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EDITORIAL PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 503 DE SEMANARIO DE JUNÍN SEMANA DEL 28 DE FEBRERO AL 6 DE MARZO DE 2026
Que cada uno pueda salir con su auto o moto a buscar pasajeros para llevarlos de un lado a otro sin más no puede ser romantizado, porque como decía en la línea final de sus versos el alemán Martin Niemoller (adjudicado a Bertold Bretch): “ahora vienen por mí, pero es demasiado tarde”.
Cuánto falta acaso para que aparezcan aplicaciones donde se solicite un plomero, un electricista o un carpintero a domicilio sin ningún tipo de experiencia y aprovechando que está en la cercanía y cobra más barato. Acaso pasará también con alguien que aplique inyecciones o nos recete un medicamento para un malestar pasajero e incluso nos provea ambulancia. ¿O acaso ya los hay?
Ingresamos en un círculo vicioso en el cual quedan cada vez menos acaudalados y más mendigos, en el sentido de que los empleos de calidad se pierden y quienes los tenían deben bajar de categoría. Pero sumemos algo más y es que cada vez hay más oferta y menos demanda, llevando el círculo a una estrechez en la que desaparece la clase media y sólo obtendremos la figura de la profunda pauperización latinoamericana de la cual la Argentina escapó durante un siglo y que terminaría cumpliéndose la profecía de ser Venezuela, pero bajo un gobierno libertario.
En qué momento pasamos de decir “todos somos el campo” a “todos somos taxistas”, “todos mandaderos”, “todos servicio doméstico” y “todos cuidador de ancianos”.
Para llegar a eso, hubo y hay una pléyade de salames de escritorio que desde las redes sociales acusan de “chorros” a los demás como si se tratara de una competencia.
Si algo no les gusta del otro dicen que “es chorro”. Pasó con políticos, pero en Junín también observamos a personajes que creen que el kiosquero que cerró porque no vendía nada “lo merece por chorro” o el verdulero porque “tenía la balanza tocada”. Incluso en este caso del transporte que planteamos como central, hay quienes se regodean afirmando que los taxistas y remiseros locales se merecen un Uber porque “son chorros”.
¿No será que nosotros estamos cada vez más “secos” producto de políticas que aspiran a darle todos los beneficios a los ricos y ya no nos alcanza para tomar una coca en el kiosco, comprar morrones o tomar un taxi?
Y por lo tanto, al sentirnos cada vez más pobres buscamos “chorros” en cualquier lado para poder digerir mejor nuestra frustración.
Estamos enfrascados en un viaje que no nos lleva -en el mejor de los casos- a ninguna parte, pero en el que cada tanto, cuando sacamos cuentas, nos enteramos de que estamos un poquito peor que ayer.
Lo llamativo es que por alguna razón (tal vez ligada a la ingeniería social) buscamos excusas para convencernos de que eso ocurre por culpa de otros y no nos hacemos cargo de nuestra propia responsabilidad. Hemos absorbido el discurso que nos hace ir todos contra todos, para hacer más fácil la dominación generada por unos pocos.
Quizás sea tarde y ya hayan venido por usted y por todos nosotros.