NOTA DE TAPA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 498 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 24 AL 30 DE ENERO DE 2026
El trámite incluye a las rutas nacionales 7 y 188, que atraviesan nuestro distrito y padecen desde hace más de dos años un abandono absoluto de su infraestructura, situación que se traduce en más accidentes y, en consecuencia, más muertes.
La escena resulta escandalosa, más allá del silencio brutal con el que “acompañan” distintas organizaciones políticas y sociales.
El panorama es lúgubre e irresponsable. Por un lado, las muertes que se repiten en lugares donde se ejecutaron obras y se prometieron otras que finalmente fueron paralizadas sin explicación, casi de manera caprichosa, aunque los ingresos al erario nacional continúan aportándose a través de los fieles y cándidos contribuyentes.
Ninguno de los impuestos —como, por ejemplo, el gravamen a los combustibles— fue eliminado, como sí ocurrió con los trabajos de mantenimiento de las carreteras nacionales. Ahora, de manera descarada, se proponen incrementos en los peajes, en correlato con la ausencia de bacheo y señalización, el corte de pastos, la recolección de basura y el mantenimiento eficaz de colectoras que parecen terreno bombardeado.
La motosierra mata
Lo que para el presidente Javier Milei parece un juego de poder, blandiendo la motosierra, para otros significa la muerte. Lo que se observa en los recortes sobre adultos mayores, personas con discapacidad y niños que deben ser atendidos en pediatría, como en el Hospital Garrahan, se traslada también a las rutas nacionales.
Los “casos testigo” aparecen con claridad en nuestra región, donde durante el fin de semana se registraron cuatro muertes por estas causas.
El primero de los hechos ocurrió el domingo, a la altura del kilómetro 207, en un tramo que iba a ser reemplazado por la Variante Chacabuco, obra paralizada por el Gobierno nacional.
Carlos Eduardo del Piano y Teresita Susana Dell’Asta, ambos de Pergamino, se desplazaban como únicos ocupantes de un Jeep T270 cuando chocaron de frente contra un camión jaula que transportaba hacienda. Fallecieron en el acto.
La obra de la Variante Chacabuco tiene ejecutada una nueva traza de 23 kilómetros, entre los km 196 y 219 de la Ruta Nacional 7, bordeando la ciudad homónima con dos carriles por sentido de circulación, un ancho de calzada de 7,30 metros y un cantero central.
Al asumir el actual gobierno, los trabajos fueron paralizados. En junio del año pasado, durante una audiencia realizada en Junín para anunciar nuevas concesiones, el Ejecutivo nacional confirmó que no continuará la obra, a pesar de encontrarse ejecutada en un 75 %. Con la sola aplicación de la carpeta asfáltica, el avance alcanzaría el 85 %. Lo más insólito es que quien resulte concesionario privado tampoco estará obligado a finalizarla.
Hoy, la imagen de ese “elefante blanco” resulta lamentable y expone con crudeza el desinterés de la política hacia ciudadanos y contribuyentes.
No se trata únicamente de 23 kilómetros lineales. También se ejecutaron cinco distribuidores: en el Acceso Este a Chacabuco, en el acceso a Cucha Cucha, en el cruce con la Ruta Provincial 30, en el cruce con el Ferrocarril San Martín y en el Acceso Oeste a la ciudad. A ello se suman tareas de desagües, alcantarillas y señalización horizontal y vertical.
El objetivo era brindar mayor seguridad y ahorro de tiempo en un tramo donde, a lo largo de los años, se perdieron decenas de vidas y por el que circulan más de 6.000 vehículos diarios.
La transformación en autopista de esta ruta constituye un reclamo histórico de vecinos y vecinas del noroeste bonaerense. Solo resta concluir lo construido en la variante y completar poco más de 40 kilómetros de doble vía hasta Carmen de Areco, desde donde la traza -ya convertida en autopista o autovía- continúa en dos carriles por sentido hasta Luján.
Promesas de travesía y ruta segura
Apenas 24 horas después de la tragedia en Chacabuco, el lunes pasado dos juninenses que se trasladaban en una motocicleta murieron tras chocar contra un automóvil sobre la Ruta Nacional 7, en jurisdicción de nuestra ciudad. El siniestro ocurrió cuando intentaban cruzar la calzada a la altura del kilómetro 262, otro sector incluido en promesas incumplidas que remiten a anuncios de años anteriores.
En 2021, el Ministerio de Obras Públicas, a través de Vialidad Nacional, convocó a la ciudadanía a participar de un espacio virtual donde se presentó el “Proyecto para la transformación en ruta segura de la Ruta Nacional 7 entre Junín y Vedia”.
La iniciativa preveía la pavimentación de banquinas a ambos lados de la calzada y la construcción de seis carriles de sobrepaso de 3,65 metros de ancho en todo el tramo a intervenir, comprendido entre los kilómetros 264,50 y 311,80.
Además, incluía la repavimentación de la calzada existente entre los km 266 y 343 del corredor ubicado en el norte de la provincia de Buenos Aires.
Tres años atrás, llegaría también la adjudicación de la denominada “Travesía Urbana” de la Ruta 7 para Junín. La obra se desarrollaría entre los kilómetros 258 (calle Puente del Inca) y 259,35 (Roque Vázquez), con la construcción de dos distribuidores en un plazo de 18 meses, a cargo de la empresa Vial Tec.
Entre los trabajos previstos figuraba un distribuidor en el empalme con la Ruta Provincial 65 (km 258,39), elevado a dos niveles y de tipo “trompeta”, dado que la traza provincial no continúa hacia el norte.
En el kilómetro 258,67 se proyectaba un distribuidor tipo “diamante”, con la elevación de la avenida Circunvalación sobre la calzada nacional y la conformación de tres rotondas: norte, sur y la correspondiente al acceso a la nueva Terminal de Ómnibus.
El plan contemplaba, además, colectoras pavimentadas en ambos sentidos, intersecciones a distinto nivel y control total de accesos. Con estas mejoras, la velocidad de circulación podría elevarse a 100 km/h, dando continuidad a la doble calzada del tramo Junín–Chacabuco, donde se construía la variante de 23 kilómetros mencionada al inicio.
La “Travesía Junín”, paralizada por el Gobierno nacional, ingresó luego en un cono de sombras desde el ámbito municipal, tras el acuerdo político sellado por el intendente en licencia con sectores libertarios. En consecuencia, no se registró reclamo alguno por la continuidad de una obra —proyectada durante el macrismo— que hubiera jerarquizado el ingreso a la ciudad y sus colectoras, hoy en estado calamitoso.
Que la inocencia nos valga
Las colectoras de la Ruta Nacional 7 resultan centrales para comprender el contexto. El deterioro de la calzada es exponencial en los caminos paralelos, tanto en el tramo urbano como en el rural. En la actualidad, presentan un nivel de desatención alarmante en ambos casos.
A ello se suma una gestión municipal que concentra su energía en el relato y las promesas, sin materializar soluciones concretas. Todo vuelve a empezar, incluso las tragedias, que constituyen el aspecto más doloroso de esta situación.
Hace menos de un año, gacetillas oficiales y medios locales afines al petrequismo anunciaron con énfasis la llegada de una supuesta solución para las colectoras de la Ruta Nacional 7, que acompañan los accesos a la ciudad y concentran empresas y comercios de relevancia, funcionando además como carta de presentación del distrito.
En marzo del año pasado, el entonces intendente Pablo Petrecca afirmaba: “Al fin hemos tenido respuesta a un pedido que veníamos haciendo desde hace mucho tiempo y que tenía que ver con la reparación de las colectoras de la Ruta Nacional 7. Todos los que transitamos por ellas, especialmente el sector productivo y comercial, sabíamos que desde hacía más de un año estaban totalmente detonadas, con pozos que parecían cráteres, lo que las hacía imposibles de transitar”.
No faltaron las fotografías de funcionarios y supuestos técnicos, planos en mano, anticipando beneficios que nunca llegaron.
El por entonces secretario de Obras Públicas, Franco Castellazzi —luego renunciado—, llegó a prometer un “reasfaltado” de colectoras que, en rigor, nunca fueron asfaltadas.
Los trabajos abarcarían ambas manos, desde el parador La Carpa hasta la altura de la Escuela N.º 35, y estarían finalizados “en dos meses”, lo que, según ese cronograma, fijaba junio de 2025 como fecha límite.
En plena campaña electoral, el jefe comunal que proyectaba su salida del distrito se autoproclamó gestor de las obras y agradeció públicamente “al Gobierno de Javier Milei y especialmente al diputado nacional Diego Santilli”, exhibiendo ya su plasticidad política.
Como ocurrió con la mayoría de las promesas petrequistas —hoy bajo la órbita del intendente interino Juan Fiorini—, todo quedó en palabras.
Una nueva recorrida de SEMANARIO por los sectores anunciados permitió constatar que el Gobierno nacional no movió una sola máquina para mejorar el estado de esas calles, fundamentales para el tránsito comercial e industrial de Junín. Tampoco lo hizo el gobierno municipal, que si bien no es su jurisdicción podría realizarlo.
El relevamiento incluyó también las colectoras de la autopista Ruta 7 entre Junín y Chacabuco, claves para la actividad agropecuaria y la economía regional.
Al igual que las banquinas ruteras, se encuentran en estado deplorable por falta total de mantenimiento. El avance de la vegetación es tal que, de persistir el abandono, los caminos podrían desaparecer. Están en consonancia con el resto de los caminos rurales del distrito.
No se trata de relatos ni promesas. Los hechos están documentados con datos y fotografías que exponen, como mínimo, la incompetencia de los distintos niveles de gobierno.
Mientras se incrementan las exigencias sobre los usuarios —peajes, impuestos, verificaciones técnicas y normas de tránsito— los mismos Estados eluden sus responsabilidades, cuando deberían estar al servicio de sus representados.
Un cuento de nunca acabar, que deja a su paso tragedia y desamparo. Un relato profundizado por quienes prometieron terminar con la casta y, sin embargo, se integraron a ella con rapidez, exhibiendo sus peores prácticas.