Junín. viernes 25 de septiembre de 2020
Semanario de Junín » Cultura » 10 ago 2020

RECORDADO ESPECTÁCULO

A 38 años de “María de Buenos Aires” en Junín, interpretada por artistas locales

La “operita” se escribió en 1967, pero fue estrenada el 8 de mayo de 1968, en la Sala Planeta, de Suipacha y Paraguay. El papel protagónico fue de Amelita Baltar. Estuvo en cartel cuatro meses y totalizó cien funciones. Fue grabada inmediatamente en los estudios Ion en dos discos editados por el sello.


Por:
Ismael A. Canaparo

Hace 38 años una verdadera conmoción produjo en nuestra ciudad un acontecimiento musical de excepción, a raíz de la presentación de la operita “María de Buenos Aires”, una brillante creación conjunta de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer. Contó con el apoyo de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Junín y el auspicio del ministerio de Educación de la provincia de Buenos Aires.

“María de Buenos Aires” narra la historia de una muchacha de los suburbios porteños que se traslada al centro de la ciudad, donde conoce el tango y se transforma en prostituta. El oficio la lleva a tratar con ladrones y madamas y ese camino la conduce a una oscura muerte. Su sombra es condenada a deambular por la calle Corrientes. Sobresale en el tema un fuerte sesgo surrealista.

El musical fue presentado el 11 de junio de 1982 en los salones del Club Social, en función privada. Al día siguiente, para el público en general, la obra se estrenó en el teatro “Horacio J. de la Cámara”, con la presencia de uno de los autores, el uruguayo Ferrer. La sala de la calle Chacabuco lució repleta, índice elocuente de la trascendencia y la jerarquía de la convocatoria.

Con la dirección total del recordado maestro Juan José Martín, el elenco estuvo conformado por los siguientes músicos, además de Ensamble Instrumental y Vocal J: Oreste Lapadula (piano), Walter Dujesieken (bajo), Héctor Raúl Bianco (piano eléctrico), Tito Mirambel (violín) Delio Destéfani (violín), Pocho Luca (bandoneón), Gregorio Albello (bandoneón), Abel Pinto (guitarra eléctrica), Raúl Romano (flauta), Gustavo Gochenecho (órgano), Erardo Alegretti (percusión) y Omar Decarre (voz). Además de Horacio Ferrer en el personaje del Duende, Laura Martín en la presencia central de María y Erardo Alegretti como narrador. Los arreglos estuvieron a cargo de Juan J. Martín,  Abel Pinto, Oreste Lapadula y Raúl Romano.

La idea juninense había nacido tres años antes. El desafío implicaba un esfuerzo mayúsculo en varios aspectos: la conjunción del grupo humano, la compatibilización de criterios de armonización y la disciplina para los ensayos, además del compromiso de aportar lo mejor de cada uno para lograr el objetivo común: presentar la cantata de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer, interpretada totalmente por artistas locales.

Juan José Martín, director del proyecto, recibió el apoyo de diferentes músicos que lo alentaron para abordar la ambiciosa empresa. Su experiencia al frente de orquestas y coros lo llevó a fabricar un concepto sinfónico-coral de la obra, compuesta a fines de la década del ´60 e interpretada, en su presentación inicial, por los autores y un reducido número de acompañantes. El hecho de convocar a un núcleo de artistas de magnitud (30 personas entre coreutas e instrumentistas) representaba afrontar las limitaciones lógicas del medio para respetar una de las premisas esenciales: que los intérpretes fueran todos juninenses.

“La iniciativa fue el fruto del trabajo efectuado en un curso sobre métodos de labor colectiva, dictado por el profesor colombiano Blas Atheortúa”, expresaba en su momento Martín, agregando que “María de Buenos Aires es una cantata  y su argumento el símbolo de la mujer de la vida, sus vivencias, sus sentimientos. Es un texto con caracteres surrealistas, en algunos aspectos de difícil apreciación, de gran belleza poética. La atmósfera ambiental del medio porteño está dada radicalmente por ritmos rioplatenses”.

Un mes después, el 16 de julio, siempre bajo la dirección de Juan José Martín, como así de los mismos músicos, la obra se lució nuevamente en Junín, ahora en la sede del Colegio de Escribanos.

El 3 de agosto de 1983 la propuesta continúo en la Capital Federal, con una embajada denominada “Noches de Junín en el Sheraton Hotel”, espectáculo organizado por la Municipalidad de Junín y la presencia de uno de los autores, Horacio Ferrer. Cerca de tres centenares de personas aplaudieron la puesta en escena de “María de Buenos Aires”, que con notable repercusión ya había sido objeto de la aceptación del público en otras presentaciones. Entre el público, se destacaba la concurrencia de numerosos juninense radicados en Buenos Aires, entre ellos directivos de la Casa de Junín en la Capital, encabezados por su presidente, Mauricio Bogey, quienes después de la función agasajaron a sus coterráneos.

El concierto de “María…” se presentó también en varias salas del Gran Buenos Aires (Hurlingham, Caseros, Morón y San Isidro), como así en el interior del país y zonas cercanas a nuestra ciudad (Lincoln, Chacabuco, Chivilcoy y Bragado).

“Piazzolla en su momento se enterró económicamente con “María de Buenos Aires”. Fue un fracaso comercial. Pero musicalmente la obra es maravillosa”, reflexionó José María Castiñeira de Dios, ex director nacional de Artes del Ministerio de Cultura y uno de los pocos promotores de nuevas puestas con posterioridad a su estreno.

Si bien la apuesta quedó desairada en términos comerciales, mucho después fue rescatada tras el llamado “período europeo” de Piazzolla, que valorizó a muchas de sus composiciones a la luz del suceso internacional.

En 1995 el eximio violinista letón Gidón Kremmer la registró para el sello Teldec, en Austria. En la Argentina tuvo pocas representaciones: la última, una versión con serios problemas de amplificación de sonido fue en 2016, en el Teatro Colón (un camino que el coliseo porteño insiste en profundizar, a pesar de los resultados), aunque interpretada por un colectivo de músicos de jerarquía, liderados por el Quinteto Piazzolla y el bandoneón de Pablo Mainetti.

A más de 50 años de “María de Buenos Aires”, que señalaba el ánimo rupturista de Astor Piazzolla con diferentes estéticas, queda, sobre todo, un conjunto de obras que pueden escucharse por fuera de aquel contexto original y que, bien miradas (u oídas), reafirman la estrecha pertenencia del talentoso marplatense al lenguaje tanguero, cuyos fundamentos conoció (acaso) mejor que los tradicionalistas.

Aquella “Milonguita”…

 

Merced al juego mágico de melodías y palabras, surge en la obra la presencia de aquella “Milonguita”, la muchacha de la noche porteña, la misma que mereciera el homenaje poemático del gran Celedonio Flores y que luego reverdeciera la profundidad de Homero Manzi. “Sin duda que estoy viviendo una experiencia maravillosa. En mi caso personal, es bueno reconocer que no tenía al tango como mensaje espiritual. Ahora estoy metida con todo en este desafío, tras la incorporación por parte de mi padre, como maestro e indicador de mi responsabilidad en la cantata. Finalmente encontré la calidad humana y profesional de Omar Decarre, mi profesor y guía en esto de intentar interpretar la magia de Horacio Ferrer”, decía antes del estreno Laura Martín, personaje central de “María de Buenos Aires”.

Y Laura agregaba: “Acepté porque me considero fanática de Astor Piazzolla y esta “Milonguita”, en la que se identifica el personaje de la obra, resulta cada vez más atrapadora. Su andar es el que alguna vez encontramos en el acierto de los poetas de una época lejana y florida. Pero no deja de repetirse en las aventuras de alguna muchacha de nuestro tiempo. Por eso me asiste la seguridad de que esa juventud que tengo el honor de integrar, se sentirá complacida con esta cabalgata poética musical”.

Porteña, barroca y surrealista

Dentro de un "estilo" absolutamente surrealista, en “María de Buenos Aires” conviven  una litúrgica pagana,  un lunfardo barroco y ciertos toque de "pop-art" que, a decir de Marcelo Lombardero, está más cerca del "Submarino Amarillo" de Los Beatles  que de las tradicionales y cotidianas imágenes tangueras, el obelisco, el farol de la esquina y el percal.

Dentro de estas "características" estéticas, aprobadas en forma entusiasta por Horacio Ferrer, el planteo de solución formal de las imágenes se centró en la búsqueda de una temática para cada escena.

Las escenas, a su vez, presentaban el carácter de "número cerrado".  Esta circunstancia, junto al regiser Lombardero, se buscó, en lo posible, neutralizar. Se trató, en todo momento de buscar los hilos, desde la imagen y la puesta en escena, que lograran una "continuidad" fluida al espectáculo.

A tal fin, y haciendo hincapié en las recurrentes metáforas religiosas de los textos, se determinó el planteo de espacios visuales con connotación de "templos paganos"  a las apariciones del Duende.. Y que este  leiv-motiv sirviera de nexo, por transformación o marco a la mayoría de las escenas.


Hacé click en el siguiente enlace https://issuu.com/semanariodejunin9/docs/edicion_213 y bajate la edición del sábado 1 de agosto 2020


 

 

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