La observación provino por la llegada de un club de futbol de cota internacional. El comentario versó sobre cómo una ciudad grande no tiene hotel de cinco estrellas. Y la verdad sea siempre dicha. Hoy y siempre. Con todas las letras. Junín no es una gran ciudad. Ni siquiera de turismo. Una ciudad de paso, cuanto mucho.
A la anterior pregunta, se le sumó el supuesto desagrado de la delegación deportiva producido por las cuatro horas de viaje en ómnibus desde la Capital Federal. La institución deportiva, que tiene los medios suficientes como para rentar una aeronave los hubiera traído en 40 minutos. Tampoco pudo ser. Lo cierto es que para llegar por vía aérea se requiere una aerostación operativa. Imposible. El aeroparque Junín hace más de diez años que está cerrado. Y no hubo ni hay administración gubernamental o funcionario capaz de revertir esa situación.
Otra expectativa fallida fue la ferroviaria. La travesía por rieles demora seis horas. En horario nocturno, con servicio común, y sin la posibilidad de una formación diferencial. Todas contrariedades, producto de la incapacidad conjunta de los funcionarios que desde hace más de 15 años están o rondan por los cargos políticos, reflejando en la inoperancia de los servicios las propias.
Muchos de ellos pretenderán minimizar el hecho alegando que todo simplificándolo meramente en un encuentro deportivo. Que en si bien guarda un profundo interés para la afición deportiva, hoy, en plena campaña electoral, no alcanza para mover un ápice la atención de los funcionarios locales.
Todos están en pugna por ver cómo van a asegurar sus beneficios en el futuro, y el deporte les interesa para posar ante las cámaras de la prensa y embaucar desprevenidos. Hace 29 años que los talleres ferroviarios de “Junín” están cerrados, (dos desde la reapertura en Mechitas), 10 años que el aeroparque no está operativo, y recién este año se habilitó un tramo de la autovía de la ruta 7, dos veces inaugurada, que costó centenares de vidas.
Aún con su pista clausurada, el aeroparque recibió en su plataforma de admisión al personal del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (SIES) Junín, que realizó un nuevo traslado de alta complejidad, de un pequeño de ocho años, oriundo de Lincoln, quien sufrió una fractura de cráneo como consecuencia de un accidente mientras jugaba con una escalera. Desde el aeroparque el helicóptero sanitario emprendió el vuelo hacia el Hospital de Niños “Sor María Ludovica” de La Plata.
En tiempo de proselitismo, ni la salud, ni Junín, ni la zona, importan. Solo se les escuchará hablar de las potencialidades de nunca de las verdaderas intenciones. Hablan que el futuro de los talleres se encuentra en los planes de tal o cual plataforma, de la capacidad para hacer, del poder de decidir si se quiere reparar trenes o hacer barcos o dirigibles. Lo dicen quienes desde hace tiempo no hacen nada.
Solo protagonizan los sainetes más vistosos que varían desde lo soez y escatológico hasta las farsas más osadas, como la de sindicarse de ser capaces de construir futuros perfectos, cuando no pudieron ni quisieron hacerlo antes.
Hace mucho tiempo que son todos los que están y están todos los que son. Que los pocos nuevos que intentan subir se los devora el sistema. Y los problemas continúan indefinidamente. El turismo, las lagunas, el manejo del agua, el cierre del taller ferroviario, el también cerrado aeroparque, la falta de generación de fuentes de trabajo genuino, etc. Todos conflictos sin resolver.
También se hace especial mención frente a los medios sobre el supuesto interés en la educación, los oficios, el trabajo, cuando la realidad, la coyuntura social los descalifica terminantemente. Pero siguen en la porfía y esto da resultados. Acorralados entre malos y peores, en el embudo que los lleva hasta las urnas, una complaciente acción cívica da viso de legalidad a toda esta desorganización social que hace años impera.
Sólo por caso, y como para variar de protagonistas en esta catástrofe económica, los empresarios hoteleros han luchado estos últimos tiempos con la debacle producida por la pandemia. Pero mucho antes, con una ciudad que dista de tener un circuito turístico, y las imposibilidades como para que la ciudad se convierta en sede de reuniones, convenciones, o eventos empresariales.
Para estos casos, Mar del Plata es la sede más buscada para el turismo de “congresos”. En tanto, las empresas agropecuarias para la realización de sus jornadas se reclinan mayormente para las ciudades de Pergamino y Chacabuco. En determinada manera esto va en detrimento del desarrollo hotelero.
Pero lo más esclarecedor es la declaración del titular del área en relación a la desaparición de hoteles en Junín, quien afirmó que “tenemos un problema con los hoteles que cerraron porque perdimos la capacidad de oferta. Abrir un establecimiento hotelero no es sencillo. No vislumbro que haya algún hotel que abra. De todas maneras Junín creció fuertemente en alojamiento temporario. Los turistas buscan escapadas de dos o tres días junto a la naturaleza. En los próximos días vamos a subir al Concejo Deliberante una ordenanza de turismo activo, para que los turistas tengas diferentes cosas para hacer cuando lleguen a nuestra ciudad”.
Turismo de paso, o micro turismo, sólo dos o tres días para no aburrirse demasiado. La fotografía que ilustra esta nota corresponde al sito oficial de Turismo de Junín. La imagen, su significado y significante contradice la esencia misma de una promoción bien entendida para el turismo. El histórico espigón, en plano picado se observa en primer plano las letras que identifican a la ciudad y parte de la inmensa laguna desierta.
Sin personas, aves, carpinchos, o cualquier otra especie viva que despierte el interés por estar ahí. Aún en el desierto hay vida. La desolación es característica en otras imágenes de Junín. Únicamente paisajes y monumentos. Extraña labor que pretende publicitar un lugar para que asistan las personas y se oculta en las fotos.
Las imágenes denotan y connotan, directa e indirectamente, su más profunda esencia conceptual: el ostracismo. Contrariamente al uso publicitario, donde las personas disfrutan de las playas, el agua y el sol, complementando al paisaje natural, el texto invita a disfrutar la libertad en un lugar desolado.
En su origen, el Fuerte Federación era el único que tenía una fonda con sabanas limpias y techos que no se llovía. Era una estación de paso. El legado se mantiene. Por eso no conmueve ni impresiona que Junín no tenga un hotel de cinco estrellas.
Tampoco atañe que los talleres sigan cerrados, que el tren tarde seis horas para llegar desde Buenos Aires, que el aeroparque siga cerrado, que no atraquen dirigibles o barcos. En definitiva… que importancia tendría que tener si son sólo rumores de comentarios por la visita de un club de futbol de carácter internacional.