Tras el cierre del partido con goleada de Bélgica al anfitrión 4-1 y sellar el pase a cuartos de final del Mundial, el responsable de la ironía más filosa de la noche fue Romelu Lukaku. El delantero belga, que había ingresado en el segundo tiempo y marcó el cuarto gol del equipo europeo en el descuento se fue directo al córner para hacer el famoso baile de Trump: manos en las orejas y movimiento de hombros incluido. Sus compañeros no tardaron en sumarse a la coreografía. Las redes se encargaron del resto con edición y música de Village People de por medio.
El festejo de Lukaku fue una de las la imágenes del partido: mientras el presidente estadounidense había gastado un llamado personal a Gianni Infantino para forzar la habilitación de Balogun, los propios jugadores belgas utilizaron ese gesto para responderle dentro de la cancha.
Los goles de Charles De Ketelaere, autor de un doblete, Hans Vanaken y el propio Lukaku sepultaron cualquier chance de Estados Unidos, que solo pudo descontar transitoriamente con un tanto de Malik Tillman. La superioridad belga fue tan clara que dejó en segundo plano toda la polémica previa por la intervención de Trump para evitar que su goleador se perdiera el cruce eliminatorio.
El capitán belga Youri Tielemans no ocultó que el enojo por la maniobra política funcionó como un combustible extra para el equipo. “No vamos a ocultarlo, tuvimos una reunión cuando nos enteramos de la noticia. Dijimos que teníamos que hablar en el campo. Eso es lo que hicimos hoy. Estoy muy orgulloso del equipo”, señaló el mediocampista a la cadena belga RTBF.
Del otro lado, el entrenador estadounidense Rudi García intentó restarle importancia al escándalo y aseguró que el caso Balogun “no influyó” en el resultado final. Sin embargo, la contundencia del 4-1 y el festejo de los futbolistas belgas terminaron marcando una historia muy diferente.