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Ordeñadas por robots - Semanario de Junín

MUNICIPIO | 17 JUN 2026

REGIÓN

Ordeñadas por robots

No hace mucho, Arenaza fue noticia por el cierre de la láctea ARSA. Ahora, otro emprendimiento lácteo vuelve a sacudir la localidad y la región. En 2027 se inaugurará un tambo gigante que tendrá las vacas bajo galpones y serán ordeñadas por robots. Unos 50 empleados trabajarán en esta láctea del futuro.

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La paradoja que rodea a este proyecto no es menor. Mientras el Grupo Duhau concreta la inversión productiva más grande de la historia local, Arenaza, la zona de Lincoln y el sector lácteo atraviesan una situación industrial que va en dirección contraria.

En la localidad donde todo un pueblo aún lamenta el cierre de ARSA que dejó a cientos de trabajadores sin empleo, avanza la construcción de un tambo del futuro, con vacas bajo techo y ordeñadas por robots de una reconocida firma holandesa, especialista en la materia.

La automatización transforma el trabajo rural y cambia el destino de los tambos tradicionales en medio de la crisis que afecta al sector lácteo, la localidad del partido de Lincoln, de poco más de 2.000 habitantes ve como avanza una obra gigantesca en los campos cercanos al casco urbano: Avanza la obra de cuatro galpones gigantes —236 metros de largo por 84 metros de ancho cada uno— que en conjunto cubrirán ocho hectáreas de tierra.

Pero si esto ya de por sí llama la atención y rompe la geografía habitual de la región, acostumbrada a los silos y secadoras, lo extraordinario de esta inversión estará bajo esos tinglados y no será cereal: Habrá 6.000 vacas raza Holando-Argentino, viviendo bajo techo, alimentadas de manera continua, monitoreadas por sensores digitales y ordeñadas por casi 100 robots.

El megatambo albergará 6.000 vacas Holando-Argentino que vivirán siempre bajo techo, monitoreadas por sensores digitales y ordeñadas por 96 robots

300.000 LITROS DE LECHE CADA DÍA

Este megatambo del Grupo Duhau, cuando alcance su plena capacidad operativa —prevista para los primeros meses de 2027— producirá hasta 300.000 litros de leche por día, casi el 1% de toda la producción lechera diaria de la Argentina, todo concentrado en un único establecimiento. Una bestialidad.

De los cuatro galpones, dos ya están finalizados y empieza a tomar forma la tecnología que tendrán. Cuentan con una plataforma de cemento con una leve inclinación hacia los bordes para permitir el flushing (lavado automático de los pisos) y para el escurrimiento de los deshechos. Las camas donde descansan las vacas están hechas de arena, un material que puede parecer sorprendente pero que resulta ideal para el bienestar del animal: es fresco, no acumula bacterias con la misma facilidad que otros materiales y proporciona una superficie de apoyo similar a la del suelo natural.

Este modelo también incorpora un enfoque ambiental: El sistema de tratamiento de efluentes recupera esa arena para reutilizarla, recicla el agua del lavado y convierte el estiércol en biofertilizante, que luego se aplica en los propios cultivos del campo. A eso se suma la generación de electricidad a partir de energía solar, la cual reducirá la huella del establecimiento. A futuro, la planta de energía va a proveer este servicio a la cooperativa local. 

En verano, aspersores de agua y ventiladores industriales mantendrán la temperatura interna dentro de rangos confortables para los animales. Habrá sectores diferenciados para vacas en distintas etapas productivas, y una "maternidad" —instalada en un galpón independiente de una hectárea— donde nacerán y se criarán las terneras que repondrán el rodeo en el futuro.

Pero el elemento más llamativo, el que convierte este tambo en un caso sin precedentes en el continente, son los robots de ordeño. Habrá 24 por cada galpón, ubicados estratégicamente en el centro de cada nave. Al completarse los cuatro galpones, el establecimiento contará con 96 robots en total, todos de la marca holandesa Lely, la empresa que inventó esta tecnología hace más de treinta años.

Mientras las grandes cooperativas nacionales se derrumban y el mapa industrial se extranjeriza, la producción primaria se concentra en manos de pocos operadores

MÁS PRODUCCIÓN, MENOS TRABAJO

No obstante, además de lo impactante de estos datos, cifras y tecnología, lo que ocurre en Arenaza es la expresión más extrema de una tendencia que está redibujando la producción lechera argentina de manera acelerada.

Argentina cerró 2025 con 11.617 millones de litros producidos, el mayor volumen de la última década. En enero de 2026 la producción creció casi un 10% respecto al mismo mes del año anterior, acercándose a los récords históricos de 2015.

Las exportaciones de lácteos alcanzaron en 2025 las 425.000 toneladas, el nivel más alto desde 2013. Los números son, en apariencia, alentadores.

Sin embargo, Argentina terminó 2025 con menos de 9.000 tambos activos, perforando un piso histórico. En la última década desaparecieron miles de establecimientos, especialmente los medianos —aquellos que producían entre 2.000 y 10.000 litros diarios— que no lograron dar el salto tecnológico ni acceder al financiamiento necesario para competir. Los que sobreviven y crecen son, en su mayoría, los grandes.

El proyecto de los Duhau genera además un impacto concreto en la economía local. Arenaza, que había perdido dinamismo comercial con el declive de la actividad agropecuaria tradicional, vio reabrir su estación de servicio y registra un movimiento inusual de camiones, proveedores y técnicos que antes no tenía.

Se estima que el megatambo en plena operación dará empleo directo a unas 50 personas, una cifra relevante para una localidad de 2.000 habitantes.

Para los jóvenes que se reciben en escuelas técnicas y agropecuarias de la región, el perfil del trabajo lechero está cambiando. Hoy un joven tiene la posibilidad de desarrollarse en estos establecimientos sin tener que irse a otros lugares. Monitorear robots, interpretar datos de producción, gestionar sistemas automatizados de alimentación: esas son las habilidades que demanda el tambo del siglo XXI.

Cuando todos los galpones estén operativos —el cronograma apunta a comienzos de 2027— el megatambo Duhau habrá consolidado su condición de caso único en el continente. Seis mil vacas Holando viviendo en confinamiento total, ordeñadas a voluntad por 96 robots, produciendo individualmente unos 40 litros diarios, sumando en conjunto 300.000 litros que saldrán en camiones hacia las industrias procesadoras.

El proyecto es también, a su manera, un espejo incómodo para la lechería argentina en su conjunto. Mientras las grandes cooperativas nacionales se derrumban y el mapa industrial se extranjeriza a un ritmo sin precedentes, la producción primaria se concentra en manos de pocos operadores con acceso al capital y la tecnología. Los mismos factores que hacen posible al megatambo Duhau —escala, automatización, integración vertical, financiamiento— son los que están dejando fuera a miles de tambos medianos que no pueden competir en igualdad de condiciones.

Una cuenca lechera que crece mientras su industria desaparece

Mientras el Grupo Duhau concreta la inversión productiva más grande de la historia local, Arenaza y la zona de Lincoln atraviesan una situación industrial que apunta en sentido contrario.

En el mismo pueblo donde se levanta el megatambo existía hasta hace poco tiempo una gran planta procesadora de lácteos con una historia que recorre buena parte de la industria lechera argentina. El establecimiento perteneció sucesivamente a Mendizábal, luego a Nestlé, más tarde a SanCor, después a Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA) —que elaboraba productos con licencia de SanCor— y finalmente a La Suipachense.La planta cerró, cayó en quiebra y hoy está abandonada y siendo vandalizada. Decenas de puestos de trabajo se perdieron en una localidad donde cada empleo formal tiene un peso enorme.

La situación de esa fábrica no es un accidente aislado sino el síntoma de una crisis profunda que atraviesa la industria láctea argentina. SanCor, la cooperativa fundada en 1938 que llegó a procesar más de cuatro millones de litros diarios y fue durante décadas el símbolo del cooperativismo lechero nacional, fue declarada en quiebra en abril de 2026 por la Justicia de Santa Fe, con pasivos que superan los 120 millones de dólares. Lácteos Verónica acumula deudas con múltiples entidades financieras y enfrenta una situación de incertidumbre laboral que involucra a 700 trabajadores. La Suipachense también aparece en la lista de empresas en problemas.

El resultado es que en la zona de Lincoln y Arenaza se produce cada vez más leche —el polo lechero local aspira a alcanzar los 350.000 litros diarios en el corto plazo— pero el 80% de esa materia prima debe viajar entre 600 y 700 kilómetros para ser procesada, porque la capacidad industrial local es insuficiente para absorberla. "Las pymes locales, que son unas 16, no pueden absorber semejante volumen de producción", reconocen desde la Municipalidad de Lincoln. La reactivación de la vieja planta está sobre la mesa como prioridad política, pero los desafíos son considerables.