En una nueva muestra de desidia, la municipalidad de Junín puso a consideración del Concejo Deliberante una modificación en la Ordenanza Fiscal mediante la cual deja de tener la obligación de ofrecer el servicio de riego en las calles de tierra de la ciudad, donde el polvo vuelve invivible la cotidianeidad de miles de vecinos.
No se trata de diez o veinte cuadras. Junín tiene más de 2.000 calles de tierra, y aproximadamente la mitad se encuentran “más allá de las vías”, zonas históricamente relegadas y fragmentadas por la inoperancia dirigencial. El resto se distribuye en numerosas barriadas que continúan sin respuestas, muchas de ellas con sociedades de fomento cooptadas por operadores del poder político local.
Frente a este panorama, la pregunta que se repite entre los vecinos es simple y contundente: ¿cuál es el sentido de pagar una tasa de “Conservación de la Vía Pública” (CVP) en lugares donde no pasa una máquina, no se arreglan los pozos y tampoco circula el camión regador para asentar el polvo que, con el viento, invade las viviendas?
Junín tiene más de 2.000 calles de tierra, y aproximadamente la mitad se encuentran “más allá de las vías”
No hay respuesta para semejante interrogante. Como ocurre con muchas de las tasas municipales, la CVP parece tener un único objetivo: recaudar para la caja negra de los funcionarios de la cual no dan información de gastos. Al no existir contraprestación, se transforma de hecho en un impuesto, algo expresamente prohibido para los gobiernos comunales.
Resulta paradójico que, con el paso del tiempo, el distrito “camine hacia atrás” en materia de servicios. Los vecinos más antiguos recuerdan el paso regular del camión regador durante los veranos más duros, cuando la canícula no daba tregua. Hoy, el servicio brilla por su ausencia, aunque la tasa se encarece año tras año.
A esto se suma una maniobra solapada: modificar el texto de la ordenanza para evitar reclamos futuros. La normativa vigente desde 2006 obligaba al Municipio, además de la recolección de residuos, al “riego e higiene de las calles que carecen de pavimento”. La nueva redacción elimina directamente la palabra “riego”. Un hecho vergonzoso que expone con claridad un modelo de gestión concentrado en pocas manzanas céntricas y que abandona al resto de la ciudad.
El desprecio hacia los vecinos de los barrios más humildes es inédito, ni Sahaspé se atrevió a tanto.
Las quejas de los barrios suburbanos incluyen, además, la falta de seguridad, el abandono de lotes municipales, deficiencias en la recolección de residuos y la ausencia total de recolección de ramas y residuos voluminosos.
DESCONTROL EN TODO
En reiteradas ediciones, SEMANARIO se hizo eco de una pregunta que sigue sin respuesta: ¿a dónde van a parar las inversiones del municipio?
En 2019, hace apenas seis años, el intendente Pablo Petrecca presentó con bombos y platillos nuevos camiones regadores, junto a un camión cisterna destinado al cuartel de Bomberos. Poco antes, también se había anunciado una fuerte inversión en maquinaria vial para atender calles de tierra y caminos rurales.
Hoy, los camiones regadores no aparecen y las calles continúan abandonadas. Los caminos rurales, tras el fracaso de la gestión municipal, debieron ser cedidos a una empresa privada para su mantenimiento.
¿Quién explicó qué ocurrió con esa flota de vehículos adquirida para prestar servicios en todo el partido? Máquinas, tractores, camiones, motoniveladoras, palas, autos y camionetas que, según el propio municipio, tenían como objetivo “mejorar el parque automotor y la calidad de los servicios”.
La realidad es contundente: no hay servicios, y por lo tanto nunca hubo calidad.
En aquel entonces, Petrecca afirmaba: “Estoy muy feliz de poder dar este anuncio a los vecinos de Junín porque era un reclamo de los fomentistas. Incorporamos cuatro nuevos regadores con capacidad de 10.000 litros que también funcionan como camiones cisterna para los bomberos”.
El esfuerzo de los vecinos para pagar tasas parece chocar, una y otra vez, con el desinterés y la falta de control en la gestión pública
También sostenía que los viejos camiones eran de 1986, incómodos y escasos, y que la inversión respondía a una necesidad urgente de los barrios. Sin embargo, Petrecca se quejaba que “todavía” había camiones de 1986 en 2019 (después de 33 largos años) y hoy no están trabajando los que tienen sólo seis años de uso. ¿Cuál es la explicación que nos perdimos? Es por eso que siempre el relato del discurso petrequista, ahora replicado por su cuñado, se desmorona frente a la evidencia actual: el servicio desapareció y nadie rinde cuentas.
A ese relato falaz se sumaba Germán Aguilar, entonces a cargo de Espacios Públicos, quien aseguraba que cada camión podía regar hasta 15 cuadras y que ahora sí se darían respuestas a los reclamos vecinales. Pura declamación y mentiras.
Hoy, la calidad de vida de los vecinos es peor, y el municipio ha dejado de resolver problemas básicos.
deban asumir la responsabilidad política de avalar la eliminación definitiva —porque en los hechos ya no existe— del servicio de riego en miles de cuadras de la ciudad. También sería oportuno exigir un informe detallado sobre el estado y destino del parque vial municipal
El esfuerzo de los vecinos para pagar tasas parece chocar, una y otra vez, con el desinterés y la falta de control en la gestión pública de este gobierno fiestero. Tal vez haya llegado el momento de dejar de vivir en un permanente “viva la Pepa”.
SALUD Y SEGURIDAD
La falta de mantenimiento en las calles de tierra no es solo una cuestión de incomodidad. La polvareda constante genera riesgos concretos para la salud y la seguridad vial, especialmente en los barrios periféricos.
SALUD: El polvo en suspensión agrava afecciones respiratorias preexistentes como asma, bronquitis y alergias, en especial en niños y adultos mayores. Las partículas finas ingresan a las viviendas, se depositan en alimentos y superficies y empeoran las condiciones sanitarias generales.
La exposición diaria y prolongada al polvo reduce la calidad de vida de quienes viven en calles sin riego ni compactación adecuada.
SEGURIDAD VIAL: La polvareda reduce drásticamente la visibilidad, aumentando el riesgo de choques y atropellos.
Motociclistas, ciclistas y peatones son los más expuestos en calles sin riego.
En días de viento, la nube de polvo puede anular por completo la percepción de cruces, lomos de burro y pozos.
Ordenar las calles de tierra no es un lujo: es una medida básica de prevención sanitaria y de seguridad, y una responsabilidad indelegable del Estado municipal.