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Crisis económica: la explosión doméstica - Semanario de Junín

LOCALES | 3 ENE 2019

ANALISIS SEMANARIO

Crisis económica: la explosión doméstica

La comunicación mediática, la ayuda social focalizada y un formato de mensaje “culpabilizador” por parte del gobierno logran que la crisis se internalice a las relaciones con familia y vecinos y no hacia los verdaderos responsables de ella.



Los casos de violencia acaparan los titulares de los diarios. Altas cifras de femicidios, de bullying, abusos sexuales; peleas entre barras bravas, entre grupos criminales y la resolución de conflictos mediante golpes, en el hogar, etc., son constantes y esta situación parece que irá empeorando.

Hay un estado de frustración o decepción muy fuerte, con una importante carga emocional, que se produce cuando se espera que algo deseado se realice y resulta imposible hacerlo por diferentes motivos. Los sentimientos frustrantes dependen de cada uno, es decir, hay un umbral de tolerancia, y cada individuo se posicionará en un punto determinado, dependiendo de sus características.

Lo notamos caminando las calles, conduciendo el auto, en la cola del súper o en la del banco: hay una violencia subyacente producto de la crisis, lo cual que hace que cualquier chispa la dispare.

Bocinazos, puteadas, discusiones por pavadas, críticas entre dientes, violencia familiar en auge y ese espíritu navideño que parece desvanecerse en medio del caos reinante de vecinos vulnerables a la hora de mirar el futuro, cuando nos han inculcado que se puede mantener el control en todo.

Mentiras.

El sueldo que alcanza menos, la empresa que sufre problemas y ponen a los empleados en calidad de fusible. ¿Cuándo salta?

Y en medio de este escenario complejo, buscamos naturalmente respuestas. ¿Y dónde lo hacemos? En las ventanillas gubernamentales que son las que están a cargo (y eso prometieron para que los votemos) de hacernos la vida más fácil.

¿Y qué nos dicen? Que la culpa es nuestra.

Si hay basura, nosotros somos los sucios. Si cobramos poco es que tenemos que ser competitivos. Si la luz es cara, las empresas necesitan invertir. Si aumentan los peajes es para dejar de tener accidentes.

Y precisamente sobre accidentes vale destacar los dichos recientes del subsecretario de Innovación y Atención Ciudadana de la provincia de Buenos Aires, Iván Budassi, quien estuvo en Junín presentando una nueva etapa de un plan de seguridad vial.

El funcionario dijo algo como "el mérito de este plan es de Junín, de la decisión política del Intendente Pablo Petrecca y todo su equipo. Por otro lado, hay que tomar conciencia de algo raro que pasa en esta ciudad, donde los vecinos no toman dimensión del problema que tienen, si se lo compara con otros temas, por ejemplo, seguridad urbana. Por eso es importante que una de las funciones de esta segunda etapa sea la concientización de los ciudadanos porque con el Estado solo no alcanza". ¿Cómo interpretar el mensaje de que quien debe tener la responsabilidad de manejar el tránsito se lleva los méritos y quienes debemos ser beneficiarios los retos? Algo no está bien en esto…

IMPLOSIÓN SOCIAL

En la edición de diciembre de ‘Le Monde Diplomatique’ para Argentina, el director periodista José Natanson en su editorial hace referencia a “La implosión social” y precisamente destaca que “conviene no engañarse: que la crisis no estalle no quiere decir que no exista. Desde hace tiempo, diferentes especialistas coinciden en que el malestar que producen la recesión y el aumento de la pobreza y el desempleo se está traduciendo en un fenómeno de implosión social: personas y familias que revientan para adentro”.

Y añade Natanson que “la bronca, desplazada del espacio público, se individualiza, casi diríamos se privatiza. No se expresa abiertamente ni logra articularse políticamente; se tramita, silenciosa pero dolorosamente, en privado. ¿Cómo se manifiesta? Por ejemplo, a través del aumento de la violencia intrafamiliar y de la escalada de pequeños conflictos callejeros sin sentido que rápidamente terminan en pelea salvaje, lo que resulta especialmente grave en un contexto en el que abundan las armas de fuego. El consumo de drogas y alcohol aumenta, y se ha disparado el que tal vez sea el signo más notable de esta nueva etapa: el uso de ansiolíticos y antidepresivos. Pastillas para olvidar la pobreza”.

La editorial del “Dipló” recalca que “esta crisis de los estados de ánimo, que no es psicológica sino social, se refleja no ya en el estrés típico de la clase media sino en lo que el mismo estudio llama el ‘sentimiento de afrontamiento negativo’, definido como el ‘predominio de conductas destinadas a evadir ocasiones para pensar en la situación problemática sin realizar intentos activos por tratar de resolverla’”.

En otras palabras, una posición de agotada impotencia, de brazos caídos, que se completa con otro síntoma extendido, la “creencia de control externo”, en el sentido de personas que sienten que su vida y su destino están más allá de lo que hagan o dejen de hacer.

Y deja Natanson una inquietud: “Quedará para otro momento entender por qué dos mujeres, Carolina Stanley y Patricia Bullrich, encarnan el yin y el yan de un gobierno que logró domesticar la crisis por el simple mecanismo de empujarla hacia adentro de los hogares”.

PARA MUESTRA

Esta particular mirada para analizar el desenvolvimiento de la sociedad frente a la crisis, tiene un correlato singular a partir de una noticia dada a conocer esta semana indicando que “los divorcios en la Ciudad de Buenos Aires aumentaron un 41%".

Las estadísticas del Registro Civil porteño indican que 2017 se registró el pico más alto de separaciones, con un total de 8.217 parejas disueltas, contra los 10.511 matrimonios que hubo. En tanto que en 2016 la cantidad de divorcios fue de 5.815.

Otros datos que se desprenden de un informe publicado por La Nación, indican que la edad promedio de los hombres divorciados es de 48 años y de 46 en las mujeres.

Además, el 40% de los divorcios tramitados en 2017 corresponden a parejas que llevaban más de 20 años juntos mientras que un 30% eran parejas de entre 10 a 20 años juntos.

PERDER PODER

En tiempos donde reaparecen argumentos a favor de la derecha represiva, cada avance en ese sentido significa una pérdida de derechos aunque sus simpatizantes quieran hacerlo notar como un beneficio.

El voto es una y sólo una de las herramientas del ciudadano para motorizar cambios, pero la permanente búsqueda de mejorar el entorno y preservar sus derechos es un trabajo cotidiano que no puede ni debe ser delegado en nadie más que uno para su análisis y concientización para luego integrarlo al colectivo para entregarlo en representación.

Quizás sean los jóvenes nacidos sin las presiones de gobiernos de facto los que están entendiendo mejor esta propuesta, sin temor a tener que encontrarse con los cánones de la cultura que siempre se anteponen a la libertad y al pensamiento crítico.

El filósofo Noam Chomsky plantea que “mientras la población general sea pasiva, apática y desviada hacia el consumismo o el odio de los vulnerables, los poderosos podrán hacer lo que quieran, y los que sobrevivan se quedarán a contemplar el resultado” y lamentablemente, es eso mismo lo que hoy nos está pasando.