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¿Quiénes odian a los periodistas? - Semanario de Junín

LOCALES | 7 JUN 2026

EDITORIAL DE DOMINGO

¿Quiénes odian a los periodistas?

El periodismo molesta cuando pregunta por los gastos, por las contrataciones, por los privilegios, por los negocios, por los familiares acomodados en cargos públicos o por las promesas incumplidas



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EDITORIAL PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 517 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 6 AL 12 DE JUNIO DE 2026

El presidente Javier Milei, tal vez el más bruto de los mandatarios de este siglo, si consideramos al concepto de lo "bruto" como opuesto al refinamiento y los buenos modales, ha puesto de moda la frase “no odiamos lo suficiente a los periodistas”, mostrando precisamente su costado más execrable, al tiempo que se sirve de voceros oficiales de sospechosa reputación y otros de medios de comunicación privados de monetizada genuflexión.

La brutalidad de Milei se agiganta cuando traemos al debate al filósofo Friedrich Nietzsche, quien en su bella obra titulada “Más allá del bien y del mal”, pronuncia: “No se odia a quien se desprecia, se odia a alguien igual o superior”, demostrando que lo de Milei y quienes lo apoyan termina siendo una exaltación hacia la profesión que abrazamos y que recuerda este 7 de junio a Mariano Moreno, fundador de la Gazeta de Buenos Ayres en 1810 y que, como secretario de la Primera Junta, concibió este primer periódico patrio como un instrumento clave para difundir los actos de gobierno, educar a los ciudadanos y consolidar las ideas de la Revolución de Mayo, estableciendo la gaceta como una vía indispensable para que el pueblo pudiera conocer la verdad sobre los acontecimientos políticos y las decisiones de la administración.

En sus páginas, defendió la libertad de expresión con su célebre frase: "El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes"

Si nos detenemos en esta última definición, entenderemos entonces que quienes proponen “odiar a los periodistas” son aquellos representantes que gustan de hacer poco transparente la función pública, con el objetivo de vivir del Estado y no para el Estado y sus habitantes.

No es casual. El periodismo molesta cuando pregunta por los gastos, por las contrataciones, por los privilegios, por los negocios, por los familiares acomodados en cargos públicos o por las promesas incumplidas.

Incomoda cuando ilumina zonas que algunos preferirían mantener en penumbras. Y es precisamente por eso que sigue siendo una herramienta indispensable para cualquier sociedad que aspire a ser verdaderamente democrática.

Los periodistas no están para agradar a los gobiernos ni para convertirse en voceros de ocasión. Su responsabilidad es con los ciudadanos. Son, muchas veces, el puente entre los vecinos y los despachos donde se toman decisiones que afectan su vida cotidiana. Cuando cumplen cabalmente esa función, contribuyen a mejorar la calidad institucional, fortalecen el control social sobre los actos de gobierno y ayudan a construir comunidades más informadas y más libres.

Tal vez por eso algunos los odian. Porque donde existe un periodismo crítico resulta más difícil ocultar la ineficiencia, el abuso, la corrupción o el aprovechamiento personal de la cosa pública.

A 216 años de aquella Gazeta de Buenos Ayres impulsada por Mariano Moreno, la premisa sigue siendo exactamente la misma: el pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes. Y mientras existan quienes intenten esconderla, seguirá siendo necesario que existan periodistas dispuestos a contarla.