácticas agroecológicas, orgánicas, biodinámicas, permaculturales y regenerativas.
Esta actividad ocurre en 13 departamentos del centro-sur de Córdoba y está sintetizada en el Mapa de la Agricultura Libre de Agroquímicos (ALdeA), un trabajo conjunto entre la cátedra de Ecología de Agronomía de la Universidad de Villa María (UNVM) y la cátedra de Agriculturas Alternativas de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Río Cuarto (UNRC).
La investigación reúne estas 83 experiencias en la zona núcleo del agronegocio y busca ser una iniciativa que contagie y permita hacer el mapa de la Argentina de la agricultura libre de agroquímicos. “Con la agroecología el campo vuelve a llamar la gente.
Con el otro modelo de agricultura el campo es solo negocio”, reflexiona Claudio Sarmiento, director de la diplomatura en Agroecología de la UNRC, docente de la UNVM e impulsor de esta ALdeA junto a Daniel Bellomo, técnico de la UNRC y un experto en mapeos con datos abiertos.
Sarmiento recorre desde hace años el sur-centro de Córdoba como fuente de consulta para la transición hacia la agroecología y pone los pies en la tierra: “¿Por qué pensamos esto? Porque hubo otros intentos de mapeo y, a veces, no le fue bien porque el desafío fue muy grande”. El primer paso fue volcar en el mapa las experiencias que Sarmiento conoce por su trabajo como docente y como ex coordinador del grupo de productores agroecológicos Nueva Semilla del programa Cambio Rural —política de extensión del gobierno nacional coejecutada con el INTA hasta su eliminación a manos de Javier Milei—.
Con el puntapié de esas experiencias conocidas y en solo tres meses, el mapa creció y presentó su primera versión en noviembre de 2025. “La agroecología es un movimiento social, no está quieto, discute y resignifica. Es ciencia práctica y movimiento”, define Sarmiento a la Agencia Tierra Viva que publicó esta novedosa iniciativa.
Esa agricultura en movimiento amplió rápidamente el número de experiencias en el mapa de ALdeA. Quienes visiten la web aldea.libre.net.ar pueden encontrar información básica y georeferenciada de las producciones regionales sin agroquímicos, con datos precisos como superficie trabajada, actividades principales y secundarias, años de producción, imágenes, videos; además de datos para hacer comunidad: redes sociales, correo electrónicos o teléfonos.

El mapa surge con la impronta autogestiva de las fuertes redes que existen en el país entre productores, académicos y profesionales, pero cuenta con un respaldo político de las universidades en las que Sarmiento y Bellomo desarrollan su actividad docente. “Las universidades están preocupadas por encontrar alternativas al modelo agrícola”, asegura Sarmiento respecto de las casas de altos estudios de Río Cuarto y Villa María. Y lo valora en el contexto crítico al que están sometidas por el ajuste de la gestión de La Libertad Avanza, que incluso incumple la Ley de Financiamiento Universitario votada y ratificada por el Congreso.
“Las universidades apoyan en esta coyuntura. Es muy difícil poner un peso para cualquier iniciativa, cuando a duras penas estamos llegando al financiamiento de las actividades mínimas”, denuncia Sarmiento y ejemplifica con su caso: cuenta con un presupuesto de 150 mil pesos anuales para realizar trabajos de investigación a campo.
La investigación reúne 83 experiencias en la zona núcleo del agronegocio y busca ser una iniciativa que contagie y permita hacer el mapa de la Argentina de la agricultura libre de agroquímicos
El puntapié de este proyecto lo dio el Censo Nacional Agropecuario 2018, que, por primera vez, incluyó la pregunta sobre las producciones agroecológicas, orgánicas y biodinámicas. Aquella radiografía de Córdoba señaló que existen 108 establecimientos agropecuarios de agricultura orgánica, 30 de agricultura biodinámica y 114 de agroecología. “Cuando conocimos ese número, punteamos un proyecto de investigación para definir los campos con los que habíamos trabajado en la región y a partir de ahí ampliar la búsqueda”, cuenta Sarmiento.
De los campos relevados de los 13 departamentos de Córdoba —además de la inclusión de cuatro predios ubicados a pocos kilómetros en la provincia de San Luis y un campo ubicado en la frontera provincial con Santa Fe—el 71 por ciento se concentran en cuatro departamentos: Río Cuarto, Juárez Celman, Calamuchita y San Javier. Las producciones se extienden desde las que tienen menos de un cuarto de hectárea —para la producción de lavandas o frutos rojos— hasta estancias agrícola-ganaderas de más de 4.100 hectáreas.
En Río Cuarto y Juárez Celman predominan los campos extensivos, dedicados principalmente a la ganadería y al cultivo de cereales y oleaginosas; mientras que en Calamuchita y San Javier predominan chacras de pequeña escala, dedicadas a la frutihorticultura, la vitivinicultura, el cultivo de aromáticas y la plantación de olivos.

Del total de esos campos, 53 son pluriactivos, mientras que 30 se dedican a una sola actividad, mientras que las prácticas orgánicas, agroecológicas, permaculturales, biodinámicas y regenerativas no son excluyentes, sino que se utilizan de manera combinada y complementaria. La amplitud de experiencias, prácticas y tamaños de predios en una región dominada por el agronegocio permite romper un mito respecto de la rentabilidad de estos procesos productivos con un dato: un 83 por ciento de los campos relevados tiene más de cinco años.
Todo lo que está en el mapa de ALdeA está verificado, los productores dieron su consentimiento para poner su información y el mapa se apoya sobre Open Street Map, un sistema de mapeo de datos abiertos y colaborativos.
La actividad productiva que más se realiza, según la información que se desprende de ALdeA, es la frutihorticultura de productos frescos, presente en 28 campos de 11 departamentos de la región. En paralelo, el 84 por ciento de los campos relevados practican actividades ganaderas: tambo, ganadería bovina de ciclo completo, la ganadería bovina de cría y la avicultura (gallinas ponedoras).
En cuanto a los cultivos, el más sembrado es el maíz, tanto para la venta del grano como para alimento del ganado. El trigo se ubica en segundo lugar con alta demanda para la elaboración de harinas orgánicas y agroecológicas. Mientras que la soja, al contrario de lo que ocurre en la región, no es cultivada con frecuencia en los campos que practican la ALdeA, pero los seis campos relevados que la cultivan son con certificación orgánica para la exportación o para elaboración de alimentos.
La amplitud de experiencias, prácticas y tamaños de predios en una región dominada por el agronegocio permite romper un mito respecto de la rentabilidad de estos procesos productivos
El resultado de esta amplitud de prácticas se destaca también por el agregado de valor que está presente en más de la mitad de los campos relevados con la transformación de la materia prima para la comercialización de productos con marcas propias de mermeladas y conservas, vinos, quesos, aceites, snacks o, por ejemplo, productos derivados de la lavanda.
El relevamiento de ALdeA le pone nombre, superficie y valor agregado a un modelo centrado en la producción de alimentos sanos, con preservación del ambiente y arraigo. Un modelo sostenido por la agricultura familiar, campesina e indígena que el gobierno de Milei se encargó de arrasar en estos últimos dos años.
Pero el mapeo presentado en noviembre de 2025 no solo muestra que ese modelo de producción sigue en pie, sino que está presente en una región dominada por el agronegocio y que se hace carne en nuevos sujetos sociales. Son productores más insertos en los mercados, con otra manera de entender la producción.