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Semanario de Junín » Cultura » 25 nov 2019

AYUDÓ A CRECER A TODAS LAS EDADES

María Elena Walsh, una voz que no muere

Ha recorrido con suceso y solvencia varios de los múltiples oficios del arte: la canción, la poesía, el relato autobiográfico, los imprescindibles ensayos que aparecieron durante la dictadura para denunciar el ejercicio de una represión ensañada y vulgar sobre la cultura argentina. A los diecisiete años publicó su primer libro de poemas: “Otoño imperdonable”. Un repaso por su vida y obra.


Por:
Ismael A. Canaparo

A ocho años largos de su muerte, ¿quién no recuerda a María Elena Walsh? La gran poetisa, escritora, dramaturga, cantautora y compositora argentina, considerada como “mito viviente, prócer cultural y blasón de casi todas las infancias”, nació en Ramos Mejía el 1 de febrero de 1930 y falleció en Buenos Aires el 10 de enero de 2011, a los 80 años.

 

La “Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires” en 1985, se animó a variados entrecruzamientos. Y como dice Nora Domínguez, “(…) escribió canciones para chicos que gustaban a los grandes, canciones para grandes a los que retaba como a niños, escribió poesía “seria y culta” y la abandonó por las coplas populares, se atrevió con el tango para cambiar en él nada menos que la imagen degradada de la mujer. En las últimas décadas la osadía de sus canciones pareció volcarse hacia el carácter intimista de una autobiografía novelada, hacia la reedición de sus primeros poemas o para ensayar fuertes tonos de denuncia a través de diversas notas periodísticas”.

 

El testimonio durante la presidencia de Raúl Alfonsín: “Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”.

 

Siempre se caracterizó por rescatar del silencio la cultura de las mujeres: las tejedoras, las maestras, las madres. Esto dijo el 30 de mayo de 1993, en una entrevista que concedió al suplemento Primer Plano de Página/12: “Las mujeres siguen siendo ninguneadas. No entran en las nóminas, los varones se olvidan de ellas o no las consideran lo suficiente y las mujeres tampoco. En un reportaje me preguntaron si podría nombrar diez novelas de autores argentino, contemporáneos y yo cometí la imprudencia de nombrar diez libros de mujeres. Curiosamente eso no salió en el reportaje. Yo nombraba las novelas de Libertad Demitrópulos, de Tununa Mercado, de Sara Gallardo, gran olvidada, de María Granata. “Los viernes de la eternidad” es un libro precioso. Este olvido sucede y obliga a hacer algo que irrita mucho que es el rancho aparte, “la literatura de mujeres”. Pero es un rancho aparte legítimo, una autoafirmación. Yo pediría una integración del 50 por ciento. A una misma, siendo mujer, se le escapa. Por ejemplo, ese maravilloso libro de María Rosa Oliver, “Mundo, mi casa”, tendría que ser un clásico y debería reeditarse. Hace unos años estaba trabajando en SADAIC en la parte cultural. Se festejaba el Día del Autor, y decidí celebrarlo ¡por única vez!, como el Día de la Autora. Todos me dijeron “pero si no hay”. Empezamos a revisar las nóminas y nos encontramos con que sí había. Algunas de ellas bastante olvidadas, Poor ejemplo, el vals “Desde el alma”, que es una especie de “Cumparsita” nuestra y que lo escribió Rosita Melo, que desgraciadamente había muerto poco antes. Organizamos ese acto y hubo una especie de boicot. Algunos compositores  -mayores- ocuparon toda la sala para no dejar entrar a la gente. Después alguien los convenció de que se fueran, de que era poco caballeresco. Estaban las compositora y pianista Lía Cimaglia Espinoza, Celeste Carballo, Tormenta y, por supuesto, Eladia Blázquez, Marilina Ross, Patricia Sosa, la señora María Teresa Márquez, que escribió “Mis noches sin ti”, una guarania muy famosa que todo el público coreó. Por lo tanto, esa tendencia a decir no hay escritoras o no hay compositoras es porque nosotras mismas las hemos dejado fuera de los elencos. Cuando murió Atahualpa Yupanqui nos enteramos que su mujer había sido coautora de muchas de sus obras”.

 

Ella siempre se consideraba “escriba” y no “escritora”. Y lo explicó así: “Porque escritora me queda grande. Es un término que le corresponde a Virginia Woolf, a otra gente. Soy una escriba, una aprendiz de escritora, en todo caso”. Con referencia a su estilo, tuvo en su momento la siguiente definición: “En general, me interesa la escritura de temas breves. ¡Viva la síntesis! Incluso algunas canciones pueden parecer un ensayito. Por ejemplo, “El viejo varieté”. Ese tema quizá un novelista podría desarrollarlo. Pero, yo, en general, toda la vida me manejé en la brevedad. Es muy difícil y, a lo mejor sin saberlo, sin confesarlo, soy una discípula de Borges. Ojalá todos lo fuéramos de alguna manera, escritores y no escritores, porque utilizar el lenguaje con esa economía es muy difícil, muy necesario, es una prueba de gran respeto por los demás. Deberían hacerlo los políticos, los abogados y los jueces. Lo que dicen en cuarenta folios lo podrían decir en dos, y, además todo lo entenderíamos (cosa que a ellos no les interesa). Esta brevedad es típica también de la poesía popular, en dos o tres copias pasa una historia. Esa es una de las grandes enseñanzas de Borges. Hay una colección, “La Biblioteca de Borges”, que está prologada por él. Esos prólogos son una carilla, una página y dice todo lo que se necesita saber sobre el autor y sobre el libro, lo que normalmente llevaría un ensayo. Yo aprecio mucho eso”.

 

También se definió sobre el tipo de literatura que le gustaba leer. “Todo lo bueno. Además, creo que uno lee por épocas y al releer se sorprende bastante. Me gusta mucho leer en inglés. Tengo épocas que leo poesías. Me gustan las novelas, el ensayo. Tengo algunos autores de cabecera que suelo releer. De los argentinos, Borges me parece el maestro, pero también tengo devoción por Martínez Estrada, que es lo opuesto. Hay un libro de Sara Gallardo que se llama “Eisejuaz”, que es una obra importante. Entre los novelistas, Horacio Quiroga es fantástico. Pero el que más me gusta y lo pongo por encima de todos es Eduardo Belgrano Rawson. Creo que es nuestro gran escritor, un escritor puro, incontaminado, con grandes temas. Tanto que le hice un homenaje, lo invité a comer guiso de lentejas, era lo menos que se merecía nuestro Conrad. Un libro que me encantó es el de Laura Ramos, está muy bien. Parece un folklore de Buenos Aires, con personajes reales y cosas muy terribles que ella cuenta con mucha elegancia. Pinta un mundo que pasó “allá por el ´91”. Me sorprendió el lenguaje, porque el tema se presta a un lenguaje medio soez, sin embargo es un libro delicado, en el mejor sentido de la palabra”.

 

Los medios académicos la calificaron alguna vez como “transgresora” de su obra en general y de ella misma como intelectual en particular. Y contestó con elocuencia. “Nunca trabajé de transgresora. Siempre traté de mantenerme dentro de ciertos moldes, de cierta limitación que para mí representaba el estilo. Sentía que me tenía que adaptar a normas para no hacer algo desbordado e informe. Quizá era una enorme capacidad de síntesis. En la literatura infantil puede ser que haya movido un poco el tablero, ya que lo que había era escolar. Lo de transgresora son opiniones que corren por cuenta de los demás”.

 

María Elena Walsh recibió en vida –desde 1947 y post mortem–  innumerables reconocimientos, homenajes y premios, en la Argentina y el extranjero, como el nombramiento de Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires; Doctor Honoris Causa de la Universidad de Córdoba; el Premio Konex de Platino y de Honor en Letras; el Highly Commended del Premio Hans Christian Andersen de la IBBY (International Board on Books for Young People) y el Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes. Y también el comienzo de la edición de sus Obras Completas o una frondosa bibliografía publicada por académicos y escritores que estudian su obra. Una cantidad de escuelas, bibliotecas, plazas y salas culturales de todo el país que llevan su nombre o el de sus personajes.

Falleció en Buenos Aires el 10 de enero de 2011. Sus restos reposan en el Panteón de SADAIC, en el cementerio de la Chacarita.

 

Imponente homenaje en el Teatro Colón

Diego Peretti, Imanol Arias, Marilina Ross y Elena Roger formaron parte del espectáculo homenaje a María Elena Walsh.

Hace poco más de un año, exactamente el 6 de agosto de 2018, tuvo lugar un espectáculo de lujo: el show “Varieté Walsh, Irrevente María Elena”, dirigido por Valeria Ambrosio y dedicado a la autora de cuentos y canciones infantiles y para adultos, se realizó  en el Teatro Colón y resultó muy aplaudido por los presentes, entre los que se encontraban varios famosos.

 

Diego Peretti y Florencia Torrente -en reemplazo de Norma Aleandro que no pudo ser de la partida por un leve problema de salud- fueron los anfitriones del show que repasó la carrera artística de María Elena Walsh, que incluyó sus poemas, canciones y textos donde volcaba su obra de impronta feminista. Elena Roger, Marilina Ross, Palito Ortega e Imanol Arias también sumaron sus voceros para este especial homenaje llevado a cabo en la fantástica sala lírica de Cerrito 628.

 

 

 

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