Cuando volvíamos de La Plata después de firmar el contrato con la productora “El Chacal” para que el Indio Solari diera en el Autódromo Eusebio Marcilla su quinto recital del año con los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, le dije a Mario Meoni, quien venía sentado en el asiento delantero del acompañante del auto Volkswagen Passat que conducía Luciano Polo, “¿Mario estás seguro? va a ser un lio organizar esto y un riesgo”. Ese año, en noviembre, teníamos elecciones y cualquier incidente que se produjera nos podía costar perder la Intendencia. Mario se dio vuelta, me miró, yo venía sentado atrás de él en el auto y me dijo: "Damián, la política como la vida es para los audaces".
Así empezó todo. Unos meses después, el 3 de septiembre de ese año, a las 22 horas puntual, Carlos Alberto Solari salía al escenario montado en una de las cabeceras del autódromo mirando al balneario Municipal Laguna de Gómez y con Noticias del Naufragio inauguró una de las noches más célebres en la historia cultural de nuestra ciudad.
Más de 120 mil personas habían llegado a Junín desde todos lados para celebrar la misa India y la ciudad se convirtió por unas horas en el centro de las noticias de la Argentina.
Durante seis meses estuvimos junto con la productora organizando el evento tan esperado y cuando dos días antes del show empezaron a llegar en manada chicos y chicas de todos los puntos cardinales del país a nuestra ciudad comprendí primero la dimensión enorme de este artista y luego la visión única de un político valiente y popular como Mario Meoni.
El Indio dio su show que hoy, y con la triste noticia de su muerte, se convierte en un hito histórico para nuestra ciudad, y Meoni cumplió con su rol de líder audaz con una visión sobre el valor de la política al servicio de los acontecimientos populares que, lamentablemente, nuestra ciudad no volvió a tener hasta ahora.
La energía que cubrió el autódromo durante esos días de acampe y luego en el show nunca más se volvieron a ver por estas tierras. El tamaño del mito viviente en ese momento y la leyenda en que se convirtió hoy nos dan la certeza de haber hecho lo correcto. La alegría del pueblo es la búsqueda de la política y ese día se combinaron las dos y se logró ese axioma tan repetido, a veces sin sentido, de que el pueblo es el verdadero dueño de la verdad. El pueblo no se equivoca y el Indio supo entender eso como nadie. Si no hay amor que no haya nada, dice en una de sus más celebres canciones y esa noche el amor llenó las almas de toda la gente. Cuando un artista se vincula de esa manera con la gente no hay doctrina, dogma ni análisis filosófico que lo pueda explicar, no se explica, es pura vida.
Hoy, con su muerte, todos los juninenses debemos recordar aquella noche, la audacia de ese hombre que decidió arriesgar para que eso sucediera en Junín y la magia del artista que llenó de arte los corazones de todos los que ahí estuvieron. Hoy su muerte lo coloca en el lugar en donde solo unos pocos logran llegar, la leyenda se agranda, se hace inconmensurable, como esa noche de septiembre en que un Indio celebró la misa más concurrida de la historia de Junín. Tuvimos el lujo de ser parte de esa leyenda y eso nada ni nadie podrá borrarlo de nuestra memoria colectiva. No se va quien nos ha hecho emocionar.
Hay personas que son importantes y otras que son imprescindibles, nosotros tuvimos dos que coincidieron en un tiempo y un lugar. Que dios los tenga en la gloria y sino no importa porque nosotros ya los tenemos en la nuestra.