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Ancianidad: Un depósito que se está pagando caro - Semanario de Junín

LOCALES | 15 ABR 2020

PANDEMIA CORONAVIRUS

Ancianidad: Un depósito que se está pagando caro

La senilidad que debiera ser una etapa armónica y equilibrada, el descanso del guerrero, para la civilización tecnológica industrial representa una maldición.



Para no ser tan duros y despectivos a los ancianos en términos eufemísticos se les llama “la tercera edad”, “edad avanzada”, “la edad de oro”, “adultos mayores”. 

Los iconos de la sociedad hedonista y narcisista imperante son los jóvenes; hombres y mujeres bellos o bellas, sanos musculosos o de cuerpos sensuales y atractivos.

Hay pánico a envejecer porque el mundo le pertenece a los más fuertes ya que el sistema exige eficiencia y productividad. 

Son equiparados con menores de edad porque han visto mermadas sus capacidades físicas y mentales. No son más que un estorbo y voluntariamente o por decisión de sus familias, deben ser confinados en esos parkings en que se han convertido las residencias o asilos.

En esos“guetos” podrán relacionarse con otros viejos y darse consuelo y cariño.

No les queda otra que matar el tiempo sentados en la sala de televisión contemplando películas, partidos de fútbol, o jugar a los naipes o el domino antes de iniciar su viaje definitivo al más allá.

La senilidad que debería ser una etapa armónica y equilibrada, el descanso del guerrero, para la civilización tecnológica industrial representa una maldición. Es el principio del fin pues se atrofian el cuerpo, se pierden a la visión, la audición, se anula la sexualidad y el placer se convierte en dolor o depresión. Solo se vislumbra en el horizonte el invierno gélido que precede a la muerte.

“La sociedad tiene el deber de ser solidaria y proteger mejor a las personas mayores, uno de los grupos más afectados por la pandemia del COVID-19”, dice una experta de la ONU en derechos humanos, y advierte que las medidas de distanciamiento social no deben convertirse en exclusión.

“Son alarmantes los reportes de personas mayores abandonadas en asilos, o de cadáveres sin reclamo en las mismas instituciones. Se trata de algo inaceptable”, enfatizó este viernes la experta en el goce de los derechos humanos por las personas de la tercera edad. 

Rosa Kornfeld-Matte sostiene que la sociedad tiene el deber de ser solidaria y proteger mejor a las personas mayores y recordó que son éstas las que sufren un riesgo desproporcionado de muerte a causa del coronavirus COVID-19.

“Todos tenemos la obligación de protegerlas de esa amenaza”, recalcó en un comunicado.

SEMANARIO hace un par de ediciones atrás resaltó la necesidad de trabajar sobre los “geriátricos truchos” que hay en la ciudad y nunca se controlaron. Hoy es tarde para llevar adelante una política en salud que contemple a la regularización de estos depósitos de abuelos y sólo cabe tener memoria para cuando termine la pandemia la comuna se ocupe del tema.

Este colectivo etario es también uno de los más proclives a adquirir el virus puesto que tienen necesidad de cuidados o asistencia, además de que muchas viven en entornos de alto riesgo, como las residencias geriátricas.

En este sentido, hay que considerar a los ancianos que tienen padecimientos o condiciones subyacentes y por los que han sido excluidos de la sociedad y viven en la pobreza, con acceso limitado a los servicios de salud o en espacios de confinamiento como prisiones o asilos.

“La distancia social no debe convertirse en exclusión social”, puntualizan los especialistas.

“La distancia física es vital, pero se deben hallar maneras creativas y seguras para incrementar las conexiones sociales. Las personas mayores deben contar con herramientas para mantenerse en contacto vía internet, incluso aquellas que se encuentran en residencias geriátricas o en áreas remotas”, añaden.

DISCRIMINACIÓN

Desde la OMS alertan acerca de que los ancianos enfrentan de por sí un tipo de discriminación debida a su edad y que, por lo mismo, requieren derechos específicos de protección, por lo que urgen a adoptar un enfoque holístico que contemple las garantías fundamentales de ese colectivo y que garantice que ejerzan esos derechos, particularmente el de acceso a servicios de salud.

Europa, y particularmente Italia y España, con densas poblaciones de ancianos, hoy los excluyen por a la hora de asignar los recursos médicos, como el caso de los respiradores de las unidades de terapia intensiva, que toman en cuenta sólo la edad y niegan a las personas mayores su derecho a la salud y a la vida.

Aún hoy llama la atención que si bien las personas mayores se han hecho visibles por su vulnerabilidad frente al COVID-19, no se han escuchado sus preocupaciones u opiniones. Al contrario, se ha evidenciado el desprecio de las sociedades por la vejez.

Esto lo hemos visto en el lenguaje cruel y deshumanizado que circula en las redes sociales, que hace énfasis en la vulnerabilidad e ignora la autonomía de los ancianos, pero también en mandatarios de estado como los casos de Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil.

OTROS TIEMPOS

En la época antigua de Grecia o Roma el anciano representaba la sabiduría y la experiencia imprescindible para tomar decisiones en todos los ámbitos del poder y por lo tanto el estado asumía su protección; eran reverenciados y se les rendía un gran respeto.  

Algo parecido sucede entre los países musulmanes donde ocupan el centro de la familia nuclear y encarnan la sapiencia y la autoridad.

Por el contrario, la sociedad capitalista occidental los ancianos son confinados en asilos pues no tiene compasión de los seres “inútiles e improductivos”. O sea, se les trata como objetos desechables.

En el Tercer Reich los viejos eran considerados un obstáculo para el desarrollo del estado nacional-socialista.  Por eso no es de extrañar que el Reichstag diera la orden a los médicos de deshacerse de los ancianos inútiles, enfermos, minusválidos o retrasados mentales con “métodos apropiados” (inyección de “ascensión” para enviarlos al cielo).

La eutanasia hitleriana tenía la finalidad de ahorrar costos, comida y medicamentos tan escasos durante la II Guerra Mundial.

Este fue el cruel destino de los 70.000 internos en los establecimientos psiquiátricos alemanes eliminados por el decreto supremo (secreto) del Estado Nazi (compadecidos por su sufrimiento) Sus familiares lo aceptaron resignados pues no podían contradecir las patrióticas directrices del fuhrer.

El ideal supremo del Tercer Reich era la eugenesia, es decir, la creación de una raza pura aria, sana, joven y poderosa que se supone dominaría el mundo con su vigor y fuerza sobrenaturales.