La Selección Argentina volvió a provocar una de esas tardes que quedan guardadas en la memoria colectiva. Cuando la eliminación parecía inevitable y el sueño mundialista comenzaba a apagarse, el equipo de Lionel Scaloni reaccionó con una remontada memorable frente a Egipto y desató un festejo espontáneo que se replicó en distintos puntos del país.
La clasificación a los cuartos de final del Mundial 2026 se vivió mucho más allá de los 90 minutos. Apenas el árbitro marcó el final del encuentro, las calles comenzaron a poblarse de camisetas celestes y blancas, banderas, bombos, bocinazos y abrazos interminables. La pasión volvió a ganarles a los nervios y miles de argentinos eligieron celebrar una victoria que tuvo mucho de fútbol, pero también de emoción.
La misma postal se repitió en ciudades como Saladillo, Chascomús, Bragado, Castelli y Olavarría, donde las caravanas de autos, las banderas argentinas y los cánticos acompañaron una celebración que se extendió durante varias horas. En cada rincón de la provincia se respiró el mismo sentimiento: alivio primero, euforia después.
Argentina estuvo dos goles abajo, falló un penal con Lionel Messi y llegó a los últimos diez minutos con un pie afuera del Mundial. Sin embargo, el campeón del mundo volvió a demostrar qué nunca conviene darlo por vencido. La reacción futbolística terminó convirtiéndose también en un fenómeno social.