La muerte de Hugo Luis Biolcati, dirigente de las primeras líneas de la Sociedad Rural Argentina que además de presidente y vice, dirigió la revista Anales de la SRA durante la parte final y la década inicial de este siglo, despierta la memoria de los acontecimientos, además de algunas polémicas nunca bien valoradas, principalmente para quienes intentan mezclar la política partidaria con la política agropecuaria.
Como grupo de presión, los chacareros perdieron fuerza cuando se aliaron a opositores que, paradójicamente, al llegar al poder los conformaron con algunos cargos de gran nombre pero poca ejecutividad, a punto tal que se cambiaba el rango ministerial, pero las políticas las manejaban los economistas y no los sectores de la producción primaria.
Biolcati fue sin dudas uno de los mayores y mejores productores de leche de nuestro país y cultor de la raza Holando Argentino, sin embargo no logró que el sector tuviera un mayor despliegue, por el contrario fue superado por otros países aledaños, perdió mercado interno y externo, los tamberos se vieron con la “Espada de Damocles” sobre la cabeza y optaron por la sojización. El resultado está a la vista.
Tan a la vista que deja en claro que el poder siempre lo ostentó la industria, en muchos casos obsoleta y extorsionadora, que no tuvo empacho en generar quebrantos tamberos aunque con ello matara a la “gallina de los huevos de oro”.
Como si fuera poco, los productores agrícolas quedaron (y siguen estando) a merced de una matriz productiva extractiva y costosa, cuya parte sustancial se la llevan las multinacionales exportadoras.
Más allá de las posturas y las frases polémicas que dejó para el cotilleo del debate en la opinión pública, Biolcati formó parte de un ruralismo que era más tradición que presencia en el campo, aunque cada año marcaba a fuego su trascendencia en la exposición de Palermo.
Una Sociedad Rural que trabajaba en serio para el campo, con equipos técnicos independientes respaldados por dirigentes con personalidad que buscaban imponer políticas con argumentos y no con alcahueterías.
La concreción de la Mesa de Enlace en 2008, aquello que unió el espanto y no el amor parafraseando a Borges; marcó el deterioro en el espíritu dirigencial de las principales agrupaciones del agro y La Rural pasó de ser un espacio de ideas y debate, a una marca comercial, vaciada de contenido a favor de la producción y desarrollo agropecuario, que supo estar basada en pilares sustanciales como infraestructura, salud, educación y seguridad para la ruralidad.
Se fue el último de los ruralistas. La continuidad, es lo que se ve.