En su carácter de influencer, el intendente interino de Junín, Juan Fiorini se filmó en un video donde sacó a pasear un dron para aplicar el pesticida que combate a las larvas del barigüí, cuando la población de las zonas de quintas de Junín hace tres meses que se viene rascando y puteando por las consecuencias que genera la mosquita mordedora.
Lo que esconde el relato y que ya había sido analizado por SEMANARIO es que el gobierno de Junín, volvió a llegar tarde a la hora de brindar soluciones, demostrando una vez más que si hay algo de lo que carecen, entre otras cosas, el sentido de la oportunidad.
El sentido de la oportunidad es la habilidad cognitiva y emocional de reconocer, tomar decisiones o actuar en el momento preciso y más favorable para lograr un objetivo, aprovechando coyunturas específicas para obtener éxito. Implica discernimiento, prudencia, audacia y preparación para evitar que las oportunidades se pierdan. O sea, que de lo descripto y a lo largo de una década, el petrequismo hizo agua.
Ahora presentan al “dron” como el mesías de la tecnología, pero lo cierto es que no aplicaron el producto específico cuando se debía y que puede hacerse con mochila.
La “siesta” que se tomaron los dirigidos por Pablo Petrecca (y ahora con su cuñado) durante los tres años de sequía que acontecieron sobre buena parte del país, el descontrol y la falta de inversiones que aplicaron sobre diversas áreas, son el resultado de lo que a posteriori ocurrió con este bichito tan molesto.
Fue así como dejaron de lado cualquier tipo de monitoreo y los problemas terminaron siendo “problemón” porque aparecen cuando ya no quedan formas de solucionarlos.
Esto lo reconoció esta semana Cecilia Laffaye, directora de Servicios Públicos, cuando dijo que “llevamos a cabo las gestiones necesarias para que venga un equipo de profesionales con drones para llevar a cabo la aplicación del BTI (producto larvicida) y evaluar posteriormente los resultados de esta metodología por medio de los muestreos periódicos que realizamos”, dejando en claro que no hubo previsión en los meses anteriores y ahora quieren tapar el sol con el dedo.
Es más, si el cauce del Salado sigue bajando como lo está haciendo, las larvas no podrán prosperar debido a que no hay agua sobre la vegetación, lugar donde ponen los huevos los adultos.
La reaparición de la mosquita que conocimos por primera vez a mediados de los ´90, en coincidencia con la masividad de fumigaciones agrícolas que podrían haber terminado con alguno de sus controladores naturales en el agua; fue entonces resultado del abandono de los monitoreos y la falta de inversión -por ejemplo- en los productos ovicidas, que matan a las larvas; única posibilidad de mantener sobre la raya a los adultos.
De esta manera es cómo coinciden los hechos negativos y la falta de soluciones, algo que parece desvanecerse ante los relatos mágicos que intentan tras el fracaso, funcionarios que no saben, no pueden y tampoco quieren hacer la cosas bien.