Esta 'moda' arrancó hace ya unos cuantos años atrás. Y se soportaba cada domingo algo que parecía pintoresco, casi un paseo de un grupo de amigos. Aquella costumbre de unos pocos, rápidamente se multiplicó y enseguida, cientos se sumaron a atronar por las distintas calles de la ciudad. Y de pintoresco quedó nada y se convirtió en un problemón.
El raid de los intrépidos de las dos ruedas abarcaba un recorrido por gran parte de la ciudad: diferentes calles y rutas aledañas a Junín eran la geografía dominguera. Y si bien luego de un tiempo esa movida pareció atenuarse (solo atenuarse, nunca desapareció), este verano volvió recargada.
La novedad es que, tal vez con el verano, o las vacaciones o algún otro motivo, ya no se reúnen sólo los domingos. Ahora lo hacen de lunes a lunes, sin interrupciones. La movida arranca después de medianoche, cuando la ciudad se calma y se prepara para recuperar energías y levantarse al otro día para ir a trabajar.
Los vecinos los conocen por el ruido. Están las enduro, las de calle, algunas de alta cilindrada, las que pasan tirando ‘cortes’, varias 110, las hay sin carenados ni patentes, y también autos con cortes de escape y música, como si fueran los dee jays de ese momento ‘de diversión’ que está por empezar. De aquellos comienzos a este presente, hubo un cambio visible: Son más los que usan casco que los que no. No sea que los pare algún control y por eso pierdan la moto.
Ellos se divierten, nosotros no.
Mientras la jodita del corte empieza a sonar, otros arrancan a picar. Toman el semáforo de Respuela y Circunvalación como punto de partida y se retan hasta la rotonda de Álvarez Rodríguez. Van y vienen sin importar el color. Hay veces que el verde es para largar pero en varias, el rojo no es para frenar. Ojo. En ocasiones corren de a dos, a veces son tres. Al costado, mientras tanto, con mate o cervezas (es de suponer que quienes beben no conducen), no pocos disfrutan esas veloces pasadas.
Esta recta de los aprendices de Marc Márquez no solo se da entre Respuela y la rotonda de Álvarez Rodríguez. Más allá de Posadas, otros hacen la suya, disfrutando el descontrol. Además, ahora con la Circunvalación iluminada, tienen pista extensa, y en esos sitios, son los dueños del lugar. Los incautos, desprevenidos o los habitantes de los barrios del lugar, extremar los cuidados.
Ellos se divierten, nosotros no.
En ese grupo heterogéneo motero, están los que no pican en la ruta, pero aceleran en las calles del Borchex, que no es provincial, ni nacional. Y aunque los funcionarios dicen no poder actuar, por eso de las jurisdicciones, y porque la policía no puede accionar contra infracciones viales y porque los inspectores de la muni de madrugada nunca están, el parque sirve para esa diversión. Es un espacio público y municipal, pero allí no hay operativos. Tal vez sea otro país.
Algunos vecinos se preguntan dónde están los padres de esos pibes, están los que rezan al menos para que no haya siniestros que lamentar y quienes llaman al 147 porque parece que de todas las cámaras que instalaron, misteriosamente, ninguna los ve.
Algunos funcionarios han contado que no pueden perseguirlos, que es cierto que hay legislación para combatir este flagelo, y que van a ir a buscarlos a sus domicilios y de allí saldrán con las motos en cuestión. Y que trabajan para 'erradicar el problema que no es solo de Junín'.
El Secretario de Seguridad Lisandro Benito dijo que fueron de los primeros Municipios que pusieron esta situación bajo la mirada de la ley, con denuncias penales y que la justicia los ha acompañado. Tienen datos. Saben quiénes son y hasta los recorridos que realizan. De dónde salen, dónde se agrupan y qué recorrido realizan. Pero todo sigue igual.
No cuentan el respeto ni la tolerancia a los demás. Ellos se divierten, nosotros no.
Ganaron la calle, el espacio de todos, que ahora -al menos por estas horas-, es su lugar. Y no solo pican por la traza de la avenida Eva Perón, también se 'divierten' en otros lugares, como las colectoras de la Autovía 7, en inmediaciones del golf, en ruta 188 y donde les pinte la ocasión. La diversión diaria termina a eso de las cuatro, cinco, a veces seis de la mañana.
A esa hora, llega el tiempo de despertar, al menos los que pudieron dormir un rato. Y así empiezan, con cara de traste, por otro día sin dormir. Y a esa hora, ellos descansan, felices por la labor cumplida, y hasta tal vez sueñen con la noche siguiente, donde volverán a disfrutar.
Ellos se divierten. Los funcionarios se excusan. Los vecinos los sufren.
Así avanza el verano en Junín. Con la ‘diversión’ de unos pocos, y el sufrimiento de un montón.