En Junín y la región lo conocemos, lo padecemos y lo sufrimos desde principios del 2000. El bairgüí llegó para cambiar las costumbres del verano, habitualmente al aire libre para disfrute del sol y las piletas. Su irrupción cambió hábitos, costumbres y obligó a tomar cuidados en los hogares y tareas de emergencia entre las autoridades.
Y pese a los estudios y el combate, apenas si pudo amortiguarse su molesta presencia. Ahora, la novedad es que ya no es patrimonio exclusivo de esta región, sino que el calor, junto con la humedad y la tropicalización del clima, hacen que tanto la ciudad de Buenos Aires como el resto del AMBA sufran también la presencia del insecto conocido como “mosca negra” y que tiene una mordedura muy dolorosa.
El barigüí se halla principalmente en zonas cercanas a ríos, arroyos y lugares con agua corriente, donde se reproduce. De hecho, su principal zona de reproducción hasta ahora es la cuenca del Río Salado. Y localidades como Bragado, Junín, Alberti, Mercedes, Chivilcoy, Roque Pérez, General Arenales, General Viamonte y General Belgrano son las más afectadas.
El barigüí forma parte del grupo de los simúlidos, o “moscas negras”, cuyas hembras son hematófagas y necesitan sangre para desarrollar sus huevos. Esto las lleva a atacar tanto a personas como a animales. El barigüí es pariente de mosquitos y tábanos y es la hembra quien utiliza sus garras para cortar la piel, lo que la convierte en un insecto telmófago.
No perfora y succiona sangre directamente de los capilares, como hacen los mosquitos, sino que provoca una herida superficial de la cual extrae la sangre que brota. Esta característica aumenta el dolor y el riesgo de infecciones.
Aunque ya se han difundido en infinidad de veces las formas de mitigar su impacto, nunca está de mas recordar las maneras de prevención. Para prevenir las picaduras del barigüí. Se recomienda: