Poco tiempo después de que los productores agropecuarios se quejaran por el deterioro de los caminos rurales de Junín, que por sus condiciones actuales atentan contra la productividad del distrito; se sumó en el comienzo de la primavera el alerta de vecinos de los suburbios respecto a la incidencia del barigüí o jején brasileño.
Lo que resulta claro es que ambos hechos tienen un común denominador, claras coincidencias y el mismo resultado producto de la imprevisión que es una marca registrada de funcionarios municipales que no tienen profesionalismo alguno y que por su propia improvisación van detrás de los problemas, obviamente si poder solucionarlos
La “siesta” que se tomaron los dirigidos por Pablo Petrecca (y ahora con su cuñado) durante los tres años de sequía que acontecieron sobre buena parte del país, el descontrol y la falta de inversiones que aplicaron sobre diversas áreas, son el resultado de lo que a posteriori ocurrió con estos dos casos testigo.
Tanto en materia de caminos rurales, como con la mosquita mordedora; se dejaron de lado cualquier tipo de monitoreo y, como tampoco funcionan las organizaciones de segundo y tercer grado, llámese sociedades de fomento o agrupaciones de dirigentes agrarios; los problemas terminaron siendo “problemón” porque aparecen cuando ya no quedan formas de solucionarlos.
A punto tal fue la improvisación, que ni siquiera pudieron controlar que no se secara la hermosa e inmensa laguna que debíamos tener en salvaguarda de la humanidad.
La vuelta de las lluvias recuperó los espejos de agua, nos devolvió la “De Gómez” y está de regreso el pejerrey (algo que seguramente se querrán adjudicar también como milagro de los rezos).
Pero también desnudó la falta de trabajos. Las quejas de los chacareros en plena campaña eleccionaria hicieron que el municipio terminara entregando el mantenimiento de los caminos a un privado entre gallos y medianoche, reconociendo su falta de expertise luego de varios años.
La reaparición de la mosquita que conocimos por primera vez a mediados de los ´90, en coincidencia con la masividad de fumigaciones agrícolas que podrían haber terminado con alguno de sus controladores naturales en el agua; es resultado del abandono de los monitoreos y la falta de inversión -por ejemplo- en los productos ovicidas, que matan a las larvas; única posibilidad de mantener sobre la raya a los adultos.
Difícilmente una gestión que llegó para ganar elecciones y acumular poder sobre las instituciones que conforman la comunidad, pueda hallar resultados valederos para mejorar la calidad de vida de los habitantes.
De esa manera es cómo coinciden los hechos negativos y la falta de soluciones, algo que parece desvanecerse ante los relatos mágicos que intentan tras el fracaso, funcionarios que no saben, no pueden y tampoco quieren hacer la cosas bien.