Épico. Histórico. Emotivo. El partido entre Argentina y Egipto por los octavos de final del Mundial 2026 tuvo escenas de emoción profunda y dejó grabada una muestra de carácter de la selección de fútbol que dirige Lionel Scaloni y lidera en la cancha Leo Messi.
Cuando el equipo argentino parecía caminar inexorablemente hacia la eliminación de la Copa del Mundo, una ráfaga de goles llegó en el epílogo del partido y en un espacio de 13 minutos Argentina pasó de estar 2 a 0 abajo en el marcador, a ganar la clasificación a los cuartos de final por 3 a 2.
Argentina cargaba con el peso de los dos golpes en el arco propio y el ánimo golpeado por el penal que había errado Leo Messi a los 20 minutos del primer tiempo, antes de la primera pausa de hidratación.
En el complemento, con el 0-2 a cuestas apareció todo el carácter de la scaloneta. Apoyado en la fortaleza de Leandro Paredes y persistencia de Enzo Fernández y Alexis Mc Allister, lo fue a buscar y encontró el descuento con un cabezazo de Cristian “Cuti” Romero, luego de un centro con gran precisión de Messi.
Y la hazaña llegó tan solo cuatro minutos después: otro centro llovido que Gonzalo Montiel logró bajar luego de fajarse con los defensores le quedó a Messi, a media altura pero tapado, para que el capitán argentino apele a uno de los tantos recursos que posee en su pierna zurda y en su cabeza para inclinar el cuerpo y sacar una volea maravillosa, recta, que pegó primero en el travesaño y luego quedó en la red.
Con la igualdad, el seleccionado argentino mostró el oficio de campeón del mundo defensor del título y logró capear el nerviosismo sin desesperarse para evitar que Egipto arme una nueva contra para rematar de una vez el cotejo.
Cuando el alargue del partido se veía en el horizonte, a los 92, en el segundo minuto de adición, emergió la figura de Lautaro Martínez, el goleador del Inter, que con una jerarquía notable se llevó la pelota por el costado derecho de la resistencia egipcia, mantuvo el control cerca del banderín del córner y usó su talento para desmarcarse de dos defensores de Egipto y lanzar un centro quirúrgico, teledirigido con destino a la cabeza de Enzo Fernández, que desde un vértice del área chica cabeceó a contrapierna del gran arquero del conjunto africano y decretó la remontada
La selección de Scaloni logró lo que ninguna selección argentina había logrado hasta ahora en un Mundial: dar vuelta un partido a falta de 11 minutos para el final, en una furiosa recta final.