Por: Redacción Semanario de Junín
Mientras escasean las campañas de prevención y se profundiza la crisis socioeconómica de una población que vive cada vez en situaciones más precarias, la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria alertó que la tuberculosis sigue siendo un problema de salud pública que se agrava año a año.
Solo en 2025 la notificación alcanzó un total de 16.445 casos, lo que representa un aumento del 3,9% respecto a 2024 y un crecimiento del 79,7% desde 2020.
Según afirmaron, este crecimiento es multifactorial y se vincula con el debilitamiento de programas de control, dificultades en el acceso al diagnóstico temprano, interrupciones en los tratamientos, desigualdades sociales persistentes y condiciones de vida que favorecen la transmisión, como el hacinamiento y la vulnerabilidad socioeconómica.
Este 24 de marzo pasado, y en el marco del Día Mundial de la Tuberculosis, (que se institucionalizó para concientizar sobre las consecuencias sociales, económicas y sanitarias de la enfermedad y para reforzar los esfuerzos destinados a poner fin a la epidemia), la fecha que recuerda el anuncio realizado en 1882 por el doctor Robert Koch, -quien descubrió la bacteria causante de la tuberculosis y permitió avanzar en su diagnóstico y tratamiento-, se dio a conocer que la Tasa Nacional de Tuberculosis trepó a 34,6 casos cada 100.000 habitantes, y las jurisdicciones con mayor carga son Jujuy, Salta, CABA, Buenos Aires, Chaco y Formosa. Once provincias muestran un aumento significativo: Buenos Aires, CABA, Salta, Santa Fe, Chaco, Córdoba, Jujuy, Tucumán, Entre Ríos, Corrientes y Tierra del Fuego.
Es preocupante el número creciente de casos en hombres jóvenes: el grupo de entre 15 y 44 años concentra el 60,7% del total, como también el marcado incremento en casos en menores de 20 años, que ocupan el 16,6% del total.
La cobertura nacional de la vacuna BCG en menores de 7 días alcanzó el 83,42% al 7 de enero de 2026. Indicada como dosis única al nacimiento según el Calendario Nacional de Vacunación, históricamente presenta niveles elevados, aunque con variaciones entre provincias.
HAY TRATAMIENTO, ¿Y ACCESIBILIDAD?
La tuberculosis es una enfermedad prevenible y tratable. Sin embargo, según consignó Guillermo Lavecchia en una nota en Tiempo, el retraso en el diagnóstico continúa siendo uno de los principales problemas, porque los síntomas pueden confundirse con otras patologías respiratorias. Cuanto más tardía es la detección, mayor es el riesgo de transmisión en la comunidad.
El tratamiento de la tuberculosis es eficaz, pero requiere continuidad y acceso garantizado a los medicamentos. En este sentido, resulta fundamental asegurar la provisión gratuita de fármacos de primera línea para los casos sensibles y de segunda línea para las formas resistentes. En épocas de Estado ausente y cada vez más personas que deben dejar obras sociales, prepagas o tratamientos por no poder costearlos, es un problema mayor.
La interrupción o el acceso irregular al tratamiento no solo afecta la evolución individual de los pacientes, sino que también favorece la aparición de cepas resistentes, lo que complejiza el control de la enfermedad a nivel poblacional.
Actualmente se encuentra en etapa final de revisión una actualización nacional de las pautas técnicas del manejo de la Tuberculosis por parte de expertos y académicos nacionales.
La Tasa Nacional de Tuberculosis trepó a 34,6 casos cada 100.000 habitantes, y las jurisdicciones con mayor carga son Jujuy, Salta, CABA, BA, Chaco y Formosa
EL IMPACTO DE SALIR DE LA OMS
Los especialistas coinciden en que la disponibilidad de información oportuna y de calidad es un componente central para la toma de decisiones en salud pública. También advierten que el abordaje de la tuberculosis no solo requiere políticas sostenidas a nivel nacional, sino también articulación con organismos internacionales y acceso a redes de cooperación sanitaria.
En este escenario, el anuncio del Gobierno del retiro definitivo de la Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se vuelve «una decisión que genera preocupación en la comunidad médica».

Salir de la OMS implica romper la cooperación internacional, perder acceso a financiamiento, información epidemiológica estratégica y espacios de decisión global. Esto significa dejar a la Argentina fuera de la mesa donde se discuten las políticas sanitarias que afectan a millones.
En un contexto de aumento sostenido de casos, la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria advierte sobre la importancia de sostener y fortalecer las políticas públicas de control de la tuberculosis, así como de garantizar la articulación entre los distintos niveles del sistema de salud.
Es preocupante el número creciente de casos en hombres jóvenes: el grupo de entre 15 y 44 años concentra el 60,7% del total
DESGUACE DE SALUD
La enfermedad está en aumento a nivel nacional, igual que en el resto del mundo, pero con el agravante local del crecimiento de la pobreza y de condiciones laborales menos controladas por un Estado ausente.
En este contexto, el Ministerio de Salud de la Nación decidió eliminar hace más de un año la coordinación del área. Especialistas y organizaciones sociales ya en ese momento advirtieron que “desatender estas cuestiones va a causar más muerte”. Pasado este tiempo, los casos siguen disparándose.
El cierre de la Coordinación de Tuberculosis y Lepra formó parte del nuevo organigrama que estrenó la cartera que conduce Mario Lugones con el cambio de año, que incluyó la eliminación de 15 direcciones o dependencias de Salud. Entre ellas la de Asistencia Directa por Situaciones Especiales (Dadse), blanco de reclamos y de un fallo judicial por las demoras en entregas de medicación oncológica a pacientes vulnerables desde el inicio de la gestión de Javier Milei.
Según el área que comanda Lugones, no se trató de cierres sino de “una reducción de cargos jerárquicos, con pase de funciones a otras áreas. Las labores siguen, se cae el ‘raviol’ o cargo”. En el caso de la Coordinación de Tuberculosis, decían que “sus competencias siguen vigentes en la Dirección de Respuesta al VIH, ITS, hepatitis virales y tuberculosis”.
Para los espacios abocados a acompañar pacientes y trabajar para frenar el avance de la enfermedad, el cambio no fue menor. “Las personas a veces hacen tratamiento por otras patologías, pero tienen tuberculosis; hay mucha gente en la calle que no llega al sistema de salud, en las cárceles hay mucha tuberculosis y se transmite a quienes cuidan y a los familiares. Trabajo hay un montón para hacer”, cuestionó en ese momento Nancy Ballestin, del Observatorio Tuberculosis Argentina.
Argentina aún no tiene mucha tuberculosis multirresistente. Perú y Bolivia, sí. Si eso avanza acá, estamos en el horno. ¿Quién va a estar atento a eso ahora? ¿Solo una persona a cargo para cuatro patologías?”, criticó la trabajadora social.
La tuberculosis no es una enfermedad del pasado. Su aumento en la Argentina refleja tensiones estructurales en el sistema de salud y exige respuestas sostenidas, además de un Estado presente.