En Junín se viven tiempos libertarios, aunque gobierne el PRO desde hace añares. Y aunque las vacas no vuelan y siguen cada vez más ancladas al campo, porque guita para el asado no hay, todo lo planeado por la dupla gobernante, va camino al cielo.
Son tiempos de anuncios rimbombantes.
Todo arrancó a fines de septiembre del año pasado, cuando Petrecca-intendente, con un planito en mano, salió de Casa Rosada con la buena nueva del bajo nivel. Era para celebrar: Fue de las pocas obras que el fulano de la motosierra autorizó y que ‘avanza según los plazos previstos’, tanto que sigue dando de comer, y del que dan cuenta cada tanto cuñado y senador con sus casquitos blancos y el conteo de tierra, disfrutando lo mucho que aporta a la causa amarilla renovada.
Pero como no alcanza con una sola historia, porque los reels precisan varias, aparecieron más. Y ahí asomó la nueva terminal, otro de los caballitos de batalla que Pablo y compañía usaron previo a cuanta elección apareció en el camino. Que sí, que no hay plata, que no alcanza, que veremos, que, por ahí. Qué quien sabe. Lo cierto es que, con casi el 80% terminada, les llevó más de 12 años encontrarle el novio a la que ahora será un mix entre micros y centro comercial.
Entre tantas idas y vueltas, quedó reducida a la mitad ‘para que no le cueste nada a los juninenses’ (ya costó bastante, aunque se prometió que sería cero), y todavía sigue en veremos el destino del ahora viejo predio, en Rivadavia y avenida San Martín. La nueva...ahí anda, tapada de chapas, con un espacio chiquitito para los bondis, porque parece que menos es más.
Al club de las buenas noticias enseguida le llegó Mostaza. Tras una enigmática reunión en Bolívar (no sea cosa que los empresarios tengan que gastar en viajar a la ciudad donde quieren emprender), la dupla amarilla volvió al pago con el grato dato que venían las hamburguesas a Junín. Después, todo lo demás: Un 'regalito' de un lote municipal en un acomodado alquiler, algunos favorcitos de trámites veloces y un canon donde los empresarios ganaron y la mayoría perdió, aunque se digan otras cosas. Ahí está, viendo pasar el tiempo, y no es la puerta de Alcalá.
Con Mostaza y ahora Havanna, faltarían Burger King y Wendy's. No perdamos la esperanza.
Había más Good News: Casi a la velocidad que Adorni compró, alquiló, refaccionó, volvió a comprar y multiplicó los peces sin tener pecera pero sí cascada, el licenciado y el interino abrieron la boca al cacao de los Havanna y Havannets, que buscaban un céntrico lugar y…oh casualidad, apareció el fin de la concesión del bar del MUMA, al que hubo que hacerle unos retoques de papeles y acomodar una licitación para que la firma de alfajores marplatenses (hoy el fondo Inverlat) anuncie que pronto abrirá sus puertas en esa estratégica esquina de Junín.
Y a los pocos días de visitar los paneles solares de Jorge Brito que hace pie en el mundo de las energías renovables en Lincoln y Junín y como no hay dos sin tres y para hacerle honor al dicho al mal tiempo, buena cara, el Senador y su cuñado, recargados, se tiraron a la pile, al anunciar... el shopping-terminal y Mac Donald (mandó la competencia a metros de Mostaza), Aló, y parece, unos 30 más.
La gestión avanza tan rápido que ni el mismo creador del Shinkansen imaginó semejante velocidad de desarrollo.
Tal vez por eso, y para no quedarse pedaleando en el agua como Fiorini en su biciacuática el verano pasado, la concejala Veronelli, del partido que no gobierna, pero decide, primerió al binomio anunciador con la noticia de la posibilidad del desembarco de un parque acuático en la laguna.
Venía todo más o menos igual que siempre: Algunas cuadritas de cordón cuenta, las infaltables luces LED y un par de camaritas y anuncios que repetían cada año, así hasta pronto olvidar. Pero con todo esto, se despelotaron. ¡Largaron una tras otra, como cachetada e’ loco!, dirían los gauchos de esta pampa. ¡Paren un poco, que nos van a enfermar!
En ningún punto del país se dieron tantas buenas nuevas en tan poco tiempo como acá. Con todo esto en marcha, Junín vuelve a brillar. Ya no es un faro regional. Es nacional. O internacional. Llamen a Musk.
Este cambio marca un giro, según el plan, aunque las vacas siguen sin volar. Bueno, tal vez pronto pase, porque una de las pocas que quedó con las ganas de aterrizar fue Humming, -la promocionada aerolínea fogoneada por el Ministro desregulador- que se dio cuenta que de Aeropuerto por casa, nada y ni siquiera funcionan como deben las balizas en la pista que precisa mucho más que una lavada de cara pero ahora, con todo esto, quién te dice que por ahi vuelven los aviones para todos. Bueno, para algunos. O para unos pocos.
Como sea, arriba, la casta y los fulanos vuelan y por eso se pavonean, contando que lo pasa acá, es ‘histórico’. Abajo, hay otra historia. Ahora, aprovechen la volada y este viraje de intenciones y miren un poco alrededor: Ahí están los que apenas carretean a centímetros del suelo, intentando sobrevivir. En ese largo listado de sufrientes están miles y miles que dicen representar: Por un lado, los comerciantes, que no saben qué promo meter para que alguien se digne entrar a comprar.
También los consumidores, que consumen cada vez menos y por estas horas estiran sus ingresos como chicle, intentando llegar a fin de mes y no están para ver qué promo les conviene, porque lo que ganan, va para el morfi y los servicios que no paran de aumentar.
Ni hablar los jubilados, que siguen con un bono congelado desde hace añares, escuchando que hay que hacer un esfuerzo, si es que quieren un cajón mejor. Ya lo dijo Diana Mondino hace unos años: Se morirán quienes tengan que morir, y listo.
Se agregan a este lote los desempleados, que nunca vieron abrirse las puertas de una fábrica desde que Batman y Robin conducen este bondi, contando que todo va mejor.
Según los popes locales del desarrollo, moldeados en la fundación Pensar (que piensa para los privilegiados de siempre), este faro regional-nacional-global avanza a paso firme, rumbo a la tierra prometida. Eso sí, se verá quiénes llegan. Ellos y algunos amigotes de su casta, seguro el resto, un misterio a develar.
Por eso, el binomio de la (no) gestión se contenta con ‘acompañar’ cada emprendimiento de algún abnegado comerciante, que intenta cambiar su realidad. Allí, presto, llega Gran Cuñado con sonrisa de publicidad y si la ocasión lo amerita, también el ahora Senador.
Cerca de sus brillos, siguen las rutas detonadas, igual que hace añares, pero ahora privatizadas, los trenes sin vías ni obras para que puedan circular con cierta dignidad; los combustibles con tasas locales carísimas aunque para aliviarnos el dolor prometieron bicisenda, (¿se olvidaron?), caminos rurales que siguen bajo un lamento interminable pese a que son manejados por privados; la universidad a pura queja, viendo si lo que llega les alcanza para pagar la luz o arreglar un baño. Ni hablar la (in)seguridad, que suma cámaras pero sigue renga en cuidar a los vecinos y el tránsito desbocado y las picadas ilegales, un problemón sin solución.
El listado es interminable en la suiza petrequista, pero no mueve el amperímetro del dúo amarillo- ¿libertario? Nada, che. Ni mu.
Las vacas no vuelan, pero el Senador levantó vuelo hace rato; empezó por su casona de avenida San Martín, mucho antes que Adorni usara el efeté para desatar la ira de un país. Y para capear algún posible temporal o una nueva tormenta amarilla, -porque ya les pasaron cosas-, puso a su cuñado a carretear.
Todo, todo, marcha según el plan. Sobran las hamburguesas y abunda el cotillón, aunque hace rato también sobran las sombras en la ciudad. No estaría mal que alguien prenda la luz.
Fin.