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Barrio Norte: vecinos viven encerrados, acosados por la inseguridad y los robos - Semanario de Junín

LOCALES | 22 AGO 2018

TESTIMONIO

Barrio Norte: vecinos viven encerrados, acosados por la inseguridad y los robos



“No sabemos qué hacer”, cuenta Florencia, que vive con su esposo e hijos en el barrio Norte, detrás de la estación de servicio ubicada en Libertad y República.

Los ladrones han tomado como propia esa zona, y tanto a ella como a sus vecinos, los desvalijan todo el tiempo. Tienen miedo hasta de entrar en sus propias casas.

“En nuestro caso, estamos los dos sin trabajo, así que en un horno pizzero elaboramos pizzas y salimos a repartir”, cuenta.

Este año continuó la seguidilla en marzo, cuando había delincuentes en su casa “y me dieron una piña cuando crucé la puerta, así que quedé con miedo”.

Las pesadillas son continuas. “Anteanoche nos despertó un fuerte golpe de gente queriendo barretear la ventana. Ese día la policía vino enseguida, pero en realidad estoy cansada de hacer la denuncia todas las veces que pasa algo, porque después no encuentran nada ni a nadie y el barrio sigue igual”.

Pero el último robo fue el viernes pasado. Florencia había salido a las 18, para ir a buscar a su hija que estaba en prácticas de hockey. “Cuando volví escuché un ruido en la pieza, no me animaba a mirar porque nos da miedo entrar ya a mi casa. Me daba terror cruzar desde la cocina al living, así que llamé a mi primo que vive enfrente. En la habitación encontramos la ventana abierta, todo revuelto, los parlantes en el piso. Me llevaron 2000 pesos, un celular que estaba cargando y revolvieron todo. Creo que estaban adentro cuando llegué, porque se escuchó el ruido”.

En este año, fueron dos robos. “Pero en los cinco años que vivo acá me entraron alrededor de diez veces”, que dejan a la familia un poco peor que antes. “Es una casa que era de mi abuela, hace dos años que sufrimos un incendio y todavía estamos tratando de recuperarnos”.

“Hacemos un sacrificio bárbaro para trabajar y juntar la plata, así que la impotencia es muy fuerte. Da mucha bronca”, explica Florencia. Y más bronca cada día, sabiendo que no hay protección ni nadie se acerca a preguntarle qué pasa, para tratar de armar una solución. Los chorros son amos y señores del barrio, dueños de lo ajeno y siempre impunes.

En el último robo, se fue la plata que había podido ir guardando para “llevar a la nena al endocrinólogo, una especialidad que no hay en el Hospital”. De paso, el Gobierno la castiga también con esto, con la falta de servicios en salud.

NADIE INVESTIGA

Tras el robo del viernes, “no se acercó nadie, tal vez porque no hice la denuncia, porque como pasa siempre que la hago, a los 15 días te envían una nota diciendo que la causa se cerró. Nunca encuentran nada”.

Florencia recuerda que “la vez anterior estábamos en el cumpleaños de mi nene, cuando volvimos nos habían desvalijado. Fueron tres horas, habían entrado haciendo abanico una puerta de atrás hasta donde había sangre. Hicieron sus necesidades en el baño y me comieron la pizza que tenía en la heladera”.

“En esa oportunidad había rastros, pero no vinieron los peritos”, explica. Así que la incipiente investigación se cerró casi antes de arrancar.

TODO EL BARRIO

La casa de Florencia no es el único blanco elegido. “Al chico de al lado le entraron tres veces en un mes. La chica de enfrente se fue de vacaciones y cuando volvió, no tenía nada en la casa”.

“Por este barrio se ve muy poco la policía, ahora están recorriendo más seguido por lo que pasó, pero es por un tiempo y después dejan de venir. Está todo muy oscuro, con un foco cada media cuadra que no alumbra nada”, agrega.

A tal punto es la situación de malestar y temor que atraviesan a diario, que “una de mis nenas más grandes se fue a vivir con mi mamá, porque no quería estar más acá, y la chiquita se hace pis encima, duerme con nosotros. Los chicos no se quedan nunca solos, ni siquiera hacen un mandado, viven con terror”.

“De noche tampoco se puede dormir, como pasó anteanoche que escuchábamos golpes en las paredes”, agrega.

Florencia lo resume muy bien: “No sabemos qué hacer”. Parece que las autoridades responsables tampoco.