Jorge Francisco Isidoro Luis Borges nació el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, en el seno de una familia con grandes influencias hacia la vida intelectual. Gracias a esto, estableció una fuerte conexión con la literatura desde temprana edad. En su adolescencia, se mudó a Ginebra, Suiza junto a su familia, donde realizó sus estudios secundarios. Hacia 1920, comenzó a escribir s en diferentes revistas literarias. Al volver a la Argentina, publicó obras como Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente y Cuaderno San Martín.
Su reconocimiento internacional llegó durante las décadas de 1940 y 1950 con libros como Ficciones y El Aleph, considerados actualmente como clásicos universales. Se destacó por sus cuentos, caracterizados por su precisión y profundidad filosófica. Su estilo único combinaba la erudición con la imaginación, con el objetivo de reflexionar acerca de diferentes aspectos de la vida humana. En sus textos, Borges abordaba conceptos como la eternidad, los universos paralelos y el sentido de la realidad.
Hoy, Borges está desde hace rato entre los mayores autores de la literatura universal y detenta sin disputa el trono del gran escritor argentino, aunque no siempre fue así, al menos en Argentina, donde una parte importante de la comunidad cultural, se resistía a aceptar el lugar que ya ocupaban sus cuentos, poemas y ensayos, en buena medida porque rechazaba su imaginario conservador y “extranjerizante”, el perfil construido por Borges en sus entrevistas y otras intervenciones públicas.
A fines de 1985, Borges y Kodama viajaron a Suiza conscientes de que un cáncer de hígado le vaticinaba pocos meses de vida, pero era una decisión mantener esa enfermedad en la intimidad y a las 7,45 del sábado 14 de junio de 1986, falleció en Ginebra, en su departamento del casco histórico, sobre la Grand-Rue N° 28, acompañado por su amada María Kodama.
Aquel día, como ahora, se disputaba el Mundial de Fútbol en México. Es más, ese mismo 14 de junio, la selección argentina le ganaba 1 a 0 a Uruguay, para pasar a cuartos de final, donde nos enfrentaríamos a Inglaterra. Por eso, el triunfo del equipo de Bilardo tuvo mucha más repercusión que la muerte del escritor.
Cinco días después, tras un responso en el Catedral de Saint Pierre, Borges recibió sepultura en el Cimetière des Rois (Cementerio de los Reyes) de Ginebra, con una lápida de piedra gris que lleva inscripciones en nórdico antiguo y anglosajón.
Lo que poco trascendió de Borges fueron sus vínculos con Junín. Su abuelo fue el Coronel Francisco Borges Lafinur, un militar clave en la consolidación de la frontera bonaerense en el siglo XIX: Fue jefe de las fronteras Norte y Oeste de la provincia de Buenos Aires y lideró la comandancia de Junín.
Francisco Borges murió en la batalla de La Verde (partido de 25 de Mayo) en 1874, avanzando a caballo, vestido con un poncho blanco, hacia las líneas enemigas. Para Jorge Luis Borges, esa muerte era el arquetipo del destino sudamericano.
Por eso, Junín, los fortines y la llanura pampeana aparecen constantemente en sus poemas y cuentos. Además, en aquellos años de malones y fortines, en 1874, Leonor Suárez dio a luz a su hija, Leonor Acevedo Suárez, la madre del escritor.
El vínculo más profundo de Borges con la palabra "Junín" proviene de su bisabuelo materno, el Coronel Isidoro Suárez. Suárez fue el héroe de la Batalla de Junín en Perú (1824) al liderar a los Húsares y convertir una derrota inminente en victoria. Borges sentía una profunda admiración por este antepasado, mencionándolo en varios de sus escritos.
Uno de ellos es el poema "Junín" (publicado en su libro El otro, el mismo en 1966), donde dialoga directamente con el pasado y con su abuelo. En estos versos, el autor expresa su conexión imaginaria con el territorio al confesar: "Vuelvo a Junín, donde no estuve nunca / a tu Junín, abuelo Borges".
Aunque la ciudad no fue parte de su entorno cotidiano, Borges sí visitó Junín en tres ocasiones a lo largo de su vida para brindar importantes conferenciasen el Club Social y el Colegio de Abogados: En 1966, disertó sobre Leopoldo Lugones, en 1.970, expuso sobre Junín y la Conquista del Desierto y en 1975, brindó una charla denominada Borges sobre Borges.
La provincia de Buenos Aires marcó a Borges: Junín fue su memoria histórica; El Paraíso, en Adrogué (la estación de tren anterior a Ramallo) donde dio sus primeros pasos como bibliotecario, fue su idilio familiar y Pardo, en la estancia El Rincón del partido de Las Flores, el lugar donde disfrutó junto a su amigo Bioy Casares la creación de la obra de Honorio Bustos Domecq, el nombre que acordaron para rememorar a sus bisabuelos. Todas estas ciudades de la provincia fueron sus laboratorios literarios. “No todo el mundo ha leído a Borges. Todos, sin embargo, lo han oído. Todos saben cómo hablaba, todos sabrían reconocer su voz”, observó Alan Pauls en su libro El factor Borges (2004, Anagrama).
Borges estuvo en Junín en tres ocasiones: una en el Club Social y el Colegio de Abogados, en 1966, donde disertó sobre Leopoldo Lugones; en 1.970, expuso sobre Junín y la Conquista del Desierto, y en 1975, brindó la charla ‘Borges sobre Borges’
Hoy, a cuatro décadas de su muerte, la Fundación Internacional Jorge Luis Borges enfrenta el desafío de preservar y proyectar hacia el futuro la obra de uno de los escritores más influyentes de la literatura universal.
Tras el fallecimiento de María Kodama en 2023, la responsabilidad de custodiar el legado del autor de “Ficciones” y “El Aleph” quedó en manos de cinco sobrinas y sobrinos de quien fuera su última compañera de vida, esposa y heredera universal. Ninguno provenía originalmente del ámbito literario, pero asumieron la continuidad de la institución creada en 1988 para difundir y proteger la obra borgiana.
Según María Victoria Kodama, actual presidenta de la fundación, el objetivo es mantener las actividades impulsadas durante décadas y, al mismo tiempo, acercar a Borges a nuevas generaciones. La entidad recibe propuestas para adaptaciones teatrales, guiones cinematográficos, proyectos vinculados con inteligencia artificial e iniciativas provenientes de instituciones culturales, entre ellas el Ballet del Teatro Colón.
La vigencia de Borges continúa respaldada por una obra que trascendió fronteras geográficas y lingüísticas. Cuentista, poeta y ensayista, dejó textos fundamentales del canon literario contemporáneo como “El Sur”, “La muerte y la brújula”, “El jardín de los senderos que se bifurcan” y “El Aleph”.
La figura de Borges también quedó marcada por la progresiva pérdida de la visión que sufrió desde mediados del siglo XX. Durante sus últimos años trabajó mediante el dictado de textos a colaboradores y, especialmente, a María Kodama, quien se convirtió en una pieza clave de su actividad intelectual.
Uno de los principales proyectos actuales de la fundación es la digitalización de la biblioteca personal del escritor, una colección de gran valor académico integrada por ejemplares raros y antiguos que conservan anotaciones manuscritas realizadas por el propio Borges. Los volúmenes son preservados bajo estrictas condiciones de conservación, y algunos de los más valiosos ya fueron depositados en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes.
Soy, pero soy también el otro, el muerto.
El otro de mi sangre y de mi nombre,
soy un vago señor y soy el hombre
que detuvo las lanzas del desierto.
Vuelvo a Junín, donde no estuve nunca,
a tu Junín, abuelo Borges. ¿Me oyes,
sombra o ceniza última, o desoyes
en tu sueño de bronce esta voz trunca?
Acaso estés buscando por mis ojos
el épico Junín de tus soldados
el árbol que plantaste, los cercados
y en el confín, la tribu y los despojos.
Te imagino severo, un poco triste;
quién nos dirá cómo eres y quién fuiste.
Jorge Luis Borges