La oferta sanitaria de Junín era notoriamente diferente en un pasado no tan lejano. Todo empezó a cambiar con el gobierno neoliberal de Carlos Menem, que selló la suerte del sistema ferroviario en la década del 90 con las privatizaciones. Porque con la desaparición de una de las fortalezas laborales de Junín, también cayó el funcionamiento hospitalario que asistía a sus trabajadores, el Policlínico Ferroviario de avenida Intendente de la Sota, que contaba con dos ambulancias para sus miles de afiliados y donde llegaron a trabajar 60 profesionales y 200 empleados.
El icónico edificio (hoy sede de la UNNOBA) fue construido entre 1944 -cuando el propio general Perón colocó la piedra fundamental- y 1949. Fue un centro de atención médico de alcance regional, hasta su cierre definitivo en 2001, barriendo con uno de los emblemáticos espacios sanitarios con los que contaba la ciudad.
No fue el único. Por entonces, Junín también tenía un hospital público municipal, el San José, del que queda como mudo testigo su edificio (patrimonio cultural de la provincia) en la manzana de Borges, Pellegrini, 25 de Mayo y Comandante Escribano hoy destinado a dependencias administrativas y de salud, destacándose la Fiscalía Correccional, la Región Sanitaria III de la provincia de Buenos Aires y el Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) N° 11 del Gobierno de Junín.
Nunca el PRO local, en sus años de gestión al frente de Junín, tuvo entre sus planes la recuperación de un hospital municipal
En este caso, el cierre en 1999 del que fuera uno de los emblemas en el combate contra el mal de los rastrojos en toda la región, tuvo otros responsables: la visión cortoplacista de la dirigencia determinó que, como la provincia había instalado un hospital regional, para derivar los casos más complicados desde los respectivos hospitales municipales, era mejor desactivarlo, para ‘destinar esos fondos a otras prioridades’. Lo eliminaron del presupuesto, recargando las prestaciones del regional.
Es decir que, mientras la ciudad creció y se sumaron habitantes, el sistema público se achicó. También el privado, con el cierre de la clínica IMEC. Así, en esta ventana de tiempo, desaparecieron de la ciudad los centros sanitarios que soportaban la baja y media complejidad y quedaron las salitas sanitarias, de atención primaria y bajo la órbita municipal -algunas reducidas a centros vacunatorios, otras sin profesionales o con horarios acotados según el día y a veces sin siquiera alguien capacitado para tomar la presión- y el Hospital Regional.
Junín es un emporio de la medicina privada que creció mientras el Estado abandonó lo público local, y en estos tiempos de economía libertaria, donde la destrucción del empleo es una materia común, y cientos de personas lo pierden y por ende también su obra social, quienes antes iban al sector privado, ahora caen en el público, redondeando un combo de malas noticias que produce un gran cuello de botella en la salud de la ciudad.
Esta es una de las razones por las cuales el hospital interzonal de agudos Abraham Félix Piñeiro está desbordado. Porque si bien fue abierto para prestar su servicio a toda la zona y para casos agudos derivados después de una primera atención; Junín lo toma como propio para cualquier consulta inmediata, saturando su capacidad.
Por otro lado, el HIGA Junín hace ya un tiempo pasa por una etapa de indefiniciones por el éxodo de algunos profesionales. Entre el año pasado y este dejaron de pertenecer al nosocomio provincial los urólogos Sebastián Biurrum y Emanuel Ortega, por aparentes desavenencias con el director ejecutivo Fernando Crocco. La situación no es un mero hecho administrativo, porque estas ausencias afectan la salud de la población y pone en riesgo la vida de las personas.
En pocos años, Junín se quedó sin el San José, el Policlínico Ferroviario y la clínica IMEC
Además, el sistema provincial también padece la caída de ingresos ya que, no es novedad, tampoco recibe de Nación lo que le corresponde por fondos coparticipables. Según datos de la Gobernación, la deuda asciende a unos 15 billones de pesos; que son vitales para hacer frente a sus obligaciones de prestación de servicios públicos, entre ellos, el mantenimiento de su red hospitalaria.
En la región, a excepción de Junín y 9 de Julio, todos los distritos cercanos cuentan con un hospital municipal. Con presupuestos infinitamente menores a nuestra ciudad, Florentino Ameghino, General Pinto, Lincoln, Chacabuco, Chivilcoy, General Arenales, General Viamonte y Bragado, solo por citar algunos, sostienen sus hospitales comunales.
Respecto de los ingresos o fuentes de financiamiento, a los distritos les llegan los ingresos provenientes del cobro de tasas, -las cuales pueden ser de libre disponibilidad o afectadas a un fin específico, la coparticipación de impuestos provinciales, -que también pueden ser de libre disponibilidad o afectadas a un fin específico- y también los fondos nacionales, (mínimos en la actual gestión) que son a partir de convenios particulares entre el Municipio y el Gobierno Nacional o de programas nacionales que llegan a los municipios de manera directa.
Un dato no menor en cuanto a la coparticipación provincial: Cambia de manera notoria lo que reciben los municipios que cuentan con Hospitales municipales y los que no. Este ítem se distribuye a través del Coeficiente Único de Distribución (CUD). El CUD surge a partir de diferentes variables, como población, superficie, producción en salud, entre otras.
Tomando en cuenta los 19 distritos de la Cuarta Sección Electoral, Junín, -la ciudad más grande e importante de la sección-, fue la que menor cantidad de dinero recibió vía CUD. De acuerdo a los datos del año 2.025, recibió $ 199.002,11 por habitante en el año. Mientras que otros municipios recibieron más de $ 1.000.000. Municipios de similar tamaño, con un tercio de habitantes, recibieron el doble, triple y hasta más del cuádruple que Junín…porque tienen Hospital Municipal.
Con sus salitas municipales con deficiencias en la atención, el grueso de la población terminó en el HIGA Junín saturando su capacidad edilicia y profesional
De acuerdo a la Ley 10.559 (y sus modificatorias) que regula la coparticipación en la provincia, la misma se distribuye entre los 135 municipios el 16,14% de los ingresos provinciales (Ingresos Brutos, Inmobiliario, Automotores, Sellos) y los ingresos nacionales coparticipables que llegan a la provincia.
Esa masa coparticipable de recursos luego se distribuye de acuerdo a tres criterios:
El 58% del total coparticipable: Por Población un 62%, por capacidad tributaria inversa 23% y por superficie del Partido un 15%.
El 37% del total coparticipable: entre las Municipalidades que posean establecimientos oficiales para la atención de la salud -con o sin internación-, de acuerdo a lo establecido por el artículo 2° de la ley.
Es decir que no es que no se puede, o es inviable, sino que no se han tomado el trabajo de analizar seriamente la problemática y de empezar a considerar la recuperación del sistema público sanitario de Junín.
Junín argumenta que la ciudad es el único distrito regional sin efector propio y sobrecarga al HIGA Abraham Piñeiro. El oficialismo local jamás tuvo entre sus planes la puesta en marcha de un nosocomio municipal con el argumento que es "inviable". Petrecca no solo le sacó el cuerpo a la idea, sino que aprovechó para criticar la gestión bonaerense ‘por no brindar los insumos ni sostener la infraestructura’ del nosocomio instalado en la ciudad.
Conviene recordar que, para el año en curso, el Municipio local destinará $ 3.786.353.172,39 a la Secretaría de Salud, que sería el área de la cual dependería el Hospital Municipal, apenas el 6,29% del presupuesto municipal.
Mientras los funcionarios siguen inaugurando comercios de amigos y luces led, dejan de lado las discusiones importantes. Es hora de comenzar a definir prioridades y encarar obras estratégicas para una ciudad de ciento y pico mil habitantes que requiere decisiones que sirvan para mejorarle la vida a la gente a la que dicen representar.