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Un mito inédito y fantástico - Semanario de Junín

LOCALES | 18 MAR 2026

MARCILLA, 73 AÑOS DESPUÉS

Un mito inédito y fantástico

A 73 años de la maldita columna que nos privó de su sencillez, de su maestría, de su ética de muchacho sin dobleces, Eusebio Marcilla sigue tan vivo como en aquellos días.



Los homenajes tienen la rarísima particularidad de hacer brotar una vena hermosa e inigualable, la emotiva. Pero cuando se llevan a cabo, casi siempre cuentan con la irreparable ausencia del reverenciado. Este no es el caso, simplemente porque Eusebio Marcilla (16 de julio de 1914 – 14 de marzo de 1953), a setenta y tres años de la maldita columna que nos privó de su sencillez, de su maestría, de su ética de muchacho sin dobleces, sigue tan vivo como en aquellos días. Es como si este abrumador reconocimiento lo tuviese a él, presente en cuerpo y alma. El recuerdo permanente no es otra cosa que el saldo fiel de una deuda de gratitud de Junín con el personaje más querido de la historia del deporte local. Además de ser una estricta razón de justicia, ¿cómo olvidarlo?

“El caballero del camino, el de Junín, ha muerto. Vino a morir a mi provincia. Atravesó mi pueblo. Iba tan rápido a su fin, que nadie pudo verlo. La voz de mi saludo me la quitó con viento”. (José Pedroni)

DETALLES POCO CONOCIDOS

El debut en el TC de Eusebio Carmelo Marcilla, con 24 años, se produjo en 1939 con un Chevrolet, clasificándose cuarto en la Vuelta de Salto. Fue la primera competencia fiscalizada por el Automóvil Club Argentino, prueba de la que no se tiene mayores referencias.

En el año 1939 el Turismo Carretera fue oficialmente la primera temporada desarrollada por la categoría, organizada por el ACA, luego de que este órgano fiscalizador haya instaurado dos años antes el “Gran Premio de Velocidad”, creando el “Campeonato Argentino de Velocidad”. Fue así que comenzó a ser utilizado el término “Turismo de Carretera” para definir a esta nueva competición, mezclando el término alusivo a los coches (Turismo), con el de los escenarios donde competían (Carretera).

Eusebio estaba haciendo una gran carrera en la crucial Vuelta de Santa Fe. El piloto Jorge Orduna le seguía de cerca. Tras el accidente del Chevrolet Nº 4 del juninense, Orduna quedaba a la cabeza de la prueba. Sin embargo, la abandonó para transportar a Marcilla al hospital. Por desgracia, siete meses después también seguiría los pasos de Eusebio, puesto que se mató disputando la IV Vuelta de Tandil.

Eusebio, siempre secundado por su compañero Miguel Salem, era un piloto de gran futuro cuando se presentó a su primera prueba de carácter supranacional: el Gran Premio Internacional del Norte, en 1940, raid que enlazaba las capitales de Buenos Aires/La Paz/Lima: 9.445 Km a recorrer en 15 días, del 28 de setiembre al 12 de octubre. No llegó a clasificarse, entre otras cosas porque detuvo su coupé Chevrolet Nº 80 para auxiliar a los hermanos Gálvez, que se habían despeñado. La carrera la ganó Fangio, su primera gran victoria de valor internacional. En una de las ceremonias que habitualmente lo recuerdan, se anunció que se iba a adquirir un Chevrolet 1940 para reproducir la máquina que utilizó en esta prueba que no terminó, pero que reveló su generosidad y sus dones como piloto y como ser humano.

En Recreo, la ciudad de tan desgraciado suceso, se le erigió un busto en 2011 (donado por su autor, Luigi Sante Lorenzón) y se dio su nombre a una parada de autobuses con motivo del 97º aniversario de su nacimiento. Además, la carretera en la que se mató también lleva su nombre (actualmente, Ruta Provincial 70, aunque entonces era la Ruta Nacional 166). (de http://www.municipio-recreo.gov.ar/prensa/comunicados-de-prensa/1077).

Su velatorio fue multitudinario y, en su honor, al 29 de octubre se lo instituyó como el Día de la Caballerosidad Deportiva

Desde el sanatorio donde fueron tras el accidente, Miguel Salem, el entrañable amigo y copiloto de Eusebio, atendió al corresponsal del diario “La Verdad” unos días después: “Veníamos realizando una excelente carrera. El coche respondía ampliamente. Unos trescientos metros antes de llegar a la curva fatal, Eusebio puso un pie en el pedal del freno. Un poco preocupado, observé que el mismo se fue a la tabla, por lo que me dí cuenta cabal de que los frenos no respondían. Íbamos a una velocidad de aproximadamente 178 kilómetros. De pronto, Eusebio se aferró al dominio del volante y procuró efectuar cambios. Escuchó unos ruidos raros en la caja, como si no engancharan, y ante la posibilidad de hacer un desastre con el público que esperaba el paso de los corredores, hizo un viraje en forma magistral, proyectándose el coche en el aire con el resultado que todos conocen, al hacer impacto en la columna de cemento”.

El 21 de octubre de 2008 se proclamó la ordenanza Nº 5.754 por la que el concejo deliberante del municipio de Junín acordaba establecer “en todo el partido de Junín la jornada del 29 de octubre de todos los años como “El Día de la Caballerosidad Deportiva”, en homenaje, permanente recuerdo y reconocimiento a la conducta y actitud solidaria que enalteció y arraigó la figura del piloto de Turismo de Carretera e ídolo del pueblo de Junín, Eusebio Marcilla”.

Junto con su calidad moral, Eusebio Marcilla había entregado pródigamente buenas muestras de su calidad de preparador del TC y de su calidad como volante. Pero, como señalan varios de sus biógrafos, aunque procuró no significarse políticamente, fue boicoteado y ninguneado, simplemente porque su discreción no cuadraba con el régimen imperante entonces, que consideraba “contreras” o “traidores” a todos los no adictos, por lo que a menudo se ocultaban sus hazañas y hasta su nombre en los medios de comunicación.

“EL HOMBRE DEL MAMELUCO BLANCO”

Con esta sentida obra, el poeta José Pedroni describe el accidente mortal de Eusebio, al que él llamaba “El hombre del mameluco blanco”.

Allí estaban los hombres, las mujeres,

junto al camino recto;

los niños en los árboles

y el avión en el cielo.

Él pasó con su ráfaga a morir,

con muertas mariposas en el pecho.

 

La luz de tu sonrisa

se te apagó sin verlo.

Cuando alzaste los brazos para él,

ya estaba lejos, lejos.

Te dejó un remolino en el vestido

y una hoja en el pelo.

 

El zumbido perdióse hacia mi río.

Era como un lamento.

El río suele amanecer con ángel.

Pensé que el ángel fuera a detenerlo.

 

No digamos su nombre deshojado.

Su nombre ya no es nuestro.

En el lugar donde dejó la sangre,

flores le pone el pueblo,

amarillas y blancas,

que duran un momento,

atadas con un hilo de retama;

todo del mismo suelo.

 

El caballero de Junín,

ya tiene monumento.

Bibliografía: (archivos web de Eusebio Marcilla y Roque Núbile en http://www.jmfangio.org/c194010gpdnorte.htm). (archivos Alfredo Parga en “Historia Deportiva del Automovilismo Argentino” y http://www.f1- web.com.ar/buenosairescaracas.htm). J.-L. Otero de Saavedra Mira y Alex De Pascual.