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Junín y Chascomús: la pesca del pejerrey deja más dinero del que parece - Semanario de Junín

LOCALES | 27 JUN 2026

SOCIEDAD

Junín y Chascomús: la pesca del pejerrey deja más dinero del que parece

La pesca deportiva mueve millones y sostiene economías regionales. La actividad genera un importante flujo económico en decenas de localidades bonaerenses. Desde Junín hasta Chascomús, pasando por Chacabuco, Viamonte, Guaminí o Adolfo Alsina, miles de pescadores movilizan comercios, servicios y turismo durante gran parte del año.



Cuando se habla de pesca deportiva suele pensarse en una actividad recreativa, vinculada al contacto con la naturaleza y al disfrute de una jornada al aire libre. Sin embargo, detrás de cada pescador existe una cadena económica que moviliza recursos, genera empleo y aporta ingresos a numerosas localidades de la provincia de Buenos Aires.

La pesca deportiva constituye uno de los motores menos visibles del turismo bonaerense. Cada temporada, miles de personas recorren cientos de kilómetros para buscar pejerreyes en lagunas y embalses, o especies de río y mar en distintos puntos de la provincia. Ese movimiento implica gastos en combustible, alojamiento, gastronomía, alquiler de embarcaciones, compra de carnadas, artículos de pesca y múltiples servicios asociados.

La propia Provincia de Buenos Aires reconoce a la pesca deportiva como una actividad recreativa de gran importancia, desarrollada en lagunas, ríos y ambientes costeros, con especies emblemáticas como el pejerrey, la tararira y la corvina.

El pescador no solo consume un recurso recreativo, sino que moviliza una amplia cadena de valor

EL PEJE ES FIGURA

Diversos estudios académicos han señalado que la pesca deportiva del pejerrey genera un movimiento económico multimillonario que beneficia tanto a la industria como al comercio y a los servicios vinculados al sector. Además, constituye una fuente de ingresos para establecimientos rurales y emprendimientos turísticos asentados en torno a los espejos de agua.

En el interior bonaerense el pejerrey se ha transformado en mucho más que una especie deportiva. Es, en muchos casos, el principal atractivo turístico de lagunas que reciben visitantes durante buena parte del año.

La región noroeste de la provincia ofrece varios ejemplos. Las lagunas de Gómez y Mar Chiquita, en nuestra ciudad de Junín; la Laguna de Rocha, en Chacabuco; La Salada, en Viamonte; Cochicó, en Guaminí; o las Encadenadas del Oeste generan un permanente movimiento de pescadores provenientes del Área Metropolitana de Buenos Aires y de otras provincias.

Cada visitante deja dinero en la economía local. La jornada de pesca comienza mucho antes de lanzar la línea al agua: combustible para el viaje, desayuno en ruta, compra de carnada, pago de accesos, alquiler de embarcaciones o contratación de guías. Si la excursión se prolonga durante el fin de semana, se suman hospedaje, gastronomía y actividades complementarias.

Por esa razón numerosos municipios consideran a la pesca deportiva una herramienta de desarrollo económico. No se trata únicamente de preservar un recurso natural, sino también de sostener una actividad que genera ingresos para comerciantes, prestadores turísticos y trabajadores independientes.

La experiencia de Chacabuco resulta ilustrativa. Durante la apertura de una reciente temporada en la Laguna de Rocha se impulsaron mejoras en infraestructura y servicios destinados específicamente a los visitantes, incluyendo nuevas instalaciones para alojamiento. La apuesta apunta a consolidar al lugar como destino turístico regional.

La pesca deportiva, además, posee una ventaja que pocas actividades recreativas ofrecen: distribuye ingresos en forma relativamente descentralizada

LA DINAMICA DE LOS CONCURSOS

Los concursos de pesca representan otro fenómeno económico de relevancia. Cuando una laguna organiza un certamen importante, la afluencia de participantes suele multiplicar la actividad comercial local.

Lamentable e inexplicablemente, a los funcionarios del turismo en Junín se les escapó la tortuga y no hubo fecha para este año.

Un concurso puede reunir cientos de pescadores y acompañantes. Cada uno consume combustible, alimentos, bebidas, artículos de pesca y servicios turísticos. Incluso aquellos que no participan directamente suelen acercarse como espectadores o para disfrutar de actividades recreativas complementarias.

Este fenómeno se replica en distintos puntos de la provincia. Los clubes de pesca, las asociaciones civiles y los municipios organizan competencias que funcionan como verdaderos eventos turísticos, capaces de atraer visitantes durante un fin de semana completo.La situación guarda similitud con experiencias observadas en otros países, donde la pesca deportiva es considerada una actividad económica estratégica. Estudios recientes realizados en Europa muestran que el turismo vinculado a la pesca genera importantes ingresos para regiones rurales y localidades pequeñas, gracias al gasto que realizan los visitantes en alojamiento, gastronomía y servicios.

Aunque las magnitudes económicas son diferentes, el mecanismo es exactamente el mismo: el pescador no solo consume un recurso recreativo, sino que moviliza una amplia cadena de valor.

Diversos estudios académicos han señalado que la pesca deportiva del pejerrey genera un movimiento económico multimillonario

MAS ALLA DEL TURISMO

La pesca deportiva también sostiene una importante actividad comercial permanente.

Casas de pesca, fabricantes de embarcaciones, talleres náuticos, productores de carnadas, guías especializados, campings, guarderías de lanchas y comercios de indumentaria técnica dependen en mayor o menor medida de la continuidad de esta práctica.

A ello se suma el mercado de licencias, los servicios de mantenimiento de motores, la venta de repuestos y accesorios, así como el consumo asociado a los traslados.

En ciudades como Junín, donde la Laguna de Gómez constituye uno de los principales atractivos turísticos, la presencia de pescadores forma parte del paisaje habitual durante gran parte del año. Restaurantes, alojamientos y comercios conocen bien la influencia que tiene una buena temporada de pejerrey sobre sus niveles de actividad.

La pesca deportiva, además, posee una ventaja que pocas actividades recreativas ofrecen: distribuye ingresos en forma relativamente descentralizada. Mientras otros sectores turísticos concentran el movimiento económico en grandes centros urbanos, la pesca favorece a pequeñas localidades y parajes rurales que encuentran en sus lagunas un recurso de enorme valor.

No obstante, especialistas advierten que la sostenibilidad del recurso resulta fundamental para garantizar la continuidad de los beneficios económicos. La sobreexplotación, la pesca furtiva, la contaminación y las alteraciones ambientales pueden afectar seriamente la calidad de los pesqueros y, con ello, el atractivo turístico de numerosas regiones.

La ecuación es sencilla: donde hay buenos pejerreyes llegan los pescadores; donde llegan los pescadores aparecen oportunidades económicas para toda la comunidad.

Por eso, cuando un visitante se instala al amanecer en una laguna bonaerense esperando el pique soñado, no solo está practicando un deporte o disfrutando de un pasatiempo. También está formando parte de una actividad que, silenciosamente, sostiene empleos, impulsa emprendimientos y ayuda a mantener en movimiento la economía de numerosos pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires.